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...y qué clase de corazón tan grande tienen los niños –mis niños- cubanos de la Colmena TV

Después que terminó el programa dominical La Colmena TV, no podía irme a la cama sin teclear este burujón de letras. Necesitaba explicarme yo mismo por qué, una vez más, sentí un profundo orgullo de sentirme cubano y que esos niños sean la razón de ser de nuestra Patria toda, aun por encima de las diferencias y los puntos de vistas de tirios y troyanos de esta isla mágica.

La Colmena TV es probablemente el vitral más justo y exacto de nuestra infancia. A ese escenario encantado por la magia del proyecto La Colmenita, de Carlos Alberto “Tin” Cremata, no suben a actuar, bailar y cantar los “hijos de”, ni los elegidos, ni los privilegiados, ni los consentidos.

Ese mundo de luces y colores que cada domingo del verano nos regala la Televisión Cubana, lo animan los hijos de los trabajadores, de los obreros, de las mujeres y hombres simples de esta isla, que, llenos de enorme talento, derrochan en escena sobre todo muchísimo amor.

Emily, Lázaro, Hassana, Maripily, la pequeñita espirituana o su coterránea Marila, en fin, para no caer en la injusticia de no mencionarlos a todos, sorprenden por su talento, por su entrega, por esa fresca ingenuidad infantil que no les hace sentir pena antes los cientos de espectadores en sus butacas, y prodigan su arte lleno de alegría y felicidad, que se dibuja en sus sonrisas plenas y sus enormes ganas de ser cada día mejores.

Esos son mis niños cubanos, los que acaban de iniciar un nuevo curso escolar, los que no aparecen en las estadísticas de los millones de desnutridos que deambulan por el mundo tras un mendrugo de pan, de los que salen a jugar cada día sin el temor del secuestro o de la violencia que arranca sus vidas.

Cuando me lamento porque me falta esto o aquello, cuando la pesadumbre aflora porque pienso que merecía algo más, pienso en esos niños de la Colmena TV, que es sinónimo de los niños cubanos todos, y levanto la frente decidido a seguir luchando por un mundo mejor.

Gracias mis niños, gracias La Colmenita, gracias Tin, gracias mis niños, por enseñarme cada día el valor de esa sonrisa reparadora que solo ustedes saben regalar con… mucho talento, y buen corazón.

Tomado del muro de Miguel Fernández Martínez

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