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 Afirma el actor que valora mucho el reconocimiento que le otorgan las personas conocedoras de su labor

Salir de su tierra natal y volver exitoso, como Héctor Noas, es el sueño que tienen la mayoría de las personas que se dedican al mundo artístico y han decidido asumir esta profesión como forma de vida. Basta con transitar por las principales arterias de La Habana para percibir el cariño que siente el público por el actor que ha participado en dramatizados como Blanco y Negro No, Su propia Guerra, Los dioses rotos, Conducta, Sergio & Serguéi, entre muchos otros.

Son incontables los saludos, las muestras de admiración y respeto que recibe por cada uno de estos personajes en los que reafirma la versatilidad de un profesional de gran trayectoria y proyección, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

¿Desde cuándo tiene su primer recuerdo del mundo de la interpretación?

–Desde muy pequeño porque en mi casa, a pesar de que no era una familia de artistas, se respiraba un ambiente cultural muy grande y se realizan actividades en la que estaban entrelazadas varias manifestaciones artísticas. Aunque inicialmente escogí otro camino, la vida me fue llevando por los senderos de la cultura y en esto incidieron todas las experiencias que viví y de las que me nutrí desde pequeño, que me impulsaron a decidirme por esta difícil especialidad del arte.

¿Su personalidad y creatividad lo han hecho distinguirse en esta profesión?

–Aunque parezca lo contrario, soy una persona bastante introvertida en mi vida normal. Las personas que siguen mi carrera y me han visto en el cine dándole vida a personajes como Rosendo en Los dioses rotos y otros que he realizado en el teatro con una gran carga emotiva, me asocian con una persona de gran carácter.

La creatividad es algo que le imprimo a cada cosa que hago, no solo en la profesión sino en mi actuar diario, es un aspecto determinante en cualquier rol que realices, si no está presente la creatividad y no le imprimes tu sello al trabajo, no logras tener un resultado positivo. Mi compromiso y el respeto que siento por este trabajo también pudieran ser aspectos que me identifiquen y que comparto con otros colegas.

Ha merecido varios reconocimientos a lo largo de su carrera ¿Cree que los premios refrendan la calidad de un actor?

–Realmente los premios son importantes en la carrera de un actor y son bien recibidos por todo el que ha logrado coleccionar alguno de los que se entregan en nuestro país y en otras partes del mundo, pero en mi caso valoro también con mucha estima el reconocimiento que te otorgan las personas en su transitar diario. Siento que llegar a ellas y convencerlas de que nuestro desempeño es auténtico es el verdadero premio al que debe aspirar y valorar quien dedique a la actuación.

¿Piensa en el público al momento de desarrollar un proyecto?

–Es el centro de mi trabajo porque a él es que va dedicada toda la labor que realizo en cualquiera de los medios. Esta es una profesión de mucho ego, pero sin el respaldo de la gente no podemos sentirnos realizados. Desde que uno está confeccionado el personaje está pensando en cómo hacer para atrapar a los espectadores y, en muchas ocasiones, de la misma gente sacas cosas que te sirven para construir una historia.

Cuando pasa una temporada en el extranjero y regresa a trabajar en Cuba, ¿siente la necesidad de su tierra?

–Indudablemente se siente la necesidad de la tierra, de estar en contacto con mi gente y de actuar para uno de los públicos más exigentes que he conocido. Para mí es muy importante tener presencia en los medios de comunicación cubanos y que los directores cuenten conmigo para estar presente en sus proyectos. En los últimos tiempos he estado centrado más en el cine, pero me gustaría formar parte de una producción televisiva que me acercara a las nuevas generaciones que no vieron mi labor en la pequeña pantalla.

Siempre le ha gustado asumir riesgos. ¿Es su filosofía de vida o de trabajo?

–Me gusta hacer cosas que sean valederas y tengan valor artístico, aunque puedan ser cuestionables por algunas personas. No soy de los que rechazo un personaje por algo que pudiera afectar mi imagen, si está bien concebido y valoro que me aporta algo como persona, me aventuro a hacerlo. En la vida para todo hay que asumir riesgos, de eso se trata nuestro paso por este mundo y, en este trabajo, si no sigues tus instintos y no te arriesgas, no logras realizar ningún proyecto porque siempre para todo hay que tomar decisiones que te van a sacar de tu zona de confort y te van a cambiar la vida.

Ciertos actores logran, aunque su participación sea breve en una escena, que su intervención trascienda en la memoria del espectador. ¿Cómo se logra este efecto en el público?

–La mayoría de los actores prefieren interpretar roles que tengan más permanencia en la pantalla porque les otorga más visibilidad y les permite quedar en la memoria de los espectadores, pero cuando uno realiza un trabajo decoroso, las personas se quedan conectados con tu trabajo y elogian tu desempeño. Cuando me proponen un personaje no me detengo a mirar la presencia y el tiempo que va a estar en pantalla sino en otros elementos que para mí son determinantes. Si está bien escrito y me mueve las fibras, lo acepto porque sé que puedo ponerle mi impronta para que tenga un peso importante dentro de la historia.

¿Se planteó en alguna ocasión la posibilidad de dejar de actuar?

–Cuando me gradué en el Instituto Superior de Arte (ISA) estuve cuatro meses trabajando de custodio porque no encontraba trabajo. Después de esta etapa tuve una experiencia en la pequeña pantalla, tan mala que me prometí que si las próximas eran iguales abandonaría definitivamente esta profesión. Fue en ese momento que apareció el personaje del polaco en la serie De tu sueño a mi sueño, que me abrió muchas puertas y me volvió a conectar con este mundo de la actuación.

Otro momento que valoré seguir otro camino en mi vida sucedió en mi estancia en España, cuando hubo una crisis en el sector, que no había trabajo para la cantidad de actores de varias latitudes que estaban radicando en esa nación y opté por regresar a Cuba, porque tenía varias propuestas interesantes que me volvieron a abrir las puertas en la isla.

Te confieso que pudiera vivir sin trabajar en esta profesión y dedicarme a impartir clases, me apasiona trasmitir mis conocimientos a las nuevas generaciones que se están formando en las academias artísticas del país. Además, pudiera desenvolverme en otros roles que también son importantes dentro de nuestra sociedad. De no haber sido actor hubiera querido incursionar en otras manifestaciones que están relacionadas con el arte, como son el canto y el baile, pero también hubiera probado en otras especialidades aparentemente más distantes de la cultura, como la informática.

¿Se aprende más del fracaso o del éxito?

–Esta es una profesión de muchos altibajos y, al igual que otras, requiere mucho sacrificio, pero se disfruta a plenitud cuando te enamoras de este proceso creativo que te permite interpretar personajes de diferentes características. En muchas ocasiones estamos pasando por malos momentos en el plano personal y profesional, pero cuando interactuamos con las personas en la calle, nos reconforta la reacción de la población que se identifica con el trabajo que realizamos en el cine, la televisión y el teatro. Ese cariño desbordado de las personas te motiva y te impulsa a continuar apegado a esta profesión que escogimos para el resto de nuestras vidas.

¿No ha tenido la tentación de insertarse en una aventura detrás de las cámaras?

–Realmente, por ahora no me he planteado dirigir, he visto toda lo que implica estar al frente de un colectivo de trabajo. En lo que sí pudiera pensar, si me convocan, es a ser director de actores, es una especialidad muy importante dentro de este medio y que está dando muy buenos resultados en las producciones nacionales.

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