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Por suerte la Televisión cubana retransmitió La Banda Gigante que no se pudo ver en La Habana el domingo 26 de noviembre.  ¡Fue un espectáculo!. El espacio ha crecido “en talla”.

La competencia entre los instrumentistas como grupos acompañantes fue una pequeña muestra del superobjetivo de este programa: crear una orquesta que acompañe a los  Sonando  y Bailando en Cuba, más interpretar las bandas sonoras de filmes, series o documentales de RTV comercial (empresa de la tv cubana) y de otros productos audiovisuales.

Este programa de participación tuvo un reto, como me dijo Manolito Ortega, su director:  “Importante destacar que es la primera vez que se transmitirá por la televisión cubana un espacio con este formato, que a la vez que privilegie el entretenimiento procure rescatar la imagen del músico que además de virtuoso sea capaz de protagonizar un show televisivo entretenido. Por eso los referentes inmediatos a la hora de concebir el espectáculo fueron la Orquesta de Música Moderna, Los Papines  y la Orquesta Irakere. El músico en La Banda Gigante es sacado de un contexto más  rígido, de vestuario más convencional, donde prima el color negro para hacerlo  bailar, insertarlo en un ambiente colorido, procurarle  que se adueñe del escenario con más vitalidad,  el  vestuario y el maquillaje suelen ser más atrevidos, entre otras “licencias”.

A mí y con otros colegas, el director que triunfó en Sonando en Cuba (II) y los dos Bailando, ha dicho que ha sido su programa más difícil, porque desde la puesta en escena hasta las luces han tenido intencionalidad. Para hacer más atractivas las emisiones cada dos programas han variado la forma de votar, la iluminación,  otro gancho para mantener al televidente en su silla o cama. Y es que la competencia entre instrumentistas  deja “botada” a mucha gente, no es lo mismo que entre bailadores o cantantes.

La escenografía y el montaje de La Banda Gigante está en igualdad de condiciones a otros programas de participación que nos llegan “vía paquete”,  con una diferencia raigal: lo que se propone en La Banda es música cubana de la buena. Cantantes como Tony Calá,  Pedrito Calvo, Oscar Valdés, entre otros intérpretes  que fueron voces de orquestas emblemáticas  (NG, la banda, Van van  e Iraquere) “acompañaron”  a los competidores en sus interpretaciones.

En una entrevista Manolito dijo “La condición para participar en La Banda Gigante era que fueran jóvenes entre 18 y 35 años de edad, egresados en su mayoría de la enseñanza artística y de las escuelas de bandas promovidas por el Instituto Cubano de la Música (ICM), como parte de sus proyectos de desarrollo artístico. Los interesados se presentaron a pruebas de improvisación, lectura de pentagrama, ritmo, armonía, entre otros requerimientos indispensables para entrar en un riguroso trabajo de selección. La búsqueda de ese talento demoró un mes, y se realizó en julio de acuerdo con las condiciones de cada territorio. Las audiciones fueron en Santiago de Cuba, Camagüey, Santa Clara y la capital. Es importante señalar que muchos interesados de otras provincias se movieron hasta estos territorios, lo cual nos produjo especial satisfacción al comprobar las expectativas creadas en los instrumentistas.”

A este empeño (con resultados de calidad) se unió un sólido equipo: el  guión corre a cargo de Lil Romero, el codirector  es Jorge Wilson, la musicóloga Carmen Souto funge como directora  musical, la dirección de fotografía es responsabilidad de Vladimir Barberán, la producción general está liderada por Elisandra  Reigosa, la dirección de arte es de Maikel Martínez, mientras que el diseño de vestuario es de Yanelis Pérez y su equipo.

