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Señala la actriz Amada Morado, con medio siglo de vida artística

Siempre lo supo, desde el principio. Y fue tenaz en su empeño, atrevida en su sueño, feliz en su talento. Así lo describe Amada Morado, la reconocida actriz cubana que celebra más de cincuenta años de vida artística con la satisfacción de haber logrado lo que quiso desde niña, cuando veneraba a grandes de la escena cubana.

“Medio siglo de vida artística parece un tiempo enorme a veces, pero en otras ocasiones parece que fue ayer”, confiesa con la clara convicción de que le falta “mucho por hacer”, porque tan solo se encuentra “a mitad de camino”.

En ocasiones, asegura la actriz, le entra cierta desesperación cuando piensa que no le va a alcanzar el tiempo y debe seguir chocando con modos de hacer inadecuados que en algún momento tendrán que cambiar.

“Han sido décadas de lucha, de entrega, de búsqueda y de dedicación a la profesión. Guardo recuerdos muy gratos en algunos casos, dolorosos en otros, pero me siento bien al saber que pude convertirme en actriz. Eso me produce una gran satisfacción”, resalta conmovida.

“Yo me interesé por la actuación en mis años adolescentes, cuando escuchaba radio y veía televisión. Me impactaban mucho las actuaciones de Verónica Lynn, Maritza Rosales, Fela Jar... ¡Quería ser como ellas!

“Sin embargo, mi familia no asistía al teatro y mis abuelos maternos, que me criaban, querían que fuera mecanógrafa o maestra. Mi mamá no soñaba con eso: para ella la actuación era un trabajo para mujeres ligeras o prostitutas.

“Pero era tanta la ansiedad que yo tenía, que matriculé con 13 años en un curso de Actuación en la Academia de Arte Dramático hasta que me descubrieron y me mandaron para la casa de mis abuelos paternos supuestamente para que me enderezaran”, precisa.

En 1959 triunfó la Revolución Cubana y la familia de Amada decidió irse del país, pero ella se negó a partir. Seguía empecinada en ser actriz en Cuba y comenzó a asistir a unos talleres de Vicente Revuelta en Teatro Estudio; y en 1967 Mario Aguirre le propuso un personaje en la obra Fiebre de Primavera, de Rubén Vigón.

“Tremenda sorpresa me llevé cuando me vi trabajando al lado de María de los Ángeles Santana”, señala.

A los pocos meses de su debut en el teatro el Gobierno Revolucionario intervino las salas de teatro privadas y se creó la bolsa de actores. Entonces Amada habló con Raquel Revuelta con el propósito de incorporarse a Teatro Estudio. Finalmente fue aceptada y permaneció allí por más de 20 años. En 1991 el grupo se escinde, y Amada pasa al Hubert de Black hasta el 2010.

No fue hasta finales de los años ochenta que a la actriz se le presenta la oportunidad de trabajar en la televisión, en espacios como Los Bucaneros, Día y Noche y en la serie Algo más que soñar, de Eduardo Moya. Sin embargo, continuó haciendo teatro.

“Yo siempre escuchaba decir que el cambio del teatro a la televisión era muy brusco; y sí, hay diferencias esenciales, pero nunca me sentí ajena y extraña, porque a mí me seguía interesando la actuación. Después de esos trabajos iniciales llegaron otras propuestas como Así era entonces, Cuando una mujer, y diversas aventuras”, destaca.

En el 2001 Amada comenzó a trabajar en varias telenovelas como Destino prohibido, Polvo en el viento, La cara oculta de la luna, Bajo el mismo sol. Esta experiencia le sirvió para acercarse a directores de la talla de Xiomara Blanco, Miguel Sosa, Miguel Brito, Jorge Alonso Padilla.

Amada siente ahora que su profesión puede ser gratificante en cualquier medio que le permita comunicarse con audiencias capaces de criticar para mejorar.

“En el teatro tienes al público en vivo y en directo. No hay cortes ni edición. Si te equivocas tienes que resolver eso de alguna manera, como en cualquier programa en vivo de la televisión. En ese medio recibes inmediatamente el resultado de tu trabajo y la reacción del público.

“Pero en la televisión tienes que acostumbrarte a otra cosa, porque estás grabando con una serie de personas que constituyen un público sui géneris, y en el momento más emotivo pueden decir que corten la escena.

“Son distintas maneras de trabajar. Pero es muy reconfortante cuando sabes que millones de personas te han visto en una noche en algún programa de mucha teleaudiencia.

