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Las series En silencio ha tenido que ser; Julito, el pescador y El regreso de David, en no pocas personas despiertan nostalgias y han sido retransmitidas en varias oportunidades, con aceptación  de los públicos.

 En  el   caso de la primera fue filmada durante los meses de octubre y diciembre de 1978, y entre enero y marzo de 1979, y se estreno el 26 de marzo, sin terminarse  los doce capítulos que la conforman.

Fue un suceso televisivo. Sentó a este país los sábados por la noche a  ver que sucedía con David.  Su director, Jesus Cabrera,  fundador de la televisión, con experiencia en programas policiacos, en una entrevista que me concedió cuenta:

“Un día van a mi casa dos compañeros del MININT para decirme que hacía falta que dirigiera un programa como homenaje al XX aniversario de la constitución del ministerio. Les dije que sí.

Me hablaron de «Sector 40» y les dije que no, que íbamos a hacer algo nuevo, si hay muchos casos y otras cosas que hacer en el ministerio. Entonces entró a trabajar con nosotros Abelardo Vidal y después Nilda Rodríguez. Nos reunimos y salió la idea de hacer un serial de 12 capítulos. Después expresé que haríamos 12 programas, uno por cada mes del año. Buscarle el nombre fue el gran problema. Un día estábamos conversando y pasó un compañero que le decíamos Pancho y nos pidió que no buscáramos más y pensáramos en Martí. Nos miramos todos y coincidimos en la carta a Manuel Mercado. De ahí salió «En silencio ha tenido que ser».

Al principio yo decía que era un nombre muy largo, que lo dejáramos en «En silencio». Tenía la mentalidad capitalista de que los nombres largos no se pegaban; pero me convencieron

de que no era tan largo como «En silencio ha tenido que ser –por lo que venía después–, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas». A partir de ahí le cogimos un

amor y un respeto a esa expresión que nos impulsó a todo el equipo a hacer un serial con la calidad que salió, a pesar de todos los inconvenientes que teníamos en aquella época, pues

la técnica era muy mala. Hasta se pudo conseguir una cámara, creo que una 79. Cuando se rompía, corríamos todos. Yo dejé de trabajar por ella. Me pasé seis meses sin dormir.

¿Cómo seleccionaron a Sergio Corrieri y a Mario Balmaseda?

A Sergio porque conocíamos su calidad como persona, lo que había hecho en el Teatro Escambray, su calidad como actor y responsabilidad como dirigente, más su prestigio como revolucionario; porque además siempre defendimos la integración étnica, particularmente yo.

Siempre procuraba que hubiera un negro, un blanco y un mulato  (…)  Pusimos a Reinier por ser mulato. Traje de Santiago de Cuba a un actor que enseñé a dirigir, Félix Pérez, como actor y mi asistente de dirección.

Los demás los escogimos en el grupo. Te dije que me pasé seis meses sin dormir porque empezamos en noviembre de 1975 a trabajar. Me fui a hacer la presentación al exterior en diciembre. En ese tiempo ya tenía dos programas hechos sin editar. Regresamos y nos levantábamos muy temprano. Siempre lo hacíamos a las siete para empezar a las ocho. Trabajábamos mientras hubiese luz, porque «En silencio…» era casi todo en exteriores, excepto las reuniones, que hacíamos en oficinas y muchas veces dentro de los carros, tratando de no trabajar de noche porque no teníamos luces. Por la tarde, después de las cinco, nos reuníamos en una casa que teníamos en Calzada y discutíamos el otro programa que todavía no se estaba haciendo.

A las ocho de la noche venía a editar. Muchas veces unía el día con la noche. Vine a respirar cuando tenía cuatro programas editados y aprobados por todo el grupo.

¿Cuando estaban haciendo «En silencio…» pensaron que sería una obra que cuarenta años después sigue gustando?

Te confieso que no. El objetivo era que la Seguridad del Estado ganara prestigio con el pueblo, porque en aquella época decir G-2 impresionaba. Ahí fue cuando el pueblo empezó a amar al G-2, a la Seguridad y al MININT, mas nunca pensamos que tuviera el éxito tan rotundo que tuvo.

Yo siento que en los guiones de «En silencio…» como en los de «Julito,…» se retrataba mejor a los agentes que ahora. ¿Por qué?

A nosotros nos preocupaba que fuéramos a diseñar un oficial y un agente mecánico, porque ser oficial y agente de la Seguridad es la misma cosa, al nutrirse uno del otro. El oficial no hace bien su trabajo si no tiene un agente que lo respalde.

Pensando en esto, un día hablé con Roberto Fabián Escalante y le dije que necesita confrontar lo que estábamos haciendo y diseñando con los agentes. A partir de esa tarde tuvimos siete días de conversaciones con varios de ellos. Entrevistamos a 60, y de ahí salió Julito, David y Reinier.

