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Este texto debió salir el 14 de septiembre como un cake simbólico al programa más popular de la Televisión Cubana desde  nueve años atrás, sin tener en cuenta el primero  que fue de búsqueda y tanteo, aunque cuando lo parieron, su grito fue escuchado… porque Pánfilo, ¡no me rectifiques!, se que es una década, pero no me digas que aprendieron a caminar sin gatear.

Escribo, por supuesto, de Vivir del Cuento, el único espacio que hace que desconecte celular y teléfono desde que empieza, y para el que me preparo con la carcajada lista para expresarse a todo pulmón.

No sé si fui la primera periodista que escribió sobre ese espacio, pero sí me siento orgullosa de haber apostado por él desde el principio, publicado varias entrevistas con sus hacedores (me faltan Omar Franco e Irela Bravo) y defenderlo a capa y espada, porque de todo hay en la viña…

En el cielo volé cuando supe que Fidel  (sin apellido, no hace falta) si no lo veía, lo mandaba a buscar.  Esa fue una de las preguntas que le hice  a Nashi, su director, cuando después de mucha insistencia me respondió el cuestionario que le envié:

“-¿Qué sintió Ignacio Hernández la primera vez que le dijeron que Fidel era fiel televidente del programa?

-Asombro y orgullo. Era una señal de que estábamos haciendo un programa auténtico, honesto y muy cubano.Cuando tu poder de convocatoria agrupa a la familia, a los jóvenes, a los niños, a los intelectuales y hasta el presidente del país, es porque el contenido nos concierne a todos, y de alguna manera nos sentimos  representados.

Puede que algunos hayan pensado que el hecho de que la alta dirigencia del país disfrutara de nuestro espacio nos  otorgaba alguna licencia para abordar ciertos temas, y te aseguro que no. Existimos dentro de la misma Política  Editorial por la que se rige toda la Televisión que se genera dentro del sistema del Instituto  Cubano de Radio y Televisión. “

A Luis Silva también tuve que insistirle y al fin lo logré:

“—¿Cuánto ha influido Vivir del cuento en el desarrollo de Pánfilo?

—Por supuesto que Vivir del cuento ha sido el terreno que le ha propiciado un gran desarrollo a este personaje. Del 2008 hasta hoy, ya son cinco años. Durante ese período Pánfilo se ha enriquecido (no financieramente). Las propias situaciones del programa, sus guiones, los enredos en los que se meten los personajes, pues han fortalecido a Pánfilo. Han surgido historias vividas, que aunque no se cuenten al espectador, Pánfilo las lleva dentro, y le brindan una psicología al personaje que lo hace tan real como indestructible a la hora de reaccionar o de improvisar en cualquier escena.

—¿Es Pánfilo totalmente libre al decir sus opiniones? ¿Cómo lo logras?

—Totalmente libre. Pánfilo ha dado su opinión sobre temas tan sencillos como de otros tan candentes. No hay tema duro o difícil que se le resista a Pánfilo. Y esto no es solo un logro mío, sino de todo el colectivo del programa. Cada mensaje que va a transmitir Pánfilo se estudia mucho, se analiza, se divide en sílabas si hace falta. Se le busca las posibles interpretaciones que pueda tener. Si puede provocar o no algún malentendido.

“Para eso utilizamos herramientas inherentes al humor, como el doble sentido, el cambio brusco de ritmo, la sutileza, la sorpresa, las transiciones cortadas y sobre todo un fuerte uso de la lengua española y su tan rica gramática. Hemos sido capaces de ‘jugar con candela’, de tocar temas impensables en un programa humorístico de la Televisión Cubana. Hemos hecho chistes con las antenas (todo el mundo sabe cuáles antenas), con las escaseces, con el éxodo al extranjero, etc. Pero todo de una manera fina, bien hilvanada. Yo diría que dibujada a mano”.

A Jaime Fort también me dio trabajo cazarlo:

Eres el guionista principal de Vivir del Cuento ¿Cómo te integraste a ese equipo?

