Destaca Mirta Muñiz, fundadora de la Televisión Cubana que vivió de cerca los cambios en la televisión cubana tras el triunfo de la Revolución

Su mirada serena no esconde la palabra precisa. Conoce bien lo que habla y lo hace sin titubeos. A veces casi susurra. La edad no le hace temblar los labios y las ideas fluyen tras laberintos de recuerdos que une sabiamente, cual experta de la comunicación. Así es Mirta Muñiz, reconocida especialista de los medios y fundadora de la Televisión Cubana.

Habla de sus inicios en la pequeña pantalla, del triunfo revolucionario, de los cambios necesarios, de la nueva sociedad, de los desafíos, de Cuba, de Fidel.

Nunca divaga. Hilvana las ideas inteligentemente, establece pausas discursivas, mira en el tiempo, escudriña en memorias. Rescata el hilo de la conversación cada cierto tiempo y soslaya breves sonrisas que baraja con gestos de nostalgia y remembranzas.

“La televisión cubana vivió el triunfo de la Revolución en 1959 transmitiendo la toma del poder. Lo primero era garantizar que lo que estaba sucediendo en Oriente lo supiese todo el mundo. Tecnológicamente no teníamos cómo transmitir desde Santiago para La Habana. Se trató de hacer una cadena de radio y que los corresponsales de la pantalla tomaran nota de lo que estaba pasando.

“El papel que jugó la TV para consolidar la Revolución fue muy grande. Pasaron muchas cosas importantes. Fueron tomaron las emisoras y se empezó a transmitir 24 horas hasta que Fidel llegó a La Habana. Una vez que el líder llegó a la capital se llevaron los equipos para Columbia, la fortaleza que él tomaría y se transmitió desde allí.

“Los barbudos no durmieron; la televisión tampoco. Después se devolvieron los equipos a los medios, pero Fidel se aparecía en ellos casi todos los días. Lo teníamos allí permanentemente. Ella fue su tribuna permanente y eso me pareció muy importante porque éramos un país de analfabetos. No se podían hacer muchos folletos, muchos no sabían leer. Había que hablar, observar, escuchar. Y se sabe que una imagen vale más que mil palabras”, señala Muñiz.

Según la veterana de los medios, el magnetismo y las facilidades que tenía Fidel para reflejar sus convicciones permitían dar a conocer lo que estaba pasando en aquellos primeros momentos del cambio. Daba discursos de hasta ocho horas y mucha gente no dormía para verlo. La televisión fue determinante en este sentido.

“Para que Fidel hablara se hacía cualquier cosa; era importante salvar la Revolución. Cuando había necesidad se quitaban los programas. La televisión tiene tanta fuerza que hasta por ese medio se sacó del poder al presidente Manuel Urrutia.

“Cada vez que el Comandante llegaba a la televisión yo estaba allí, como todos. A mí me tocaba la parte de la divulgación. Participaba en la organización de muchas cosas y él siempre daba indicaciones. Tenía tremendo vigor y una vitalidad impresionante. Preguntaba mucho, ¡y cuidado si no sabías la respuesta!”, asegura.

Muñiz estaba desvelada el día que se anunció por televisión el fallecimiento de Fidel. La noticia le impactó, aunque ya era algo esperado pues conocía el estado de salud del Comandante.

“Él se fue deteriorando y sabíamos que en algún momento tendría que suceder eso. Pero se fue de este mundo con la tranquilidad de que logró todo lo que tenía que lograr. Venció a los enemigos, mantuvo su mente clara bastante tiempo y recibió reconocimiento del mundo.

“Para mí es muy difícil hablar de él porque no tengo parámetros para medirlo. Todo lo que ha pasado en estos días vale. Cada uno ve ese suceso de diferentes maneras. En mi opinión, él jugó un papel importante en la vida de todos los cubanos, y más aún en los que tuvimos la suerte de verlo de cerca”, destaca.

Muñiz posa la vista en un punto lejano cuando habla de Fidel, mira de reojo a su interlocutor, entre palabra y palabra dibuja una nube de pensamientos. Parece que se confiesa. Sintetiza ideas. Ofrece la palabra precisa. No lo hace en pasado. Lo trae al presente, siempre.

“Fidel es un líder innato. Su formación le permitió conocer una buena vivienda y unos campesinos pobres. Y con su inteligencia fue capaz de comprender por qué hay personas que viven mejor que otras.

“Después fue a la Universidad de La Habana, donde era un volcán contra lo mal hecho y un látigo contra un gobierno que mataba a jóvenes. A partir de ahí le fue naciendo un gran poder de observación y una capacidad humana inmensa”, indica.

La especialista en comunicación afirma que el legado de Fidel se debe mantener logrando que cada quien haga lo que debe hacer desde el lugar que le corresponde y perdiendo el individualismo.

“Hay que conformarse con lo que uno logra alcanzar en la vida. Hay mucho egoísmo y nos falta superar eso. No creo que la juventud esté perdida, más bien hay gente que está perdida. ¿Qué hacemos para que encuentren el camino? ¿Qué puedo hacer yo para hacer bien mi trabajo? ¿Qué puedo hacer para mejorar a otra persona que tenga cerca? ¿Qué puedo hacer para mejorar mi país?”, subraya.

Muñiz asegura que ve la televisión cubana todos los días y sufre mucho. Esta es su mayor inquietud: ¿No hay nadie que revise el trabajo cuando las cosas no salen bien?

“Creo que hay descuido y falta de sensibilidad. Cada cual tiene su cuartico y hace la parte que le corresponde. Hace falta gente que tenga una visión global.

“Me preocupan las novelas cubanas. Ya yo no las veo. Están muy mal. Y las extranjeras son extranjerizantes. A mí no me preocupa que la gente vea programas extranjeros, pero hay que saber hacer una lectura crítica. Para ello hay que formarse y saber lo que pasa en el mundo, no podemos tampoco vivir de espalda al mundo. Se trata de un aprendizaje crítico, no amorfo. Y hay que acercarse a las personas que saben, tener espíritu investigativo.

“También existen muchos programas de gente sentada: un entrevistador y un entrevistado. ¡Y entrevista cualquiera! Ponen a hacer entrevistas a una muchachita con un corte de pelo simpático y listo. No hay rigor. No siento que sepan a dónde van. No veo el camino.

“Yo tengo muchas insatisfacciones. ¿Alguien puede decirme de qué viven nuestros actores? ¡Yo no los veo en la televisión! Tampoco hay estabilidad en la programación. El canal que está mejor caracterizado es Tele Rebelde.

Para Muñiz, los recursos materiales no son el aspecto fundamental para lograr un buen trabajo, sino el deseo de la gente por hacer cosas con calidad.

“En el Canal 4 no teníamos nada. Se transmitía la pelota con dos cámaras y se hacían buenas transmisiones. Hacíamos la efervescencia de la publicidad de la Coca Cola con una pecera y un motorcito de aire.

“Hay que buscar recursos creativos para lograr buenos resultados. Pero eso les corresponde a los jefes. Claro, si tienes los recursos, mejor. Pero ahora la gente dice: “No hay”. Y se sienta. Nosotros decíamos: “No hay, vamos a pie”, concluye Muñiz.

 

 

 

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