¿Pero por qué ellos son seres humanos y en los programas policíacos hechos después se ha perdido eso?

Porque nosotros aplicamos la realidad en todos los casos. Cuando yo entrevisté a René de la Cruz para el Julito, que fue un personaje que salió «En silencio…», me dije: este hombre va a hacer Julito; pero además ya yo había entrevistado al verdadero Julito, que es Juan Saích, y vi la yuxtaposición entre los dos. Ambos eran unos cubanos naturales. Saích era un hombre analfabeto con una inteligencia brutal, y se le ocurrían muchas cosas; eso fue lo que confundió al enemigo.

Hay una frase de él que nosotros la pusimos. Muchos compañeros la rechazaron, y nos fajamos porque apareciera. Es cuando hay una reunión en un club y uno de los complotados le dice a Julito –en ese caso a Saích–: ven acá, eso que tú estás diciendo es seguro. Y él le respondió: mire, compay, seguridad aquí, la hay to’ el tiempo. Confíe en mí. Se estaba refiriendo a la Seguridad cubana que estaba detrás de todos ellos. Ya te digo: nosotros humanizamos estos personajes con los cuentos que nos contaron los compañeros del MININT, los agentes… Yo de jovencito me leía a Simenón. Todo lo que me caía en las manos me gustaba, y de hombre me siguió gustando. Cuando tuve la posibilidad de dirigir un programa que fue «Esta noche a las 9», lo hice con un amor increíble. Es el género que más me gusta, no solo como director, sino en mi lectura. Tengo casi todos los clásicos en mi casa.”

En  1991, varias veces retransmitidos,  salió Su propia guerra, de 29 capítulos, en dos partes con guiones de Nilda Rodríguez y Antonio Joaquín González, que tuvo un altísimo nivel de gusto y de teleaudiencia. Formó parte del programa Día y noche.

Nilda me  confesó en  una entrevista:

Como ya sabes, mi comienzo fue con el tema del trabajo de la Seguridad. Cuando surgió Móvil 8 me acerqué al trabajo de la Policía que, aunque tiene sus puntos comunes con el otro, también se diferencia mucho por tratar temas del delito común, sondear los aspectos más sórdidos de la sociedad. Me permitía trabar conflictos diferentes que podían ser muy útiles para la prevención. Su propia guerra fue como la culminación, en ese momento, de mis aspiraciones para ese espacio. Con la experiencia del David de En silencio…, sabíamos que el personaje del agente secreto cala muy hondo en el televidente y en una serie, permite tratar su historia, contradicciones, riesgos, momentos de riesgo, conflictos familiares… Trabajé el personaje del Tavo con toda esa carga que estaba necesitando expresar. Se incorporó entonces Tony Joaquín González y juntos íbamos tejiendo la madeja de situaciones con la información que nos daban los compañeros del MININT. Fue también una forma de hacer muy particular porque escribíamos al mismo tiempo uno u otro capítulo, poniéndonos uno la otro acertijos que debíamos resolver. No había en esos momentos computadora ni correo electrónico, nuestros teléfonos no paraban. Contamos también en ese caso con un equipo de excelentes actores que dieron vida a nuestros personajes aportándole lo suyo. Fue una serie realizada por dos escritores y tres directores en la que creo que no se ven mucho “las costuras” como decían nuestros maestros de la TV. Hicimos una primera parte de 10 capítulos y Tony y yo nos proponíamos dejar pasar un tiempo y escribir una segunda temporada pero la presión por parte de público, actores y la propia jefatura del MININT fue tanta que asumimos casi de inmediato la segunda parte que nos obligó a hacer miniseries de cuatro o cinco capítulos para que resultara creíble la participación del Tavo en tan diversos casos, habíamos agotado muchos temas en la primera parte monotemática.

El producto más reciente que despierta mi nostalgia, es UNO, Unidad Nacional Operativa,  dirigido por Roly Peña, sobre esta propuesta no lo he entrevistado pero sí sobre otra propuesta similar:

¿Por qué el policíaco? No solo tienes «Patrulla 444»

Acuérdate que vamos a partir de la producción. No siempre uno hace lo que quiere, sino lo que puede. El policíaco para mí es la propuesta donde más te deja trabajar con el lenguaje moderno. El dramatizado tiene un tiempo. El policíaco, por su propio código, que es persecución, intriga, un poco de violencia… te deja trabajar; es decir, es como un poco el videoclip que te da una libertad al expresarte. Aunque el  público pone el lenguaje, acepta lo que tú le pongas. Cuando se lo repitas cuatro veces, lo entiende y lo acepta. En el dramatizado, para cambiarle su forma de contar la historia, tienes que tener cuidado y cambiar poquito a poquito.