-Empecé a escribir para Vivir del Cuento en el 2011. Maricel Pestana, que es asesora de la televisión y amiga mía, me dijo  que lo intentara, ya antes me lo había pedido para El Cabaret D´enfrente que dirigía Jape y había llegado a escribir varios guiones que se realizaron, pero el programa salió del aire cuando apenas yo empezaba. Así que llevé un par de guiones a Nachy y me llamaron después para grabarlos. 

-Tanto Nachi como, Silva, por poner dos nombres, hablan de un trabajo en equipo para la construcción de cada programa ¿cómo se siente el guionista con las modificaciones que le puedan hacer?

-Cada guionista debe tomárselo según su forma de ser y según sean esos cambios y modificaciones. El quipo de Vivir del Cuento es muy exigente con los guiones y cuando un guionista escribe un libreto para una comedia de situación, como es en este caso, debe tener en cuenta los códigos de la comedia televisiva en primer lugar y luego el tono o el estilo del programa en particular. Yo he tenido suerte, o me he adaptado a ese estilo, el caso es que mis guiones no sufren muchas modificaciones en realidad, sí pueden enriquecerse con chistes y situaciones que el director o los actores le agregan, pero no sufren mucho en cuanto al argumento y la forma de contarlo.

-Sin un buen guion no hay buen programa, es una fresa hecha y una gran verdad ¿de dónde sacas los temas?

-Principalmente de la prensa. Luego de lo que esté pasando en la calle. Esos son  los mejores guiones. Si por ejemplo, el Estado aprueba y propone las Cooperativas urbanas como nueva forma de gestión económica, entonces hay que hacer una cooperativa en casa de Pánfilo (Al pan, pan)  Si están llegando al país cruceros turísticos por primera vez en tantos años, hay que tocar el tema de alguna forma (Capitán de crucero) Si la gente está yendo a Panamá, o a Ecuador, a comprar cosas para revender en Cuba, hay que hacer un programa sobre eso, o al menos, que hable del tema. Preocupaciones como la baja natalidad, la doble moral, la corrupción, los falsos religiosos, la homofobia, se han tratado en el programa. También el triunfalismo de la prensa, el escaso margen de acción y las trabas que sufre un delegado del Poder Popular. La difícil situación, o la desventaja en que se encuentran muchos adultos de la tercera edad es un tema recurrente del programa, dado que sus protagonistas son ancianos. Creo que el éxito del programa, aparte de la gracia que se han ganado sus personajes, es que refleja con sinceridad el entorno cubano actual y su crítica hacia lo mal hecho. Y cuando digo sinceridad también incluyo responsabilidad. Nunca hacer una crítica sin un basamento objetivo, ni hablar por hablar. Si voy a hacer un guión sobre el cambio de tuberías en la red hidráulica y digo que las nuevas tuberías están hechas con "polímeros de alta densidad" es porque lo busqué. Si voy a hablar de cómo funcionan los subsidios para construcción y reparación de viviendas, voy al rastro de mi barrio y averiguo hasta el último detalle, y le pregunto a la gente, para tener todas las versiones. Por supuesto, hacemos comedia, hay que exagerar  las situaciones y crear enredos y conflictos, pero te aseguro que no se fuerzan ni se miente en los aspectos de la realidad circundante. 

Hay todavía cosas que no comprendo y algunos temas que no se pueden tocar. Espero que llegue el momento.   

- ¿Y los chistes para cada personaje?

-Cada actor tiene muy bien "agarrado" su personaje y todos ellos saben muy bien cómo reaccionaría el suyo ante cada situación. Por eso muchos chistes son aportes de los mismos actores. Yo, por mi parte, escribo los diálogos completos. Es la parte que más me gusta. Luego de 161 guiones escritos y grabados, ya los personajes "me hablan" solos…”

En fin por Santiago de Cuba andaba el día catorce, cuando le hubiera cantado un felicidades grande a Vivir del cuento, por sus 10 años, ese programa que nos hace reír (Y PENSAR),  que lleva mucho trabajo de mesa, grabarlo es un dolor de cabeza y hay que estar allí, en el estudio, para ver como Nashi, o Silva piden repetir una escena que en su  criterio salió mal.

No sale como un  zas de varita mágica, cada entrega de lunes lleva mucha entrega de un equipo que no vive del cuento.

 

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