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De nuevo Sonando en Cuba se ha llenado de jóvenes que cantan la más auténtica música cubana y sólo eso es un mérito para un programa de participación, género que gusta a buena parte de los públicos.

Sin ser una experta musical, me ha impresionado favorablemente la calidad de los intérpretes, que, como grupo, noto superiores a los de la competencia del 2015.

Me convenció la profesionalidad de Haila María Mompié al interactuar con sus “alumnos” y también la forma en que Mayito Rivera lo hizo, aunque se tiene que cuidar de una muletilla del lenguaje: no tengo palabras.

Ha cambiado la estructura del programa y aunque lo han explicado en conferencias de prensa y los propios presentadores, no acabo de entender el método de eliminación. ¿Lo harán los propios ¿¡ coach!? o habrá un jurado?.

 

De los presentadores, a pesar de todo lo que lo critiqué la vez pasada me quedo con Carlos Luis, ¿por qué Yasbell Rodríguez?. Sigue con problemas de pronunciación y no sé, me suena a “extranjera”. La salva la cubanía y desenfado de Jorge Martínez. Es más, creo que Letty Alvarado que recibió no sólo mis críticas en la pasada edición, ha tenido un despunte de calidad que lo haría mejor que Yasbell.

¿¿¿Y coach??? ¿Por qué una palabra inglesa cuando existe padrino, usado en la anterior competencia, que dice mucho más que ese vocablo?. Si se está defendiendo la música cubana, entonces hay que salvar el español, nuestro idioma, mucho más cuando padrino tanto entre los católicos como en los cultores de La regla de Ocha, es entrañable porque se trata del segundo padre. Por supuesto, en el caso de Haila sería madrina, que tiene igual significado.

Y bueno lo que más preocupa es que este Sonando en Cuba, como conjunto, es un programa musical más de la televisión. No es como el otro en el que realizador Rudy Mora impuso su sello particular en una entrega, con alguna fisura, pero distinto.

¿Dónde están los homenajes a los grandes músicos en las distintas provincias y la filmación de los momentos más emotivos con los concursantes? . Extraño también la edición con sentido dramatúrgico.

Pero bueno, queda un programa grabado y diez en vivo, que será trasmitido desde el Teatro Astral, donde el público asistente será un gran jurado que se unirá a los SMS y correos electrónicos, para seleccionar una parte de los concursantes, así que quizás (y así lo deseo) el próximo comentario pueda decir que este Sonando en Cuba es mejor que el anterior.

 

 

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