La gente que se marca por código no puedes decirle ahora: esto va diferente, no te lo va a aceptar. Primero, porque empieza a ver de qué va. Después es que empieza a entender a partir del capítulo 30. Dice: ¡ah!, es que es así. Al televidente no se le puede molestar, porque ese que tú tienes todos los días en tu casa, cuando asiste al teatro, sabe que va a enfrentarse a algo que él con voluntad va a ver. Después puede decir que no le gustó, pero no sale ofendido. El televidente sí se ofende, está dentro de su casa. Es su espacio, es su tiempo. Tú eres quien invade. Entonces, al cambiarle el lenguaje a ese público, tienes que hacerlo poquito a poquito. Yo lo he hecho en mis series. He cambiado formas de edición, pero sabiendo…, y he tenido formas que todavía están pendientes, pero sé que no es el momento, por ejemplo, porque te falta. Es como la música. Vas educando al oído para escoger la música más compleja. Cuando vienes a ver, de lo que empezó a oír a lo que está oyendo hoy, la diferencia es abismal. Poco a poco es mi hipótesis.

¿Qué sabor te dejó «Patrulla 444»?

Muy bueno. Lo primero que voy a decir es que en las condiciones actuales que está la televisión cubana, creo que ese tipo de proyecto es lo que se debe hacer: coproducir.

Vamos a hablar de producción porque el dinero vale siempre. Aquí el ICRT puso el dinero, puso la técnica, y todo el dinero que el ICRT no tiene lo puso el MININT. ¿Quieres que te diga una cosa? Increíblemente fueron más receptivos los compañeros del MININT que los del ICRT. Creo que le daban más importancia. También es una obra que tiene que ver con su trabajo, pero fueron más receptivos, más considerados, más respetuosos con el trabajo que el propio ICRT.

Y el policíaco…, ¿cómo lo haces en un patrullero si él no investiga? Eso es parte del policíaco: la investigación. Si el patrullero tiene el área limitada, cinco cuadras, no puede hacer persecución. El patrullero no está para meterse en una bronca ni maniatar a la gente. ¿Cómo haces un policíaco en un patrullero? Ese fue el primer reto, y dijimos: vamos a hacerlo. Entonces lo que hicimos fue una coordinación con varias áreas del MININT y ver de qué manera le dábamos salida sin que no tuvieran instructor. Le empezamos a inventar sucesos a este patrullero bajo condiciones de la ley de la policía donde ellos puedan participar, y les tocamos entonces un poco el tema personal. Tú sabes que la telenovela parte de ese chisme.

Al tocarle su vida humanizas al policía, que era una gran crítica que tenía la población; y ahí sacamos el policíaco. Hicimos un mejunje de elementos que podían funcionar sin hacer estrictamente los códigos del policíaco, porque no hay maneras de hacer un policíaco en un patrullero. En esto hay contradicción en las investigaciones: la policía no llega hasta que aparece un patrullero, aunque haya 10 policías en el lugar. La población, cuando llega un patrullero, dice: llegó la policía.

He citado a los protagonistas detrás de la cámara de espacios que aún despiertan  no sólo mi nostalgia, sino la de numerosas personas  que gusta de los programas policiacos. En el caso de UNO, se repitió lo que sucedió con En silencio ha tenido que ser: el mayor Alex era un hombre tan atractivo, como David y en los dos casos,  utilizaban sus encantos viriles, incluso con sus compañeras ¿es eso malo?.

¿Por qué en Tras las huellas  los oficiales y los técnicos son tan impolutos  que parecen de mentira? ¿Por qué si en todos los casos hubo asesoramiento (es lógico) del Ministerio del Interior y cada guion partió de hechos reales, en unos te cautiva la naturalidad de las escenas y otros no? ¿Por qué Renier y David podían abrazarse y uno regañar al otro como su fuera un niño? ¿Por qué Tavo es un tipo que se codea con el “ambiente” y hasta salva a amigos que delinquen? ¿Por qué Villazón reía normal,  con Cesar Évora  y este último era amante de la hermana de Tavo? ¿Por qué no reflejar en  algún programa el caso de algún policía sancionado por incumplir con la ética?

En fin ¿cómo usando los mismos ingredientes, las mismas fuentes argumentales y persiguiendo los mismos objetivos, en unas propuestas el entretenimiento con altos valores estéticos forma parte de la realización y en otros no?. ¿Por qué se hacen programas excelentes y otros que sólo llenan huecos en la parrilla?. Y para colmo ¿por qué se retransmiten Tras la huella en Cubavisión, el Canal educativo y creo que hasta Cubavisión Internacional?

 

 

 

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