“A pesar de todo, mi trabajo se ha dado a conocer más en la televisión que en el teatro. Al teatro va un público habituado a ese medio, pero siempre es más reducido, aunque sean miles de personas. En la televisión te ven millones”, sostiene.

Además del teatro y la televisión, la actriz ha incursionado en la radio y, en menor medida, en el cine. Su trabajo en Radio Progreso y Radio Ciudad de La Habana durante varios años le permitió acercarse a directores como Caridad Martínez, Moraima Osa o Carmen Solar.

“La radio es una escuela enorme porque tienes que aprender a hablar bien y todo lo tienes que proyectar con la voz. Hay actores que son capaces de hacerte 16 voces. Por ejemplo, Marta Velasco era capaz de hacerte un varoncito de ocho años, una muchacha de 15, o una mujer madura. Y en el cine he colaborado en algunas coproducciones. También me gusta porque es un medio transformador”, indica la actriz.

Para la veterana de la escena cubana Internet ha abierto en los últimos tiempos un diapasón muy amplio a los artistas cubanos, en tanto permite dar a conocer ampliamente sus trabajos y debería aprovecharse al máximo para fomentar talentos.

“Las redes sociales como Facebook son muy importantes porque nos permiten visualizarnos aún más. Hace poco un amigo mío informático hizo una edición con escenas mías de un audiovisual, las subió a Facebook, ¡y tuvo más de 500 visitas en un día! Eso incentiva a la gente. Y para muchos no existes si no estás en la red de redes. Eso no pasaba hace 20 años”, destaca.

Más allá de los logros alcanzados como actriz, Amada insiste en que el teatro y la televisión en Cuba deben reorganizarse y proyectar una imagen más positiva ante el público. Asimismo, entiende que la formación actoral puede y debe perfeccionarse aún más.

“Hay jóvenes actores que proyectan su talento actualmente en distintos escenarios y buena parte de ellos tienen promisorias carreras por delante, pero el estudio y la constancia son requisitos imprescindibles.

“También otros se creen que llegaron a la meta y algunos rechazan un papel si no es protagónico. A todos ellos les digo que cualquier papel es importante, porque las horas y la dedicación que estén en un escenario o ante una cámara representarán la verdadera experiencia.

“Cada día tienen que estudiar más estudiar porque persisten problemas, como la mala dicción. Algunos jóvenes se cuelgan el micrófono en la camisa o la blusa y se tragan las palabras. El teatro y la televisión tratan de reflejar la vida misma, pero el actor debe hacerlo de una manera que se entienda”, señala.

“También se precisa mejorar los planes de estudios y revisar el claustro de profesores de Actuación, pues a veces una materia tiene poco tiempo de clases para impartirse”, sostiene.

Para la actriz, en Cuba no se han aprovechado al máximo las potencialidades de la televisión y cada vez hay más musicales, espacios deportivos, programas enlatados y menos dramatizados.

“Antiguamente las telenovelas cubanas venían una detrás de la otra. Ahora te proyectan una y raramente le sigue otra después. El teatro en televisión desapareció, ¡y tenía tremendo público!

“Ahora no podemos hacer obras de época porque no hay vestuario, todo se ha deteriorado. A veces se decide quitar la telenovela cubana en el verano pero nadie explica por qué. Creo que en un caso como ese se precisa una información más completa porque el público empieza a cuestionar nuestro trabajo.

“¿Y cómo es posible que en el capítulo 10 de un programa al aire se den cuenta de los errores de grabación? ¿Nadie revisa el proceso de edición?

“Otro aspecto que señalo es la falta del espacio de la aventura. Ese es un reclamo constante del público cubano. Yo pienso que en sentido general hay que revisar mejor los contenidos en la programación”, precisa.

A su juicio la televisión cubana se ha tornado demasiado reiterativa, y esa realidad ha provocado que muchas personas se cobijen en propuestas foráneas que circulan en el denominado paquete semanal  a través de redes informales de comunicación.

“¿Por qué las personas buscan otra cosa? Porque no les satisface plenamente lo que está en la televisión cubana”, aclara.

Amada está convencida de que la televisión cubana debe reflexionar y analizar qué es lo que se quiere realmente. “Y lo digo con total confianza: quiero y me interesa que la televisión cubana sea cada día mejor y que la gente la siga. Es justo y el pueblo lo merece”, concluye la actriz.

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