Destacados profesionales  son los encargados de preparar a los participantes por instrumento para la competencia: bajo, Yadiel Bolaño, drums y timbal, Roberto Jr. Vizcaíno; flauta, Jorge Leliebre, Eduardo Rubio y Guillermo Pedroso; guitarra, Nam San Fong, percusión: Tomás Ramos Ortiz (El Panga), piano Alejandro Falcón, saxo, Michel Herrera, trombón, Yoandy Argudín, Eduardo Sandoval, trompeta, Julio Rigal y violín, William Robrejo.

 

Los arreglistas para toda la competencia  han sido Alejandro Falcón, Camilo Moreira, Denis Peralta, Efraín Chivás, Heber Méndez, José Víctor Gavilondo, Nam San Fong, René Baños y Roisel Suárez, que han entendido razones de la selección de música de todos los tiempos, que han dotado de timbres  contemporáneos . El músico, compositor y productor musical, Michel Herrera, es el director musical y líder de la orquesta que acompaña a los concursantes.

Yuliet Cruz y Carlos Enrique Almirante son los conductores, la primera con experiencia en Piso 6 y él que ha sido probado en otros escenarios. Mientras que  Georgia Aguirre, directora de la Orquesta Anacaona, conduce la sección histórica y Telmary la sección de La Puerta.

La Banda Gigante cuenta con secciones colaterales: la histórica, que de acuerdo al instrumento al que se dedique el espacio; otra en homenaje a la capital que se llama Habana 500, vinculada necesariamente a la historia musical, y se creo la  Playlist que acerca aún más al televidente a una serie de  rostros  respetados y queridos, vínculo que se fomenta  a partir  de la relación que estas figuras establecen con  la  música en determinados acciones de la vida cotidiana.

Manolito afirmó que “Esta vez además del apoyo de RTV Comercial, hemos contado con el ICM, todo ello ligado al contacto que hemos logrado con proyectos culturales que distribuidos por el país, nos han acercado a núcleos portadores y hacedores de géneros musicales que identifican a la Isla en cualquier parte del mundo”.

Los concursantes llegan a escenarios poco convencionales para “intervenir” espacios públicos, hecho que  tanto ellos como espectadores agradecieron muy especialmente;  eso mismo puede ocurrir con el televidente cuando se haga participe de la sección La Puerta, singular entrevista que se ha concebido para populares  músicos de la  Isla.

Como en los otros programas de participación,  La Banda ha priorizado la realización de clases magistrales, para que los concursantes puedan compartir la experiencia con figuras notables de la música cubana, además de improvisar  junto a ellos en el escenario de Fábrica de Arte Cubano.

Sobre la selección Manolito dijo “El casting nos permitió medir hasta dónde realmente podíamos hacer crecer el programa. Por supuesto, hay diferencias entre los posibles concursantes y las audiciones nos mostraron realmente el estado en que se encuentran, hasta dónde trabajar con ellos, qué les va faltando para crecer, qué nivel de exigencias llevan en pro de su proyección escénica, incluso, en su interacción personal, pues recuérdese que se trata de una banda, lo que significa que las individualidades están en función de un bien común: la orquesta”.

La experiencia ya es un triunfo para todos los participantes: los jóvenes porque han aprendido y aprehendido nuestra música, los profesionales por hilar fino en cada entrega, y el público televidente porque ha disfrutado de entregas con un excelente empaque, en los que han prevalecido productos cultos, que les ha hecho recordar números antológicos  o acercarse a otros,  que se perfilan como joyas.

No por gusto he dejado para último al jurado: integrado la Directora de Orquesta y productora musical Daiana García, el prolifero cantante, instrumentista, músico, arreglista y productor musical, Alain Pérez y el Premio Nacional de la Música, José Luis Cortés, (El tosco).  

Inteligentemente El Tosco acude programa tras programa “a la lengua de Cervantes”, para decir que los concursantes están en talla y frecuencia. Espero conversar con este polémico (y capaz) músico, raigalmente cubano, no para hablar de flauta o NG, sino para conversar sobre sus decires porque guste o no, José Luis Cortés “está en talla”.


 

 

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