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En un texto que publiqué sobre la serie televisiva UNO, la lectora Candita (¿o será lector?, en los foros nunca se sabe) me escribió “Paquita: coincido con usted en su comentario, pero me digo:!Que fácil es escribir de un producto televisivo bueno!!!! Es, como decimos en Cuba, tomarse la cerveza fría, que se la toma cualquiera. Lo difícil es tomársela caliente, por ejemplo, he estado esperando su comentario como especialista sobre la oda a los antivalores, es decir, la ¿novela? “La sal del paraíso”. Al principio pensé que estaba esperando que avanzara, PERO SON 60 CAPÍTULOS Y YA HOY PONEN EL 20, es decir, un tercio, y solo se ven personajes inmorales, putrefactos, etc., etc, Incluso como producto televisivo, en cuanto a su forma, es deplorable. Y me pregunto¨¿cómo se aprobó eso, con las dificultades de recursos que tenemos? Nadie se la leyó antes de filmar?”.

 

Un segundo ejemplo, hay más, es del forero El otro (¿o la otra?) que me comentó: “Gracias por esta segunda temporada de UNO, lo que es muy discutible es el horario, que extrañas madejas se mueven para que permanezca en pantalla “Tras la Huella”, que le guste al televidente no justifica la permanencia en pantalla, muchos espacios muy gustado desaparecen, ese espacio simplista, demerita el trabajo policial, no por gusto en los ámbitos populares lo han rebautizado como “Tras la lengua“¿Por qué la serie UNO no la reemplazó?, por favor Paquita es hora de situar al televidente y prevenirlo de los riesgos de ver “La Sal del Paraíso“ ¿A quién le toca convencer a la dirección de la TV de sacarla al menos del horario estelar?”.

Y bueno, yo, como dice Candita estaba esperando un tiempo más para comentar esta propuesta dirigida por Joel Infante, con guión de Yaima Sotolongo y Emilia Liñero, pero ya me cansé de aguardar por la historia central y las sub tramas.

He leído o alguien me dijo que la trama central gira alrededor del escritor de radio y su hija autista ¿sí? ¿y entonces que papel juegan la mariscal, el peleador de perros, el adivinador y vendedor de un mercado, la pareja abierta y otras tantas historias que aparecen como manchas desdibujadas en un amplio mosaico humano?.

Hace años vi una película, creo que argentina, que reflejaba múltiples historias a partir de una central, que se desarrollaba en un programa nocturno de radio. Todavía me acuerdo de algunas escenas y pienso que si el guion hubiera sido concebido de esa manera nadie se sentiría abrumado por tantos cuentos sin sentido, porque hasta ahora lo único que tiene un vinculo explícito en la relación del joven mentiroso, vago, que vive a costilla de una mujer que lava para la calle y apenas puede dormir porque su “mozo” espera cada noche La silla turca, el espacio radial. Ni en ese sólo caso existe coherencia. Uno de los asuntos del guion es que el guionista y conductor escribe de forma “elitista” ¿y así va a “agarrar” un chulo de nuevo tipo?. No se entiende tampoco por que la joven casi suicida se “engancha” con lo que escucha… en fin la supuesta historia central ¿dónde está?.

Si intentamos desenredar el mundo de la Mariscal, nos atascamos ¿por qué todos sus vecinos le temen? ¿es posible que exista una garrotera así impunemente?. ¿Y que decir del peleador de perros?. En una entrevista Joel Infante dijo “En el primer capítulo ya se vio una escena muy violenta en el marco de una supuesta pelea de perros. Es un fenómeno que existe lamentablemente en nuestro país y muchas personas hacen negocios con eso. La idea de mostrarlo es precisamente para transmitir el mensaje educativo de no maltratar a los animales ni utilizarlos con esos fines, y quiero aclarar que ninguno fue objeto de acciones agresivas o daños porque cuidamos mucho eso en el montaje y filmación”.
¿Vio el público esa escena? Porque se ve el tumulto de apostadores, pero o se hicieron cortes luego de terminada la novela, o la edición y el montaje fueron pésimos. ¿Quién no recuerda las peleas de perros en la película Conducta, de Ernesto Daranas?. La diferencia es abismal.

Y hablando de temas reiterados ¿ahora siempre habrá un agromercado en cada novela? Y un adivinador o adivinadora?. Porque de la mujer con poderes de Eslinda Núñez, en Latidos Compartidos, a este de Roque Moreno (ese teñido de rubio, que mal), van kilómetros de distancia. No por la actuación, sino por la forma en la que un personaje y otro usa el “poder adivinatorio”. ¿A quién se le ocurre una cola para consultarse con un “brujo” en público?.

El tratamiento de la niña autista quizás se haya investigado, pero no resulta convincente por los gestos de la menor, ni por como interactúa esa familia que no es creíble ni en la actitud de la abuela, la madre y menos la del padre.

El tema de las parejas abiertas, no tan raras en Europa, habría que tratarlo con lógica y quizás siendo una historia principal por los muchos problemas que puede generar esa actitud en nuestro contexto.

En sesenta capítulos trabajan 65 actores ¿era necesario?. ¿Cómo es posible que existan tantos personajes negativos sin que por lo menos reciban una advertencia verbal?.

Si a esto se añaden sólo atisbos de actuaciones dignas, una mala puesta en escena, una escenografía que deja mucho que desear y una fotografía que si intenta decir algo, no lo logra, no queda más remedio que preguntarse ¿cómo se aprobó este producto audiovisual de tan mala calidad?.

Lo único salvable es la música de David Blanco, con piezas como El avestruz, o Este año que comparte con su hermano Ernesto y Tarde Gris, con Omara Portuondo. Lástima de esfuerzo que se va con el resto de los ingredientes por el caño de aguas nada limpias.

 

 

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