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No me dejo invadir por la nostalgia, pero cada vez que estoy ante un programa televisivo cubano con conductores en vivo me pregunto ¿que harían Germán Pinelli y Consuelo Vidal en ese espacio?.

¿Pasaron escuela de conductores? ¿Existen esos centros? ¿Cómo  se consigue que el conductor no sea la estrella del espectáculo pero forme parte de él de manera visceral?

En el caso de Pinelli y Consuelo habría que apuntar dos detalles: el primero no era para nada “bonito”, pero tenía un don de gente especial unido a una considerable cultura. De ella ¿qué decir?. Fue, es, una flaca con swing y una picardía que la hacía salir airosa de cualquier situación.

¿Estarían bien en la televisión moderna?. No lo sé.  Quizás no, pero ¿dónde están los actuales?. Hay veces que pienso que no es que no tengamos, sino que no queremos dimensionar ninguna figura televisiva y convertirlos en líderes de opinión.

No pienso en locutores con perfecta dicción, articulación exacta, pero que no pueden decir nada que no sea con el teleprompter, no, porque entonces perdería el espectáculo y ese hay que cuidarlo.

Por ejemplo ¿por qué la profesional, audaz, brillante periodista y bella mujer Cristina Escobar ocupó planos estelares y ya apenas se ve?. ¿Qué pasó con Lázaro Manuel Alonso (audaz, brillante periodista y bello) que luego de ser una figura presente en los noticieros casi desapareció y ahora vuelve a emerger?.

Ambos han demostrado en las revistas informativas especiales que son capaces de improvisar y sostener diálogos ¡inteligentes! con sus interlocutores. ¿Por qué no probarlos en propuestas como Sonando o Bailando en Cuba?.

O ¿no han pensado en Luis Silva, excelente conductor de Lucas y del Canal Habana?. ¿Acaso Pánfilo no querría quitarse el disfraz por un rato y entregarnos a Luis el cibernético ocurrente?

Hablo de esos espacios en específico porque están bien hechos, son populares, con alto nivel de teleaudiencia y de gusto. Pero lo que digo es aplicable a todos los programas que lleven un conductor y son en vivo, en los  que los conductores son los ejes por donde gira la propuesta televisiva (los hay buenos).

Estoy convencida que en las dos temporadas de Sonando en Cuba y en la actual de Bailando sus hacedores buscaron rostros “no quemados” en la televisión habitual. Respeto eso, pero ¿les dio resultado?.

Tiremos un  pasillo atrás: el primer Sonando con Carlos Luis González, un excelente Mayor Alex en la serie UNO, no pudo “actuar” un conductor  creíble;  en  la segunda temporada  Jorge Martínez salió airoso  (más o menos) pero Yasbel nunca estuvo en  el papel que se esperaba de ella y en Bailando en Cuba, bueno en mi comentario anterior escribí:

“Los conductores, ay, los conductores ¿es tan difícil ceñirse estrictamente al guión?.  Camila Arteche  lo tiene todo para ser la reina de la conducción de ese espectáculo: muy buena dicción, articula de una manera correcta, es bella, estaba bien vestida e hizo una entrada triunfal, que me hizo exclamar ¡ahora sí!. ¿Por qué desbocarse en el diálogo con el jurado que provocó una mirada de de Santiago que habló por si sola?.

Carlos Solar estuvo bien, ni se tragó la escena, ni fue apocado por nadie, pero junto a Camila y Leo, opinó sobre las parejas: ellos no están ahí para eso, están  para dar información y para opinar los JUECES, excelentes por demás.

En el caso de  Leo Benítez que “ha confesado que estudia cada bocadillo como si fuera un personaje de ficción, lo que tiene que interpretarse a sí mismo”, según escribí  la vez anterior, parece que no se aprendió bien el programa. ¿Por qué ese cancaneo con Susana?, ella tuvo que invitarlo a bailar, y él siempre  dijo lo que pensaba de la pareja que presentó.”

De esta cuarta entrega, segunda de competencia,  sostengo lo anterior y agrego: Camila debe encontrar su justo medio, ella no necesita “luchar” la simpatía, ni reírse de manera forzada,  ella lo tiene todo; a Leo que siga actuando, la conducción no se le da (ojalá me sorprenda) y Carlos, está bien, justo lo que se necesita,  en  un conductor más, no el central del espectáculo. Quizás ese último le quede bien.

De Bailando… ¡me gusta!. Ya hablaré después de la quinta entrega, la tercera de competencia. Sólo apunto algo: ¿han notado que cada vez que termina un programa existe un “todos contra todos” estilo Para bailar y que las coreografías son más de baile popular?.  Para algo sirve tener en cuenta la opinión de los públicos y grabar programa a programa.  De eso escribiré después de la próxima entrega de RTV Comercial, empresa de la Televisión cubana, por si alguien no lo sabe. 

 

 

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