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Llevar al audiovisual el tema histórico no es fácil. Mucho más cuando los héroes se nos presentan de carne y hueso, como debe ser.

Ver que Mongo Castillo (Osvaldo Doimeadios) ese guerrillero comuñanga, como le dice un bandido, todo valentía, tiembla porque su hijo recibió un rasguño de bala y a Doime se le sale el padre que es, y le “embaraja” al hijo su visita al hospital. Y ese mismo Mongo que no estudia, porque no le entran las letras, se enfrenta a un combatiente (Jorge Enrique Caballero) que no quiere levantarse para recibir clases, el mismo guerrillero corajudo que le dice a Mongo que no tiene moral, y Mongo se vuela, pero llega al hijo, brazo en cabestrillo,  que quiere resolver el diferendo fajándose con el compañero que le faltó el respeto a su viejo.

O ver al Gallo (Fernando Hechevarría) “envalentonao”, no con los alzados, sino para servir de mentor a una muchacha que llega a realizar un trabajo y se nota que le movió el piso y quiere ganarle a Jorge Martínez, que también se ha “puesto” para la muchacha, y el jefe de ambos tiene que intervenir, con gritos para llamar al orden a los dos milicianos.

Todos esos hombres son héroes, pero antes que eso (o por eso) son seres humanos. Esa fue la esencia de  LCB La otra guerra en su primera temporada, y lo es en la segunda que, producida por RTV Comercial, trasmite Cubavisión los sábados a las 8 y 30 de la noche y los retransmite los martes a las 10 y 20.

En veinte capítulos de 45 minutos cada uno, se cuenta la historia de los alzados en la provincia de Matanzas, donde hubo 46 bandas por las que pasaron más de 800 alzados de 1959 hasta 1965.

De 15 capítulos se encargó Eduardo Martin Vázquez Pérez y de cinco Alberto Luberta MartÍnez, que trabajaron en esa función también en la primera temporada. Claro, ambos guionistas investigaron mucho y contaron con la asesoría de Pedro Etcheverry, subdirector del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado, quien “facilitó  cientos de documentos inéditos entre los que estaban el resumen de los expedientes de esas 46 bandas. Hablamos con combatientes, víctimas, sobrevivientes de emboscadas y campesinos infiltrados en la contrarrevolución.”, me dijo Eduardo y añadió que  “Luis Rodríguez nos guío a partir de su propia experiencia como jefe del Buró de Bandas en ese periodo”.

Esa información abundante y bruta, le permitió a los guionistas armar personajes que respiran, habla, odian, temen, una excelente materia, para que un elenco, muy escogido, nos los enseñe en la pantalla y nos convenzan.

Filmada en un cincuenta por ciento en las instalaciones de Managua y el resto en Matanzas, Artemisa y otras locaciones, la serie cuenta  además de con buenos guionistas con un equipo que logra la veracidad en las escenas, desde los fotógrafos,   escenógrafos, montadores, maquillistas, luminotécnicos y equipo de producción.

Quien lo dude que vea (o vuelva a ver) el momento en que un bandido sale de un escusado, donde estaba escondido, bañado de excremento. Es tan real la escena que los ojos se asquean.

Roly Peña y Miguelito Sosa son los directores de esta serie.  El primero me dijo hace un momento “Apenas ha salido el capítulo cuatro y lo que más me satisface es que todo el colectivo de trabajo se siente satisfecho por haber trabajado en la serie. Los criterios y comentarios llegados a nosotros desde diferentes edades son muy positivos y esto nos conmueve porque la historia está siendo aceptada en nuestro pueblo. ¿¡Qué decirte!?... Seguiré trabajando sobre temáticas históricas y lo hare pensando que siempre funcione para el bien de nuestra nación.”.

Un último apunte: el Ministerio de Educación tiene en esa obra un excelente trabajo audiovisual para mostrarles a los alumnos,  de forma amena, una parte de nuestra historia que deben conocer y aprehender…

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