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Mucho se puede hablar del humor, pero no muchos saben hacerlo.

A nivel internacional abundan conceptualizaciones, análisis críticos, propuestas, intentos por descifrarlo, y en el caso cubano, como es natural, no puede obviarse el más lúcido de los trabajos acerca del tema: Indagación del choteo, de ese grandísimo y polémico escritor nuestro, Jorge Mañach. Prueba de lo difícil que resulta encasillar las expresiones humorísticas y darles un único sentido son, precisamente, los años que dicho intelectual dedicó a retocar su gran ensayo, al que, por cierto, remito a todos los interesados, sobre todo si quieren adentrarse en la aventura de criticar el humor cubano. Tengo la sospecha de que nunca se dio por satisfecho del todo, y si para él fue complicado, es fácil imaginar cuán escabroso resulta para nosotros, sin el caudal teórico y sin el exquisito manejo del lenguaje de Mañach.

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En varias oportunidades he defendido los programas televisivos que interactúan con los públicos, ya sea porque son de participación, con personas en el estudio, de opinión en respuesta a cartas, tweet o sms o en vivo, con comunicación con el televidente.

Esa es una de las razones por las que disfruto de varios programas del Canal Habana: entre ellos, Libre acceso y Hola Habana. Sé que no es lo mismo un  telecentro que un canal nacional, el primero por dirigirse a un área geográfica limitada, no tiene que responder, es obvio, a todo el territorio cubano. Lo que es noticia (o de interés) para el habanero quizás no lo es en Holguín o Matanzas.

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Acercamiento a programas televisivos que promocionan el patrimonio sonoro de la nación  

Lo que muchos llaman proverbial musicalidad del pueblo cubano enfatiza la rítmica con una peculiar propensión al baile y al canto en contextos en los cuales están presentes inflexiones avaladas por el desarrollo de la cultura. Mezclas diversas originaron géneros, cuyo espíritu alimentan la fisonomía de nuestra música, reconocida en el mundo.

Festivales, conciertos, recitales, celebraciones de amplia trascendencia en espacios televisuales, propician acercamientos a figuras notables del patrimonio nacional.

Ocurrió durante la reciente XVIII Fiesta del tambor Guillermo Barreto in memoriam en sedes habaneras. Él se distinguió por la estabilidad ritmática, fue un percusionista versátil, de oído musical privilegiado.

De los grandes se aprende a diario aunque falten físicamente. Así lo atestiguan programas como Nota a Nota (Cubavisión, martes, 3:00 p.m.), Música y más (CE, viernes, 8:30 p.m.) y De la gran escena (Cubavisión, miércoles 8:30 p.m.), en ellos, sus realizadores revelan ideas, pensamientos, aportes, de creadores notables sin omisiones respecto a períodos históricos, formaciones o edades.

Son conscientes que la cultura musical no se transmite por ósmosis, ni se establece mediante decretos, requiere un proceso de construcción articulado mediante conceptos, saberes, experiencias y referentes.

El tresero Pancho Amat es Premio Nacional de Música.

Mediante entrevistas, videos, fonogramas, en dichos espacios se demuestra que los instrumentos de percusión pueden cantar con voz propia y hasta constituyen una orquesta o conjunto de voces, los cuales desarrollan un discurso polirrítmico.

El conocimiento de la legitimidad de raíces devueltas como forma artística de significación estética contribuye a preservar la valía del bongó, de la clave, y una convicción esencial: en la llamada Isla de la Música se fortalece la identidad sonora.

El profesor José Loyola destaca la importancia de la tradición musical y el acervo de nuevas técnicas y estéticas.

Dichas emisiones patentizan que la percusión cubana sumerge al intérprete dentro de sí mismo. Tanto la batería como la percusión cubana necesitan dedicación durante toda la vida.

Amplias referencias a la edición 23 de la Feria Internacional Cubadisco, del 18 al 26 de mayo, significan su prominencia como acontecimiento cultural y artístico. En comentarios y presentaciones, intérpretes, productores, musicólogos, manifiestan la necesidad de formar espectadores críticos con capacidad de discernimiento para distinguir entre lo valioso y lo banal, en este sentido la educación del gusto musical es esencial, requiere una labor sistemática, estable, de todos los implicados en la promoción y la difusión musical.

Según reconoce el tresero Pancho Amat, “la música es un bien cultural y un bien de consumo, pues establece una comunicación de códigos simbólicos entre el creador y el consumidor, hay que  pensarla como rama de la industria cultural en el contexto de la renovación tecnológica, el desarrollo de la distribución digital, la proliferación de tendencias y estilos”.

Para Waldo Mendoza, “es fundamental llegar al sentimiento de las personas con temas que hablen del amor, la comprensión y la alegría”.

En opinión del profesor José Loyola, compositor, musicólogo, flautista, doctor en Teoría de la Música, y director de la orquesta Charanga de Oro: “Ningún género musical en particular es chabacano. Aunque en la actualidad algunos absorben un mayor componente de mal gusto y hasta sedimentos seudolingüísticos que llegan hasta las fronteras de lo obsceno, lo cual agrede la convivencia en nuestro entorno, las costumbres, la educación y el comportamiento social”.

En esencia, se trata de comprender un proceso de continuidad, en el cual confluyen tradiciones, evolución y contemporaneidad, tríada que conduce al desarrollo de músicas de calidad artística en beneficio  de públicos diversos.

Waldo Mendoza cautiva a diferentes generaciones.

 

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El 14 de marzo del 2014, en el aniversario 30 de la Misión Militar cubana en Angola, dentro de la sección Noticias desde el frente, el colega Roger Ricardo Luis escribió en una excelente crónica  “Pero en una oportunidad, en el borde delantero en Cuito Cuanavale, en medio de un combate, vi cómo el cámara Rigoberto Senarega salió de la trinchera para filmar el avance del enemigo que caía en un cercano campo minado. Desde entonces, cuando me decían "fílmico", sentía un orgullo extraordinario por toda aquella tropa irreverente y desacralizadora de la Fílmica de las FAR (ECITVFAR) que paseó con su heroísmo e intuición artístico-militar toda la epopeya angolana.”

Cinco años después, este 15 de abril,  a 58 años del preludio de la invasión a Playa Girón,   Senarega realizó una presentación especial de su excelente crónica audiovisual  Gracias por el miedo, que en 54 minutos cuenta en la voz de algunos protagonistas –los corresponsales de guerra- la hazaña de narrar la historia no sólo desde lo épico, sino esencialmente desde lo humano.