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Visibilizar y problematizar el trabajo que ha realizado el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) para ese medio de comunicación

¿Cómo empezar un artículo sobre la Televisión Cubana? Sé que algunos me dirían: “muy fácil, comienza citando ejemplos de malas prácticas y programas deficientes, que hay para escoger”. Otros, quizás más avezados en el ejercicio de la crítica, tal vez me sugerirían lo contrario: “debes iniciar resaltado sus valores, después te refieres a los hechos negativos”. Pero pensándolo un poquito más, yo prefiero tomar un camino diferente.

Quiero comenzar presentándome así: yo trabajo en el Centro De Investigaciones Sociales (CIS) del Instituto Cubano de Radio y Televisión (Icrt). Probablemente ese nombre para muchos no signifique nada, mientras que algunos pueden confundirlo con otra institución del propio instituto llamada de forma bastante similar. Para que no hayan dudas y todos lo entiendan mejor: el CIS es un centro dedicado a la investigación de los medios de comunicación social, es el lugar donde se realizan en Cuba los estudios de audiencia de la radio y la televisión cubanas.  ¡Sí, señoras y señores, ese lugar existe!

Recuerdo que muchas de las veces cuando he salido a encuestar, para lograr el rapport con sujetos resistentes yo recurría a la siguiente frase: “(…) en el Centro de Investigaciones Sociales, un lugar donde pareciera que no se trabaja, porque la televisión está… ¡pero sí!”.

Esa manera de introducirme está lejos de ser “políticamente correcta”; sin embargo, me gusta usarla, en broma, porque siempre he creído que aquel sería mi primer pensamiento si no trabajara en el CIS, si no lo conociera y me abordara alguien por la calle para hablarme de ese supuesto centro. Además, “ponerse en los zapatos del otro” es un recurso legítimo e ideal para establecer una buena comunicación, justo lo que yo necesitaba con el encuestado.  

Entonces… ¡existimos y trabajamos! 41 años de labor ininterrumpida nos respaldan, por increíble que parezca; pues es una realidad que no tenemos visibilidad como centro de investigaciones, en correspondencia con todo el tiempo de servicios prestados al Icrt, con la singularidad de nuestra actividad, ni con la experiencia acumulada en este campo (por razones endógenas y exógenas).

Esto comienza a parecer un escrito por encargo con motivo del próximo aniversario, pero les aseguro que no lo es. La idea fue personal y tuve como resorte una inconformidad creciente, la que siento cuando veo cómo se reiteran entre los comentarios de los usuarios a los artículos sobre televisión en Cubadebate las interrogantes siguientes: ¿No saben cuál es la audiencia que tiene ese programa? ¿No se hacen estudios de rating aquí? ¿No existen en Cuba investigaciones para conocer lo que piensa el televidente?

Esos cuestionamientos no me sorprenden, tampoco me molestan, pero lo lamento cada vez que aparecen, porque la respuesta es sí otra vez. Obviamente, a continuación vendría una pregunta que quizás usted se esté haciendo ahora mismo: ¿entonces, qué hacen con esas investigaciones?, ¿las utilizan? Responsablemente, cualquier especialista del CIS podría contestarle de alguna de estas dos maneras: 1) Sí, pero…   2) A veces sí, pero…  

Nunca se me olvida el día que el periodista Wilmer Rodríguez fue al centro a realizar una entrevista y me tocó hablar a mí. Casi al final me preguntó más o menos así: “¿Esos estudios de audiencia y los resultados los tienen en cuenta?” Yo, con pocos años de experiencia laboral, sudé frío al instante. ¿Qué decir frente a cámara si el tiempo es corto y la respuesta –sincera– es compleja? Porque esos “peros” pueden tener muchos matices y deben argumentarse con sensatez, sin arranques emocionales.

Los “peros” son reales y contundentes; sin embargo, tengo que decir que nunca fueron excusa para que los especialistas y técnicos del CIS no dieran siempre lo mejor de sí. Así nos enseñaron allí. 

En el CIS yo aprendí a sentirme satisfecha con el rigor de una investigación y la calidad de un informe, sin pensar en “el síndrome de la gaveta”; a seguir investigando a pesar de que invariablemente, en cualquier escenario, te cuestionen en público la metodología empleada si los datos no reflejan lo que ellos –los públicos- deseaban escuchar; y a reponerme cada vez que personas del gremio nos omiten deliberadamente al hablar del vínculo de los públicos con su canal o programa.

Pero también aprendí que siempre hay otro grupo que comprende y valora tu trabajo. Aprendí a disfrutar con mis compañeras cuando se toman decisiones en un Consejo de Programación o entre un colectivo de realización a partir de nuestros resultados y recomendaciones. Esos son los pequeños “momentos de gloria” en que se inunda mi oficina de una alegría infantil mezclada con asombro, y se vuelve un tema recurrente en las conversaciones de la semana.

En el CIS aprendí que a la hora de crear un nuevo canal de televisión1, diseñar un proyecto audiovisual y transformar un programa en transmisión para que tenga mayor aceptación, se llega más lejos teniendo el acompañamiento de las investigaciones sociales y por supuesto, contando con un equipo de creadores sensibilizado con esa forma de trabajar. Eso lo digo porque lo viví, no es algo que leí en un libro, ni promoción barata.

En fin, aquí aprendí a amar estas tres letras imperfectas: TVC, que tienen una gran historia y merecen un futuro mejor.

“El centro” puede ayudar con su modesto trabajo.

Nota:

1 Me refiero a la experiencia del nacimiento del Canal Habana.

 

 

 

 

 

 

 

 

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