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 Valoraciones sobre la manera en que el personaje Elpidio Valdés se convirtió en la representación simbólica de una generación

 

Hace unos años, a propósito del libro Anatomía de una isla. Jóvenes ensayistas cubanos (Ediciones La Luz, 2016), escribía para la revista La Gaceta de Cuba una reseña sobre esta importante contribución de los jóvenes a un género mayor: el ensayo. Uno de los textos incluidos en la selección es “El reverso mítico de Elpidio Valdés”, donde Justo Planas expresaba: “Juan Padrón, el creador de la saga, navegaba, sin embargo, por los mares del género aventura para invocar las etapas fundacionales de la cultura cubana”1.

Sobre este ensayo, en la mencionada reseña yo refería: “Pequeños detalles de infancia construyen el imaginario y los significantes que permiten aprehender un mundo cuya ontología resulta cada vez más difusa. Máximas similares justifican la valía de lo escrito sobre la presencia del Elpidio Valdés en el imaginario nacional. ¿Quién no tuvo su propio Palmiche, recortado de la revista Zunzún, en la caratula de alguna libreta? ¿Qué cubano no desafió a Resoplez e, incluso, trató de seducir a María Silvia? ¿Quién no fue y, en ocasiones, vuelve a ser —desde otros contextos y con diversos sentidos—un pillo e insurrecto manigüero?”2.

La manera en que el personaje Elpidio Valdés se convirtió en representación simbólica de una generación, de un tiempo, de un país…, es uno de los principales atributos de la creación de Padrón. Concebido como uno de los personajes dentro de la revista Pionero, se insertó a un mambí representante de la lucha del pueblo cubano contra el dominio español. De allí surgió este luchador que ha sido tomado como parte de la historia, la tradición, el mito de un pueblo.

La fecha de su creación fue el 4 de agosto de 1970, por lo que próximamente se celebrará el medio siglo de existencia de este personaje que integra también la memoria de una nación. Las virtudes de Juan Padrón como creador no se limitaron al diseño de Elpidio Valdés con su saga, sino que se extendió a filmes como Vampiros en La Habana.

Desde este 24 de marzo, cuando se conoció la noticia de la muerte de Padrón, he notado una gran conmoción. Muchos han escrito en los medios de comunicación, otros han tomado esa imagen marcada por una lágrima sobre la mejilla de Elpidio Valdés como expresión de dolor, hay quienes han posteado su propia selección de los mejores momentos que nos regala el personaje; pero, lo más hermoso ha sido ese conjunto de frases que nos ha legado el personaje, desde las cuales podemos afianzar un sentimiento común, un lenguaje compartido por los cubanos. Las mismas transitan desde su despedida habitual: ¡Hasta la vista, compay!, hasta otras tan simpáticas como: ¡Abrid paso, traigo una velitaaa!!!, frutos del ingenio de este consagrado cubano que nos deja un símbolo para que desafíe el tiempo y siga siendo un “maldito pillo insurrecto mambí”. 

Referencias:

1 Planas, Justo: “El reverso mítico de Elpidio Valdés”. En: Anatomía de una isla. Jóvenes ensayistas cubanos. Holguín, Cuba: Ediciones La Luz, 2016.

2 Ricardo, Rubén: “Un análisis anatómico de la isla”. En: La Gaceta de Cuba, No. 1, enero-febrero, 2017.

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