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El inicio de la trasmisión de la televisión digital  en Cuba no es un capricho de ejecutivos del ICRT o de funcionarios gubernamentales, es una necesidad imperiosa para no quedarnos sin esa señal que llega a las pantallas de nuestras casas.

Luxemburgo fue el primer país en realizar la transición  televisiva de analógica a digital en el 2006. Después de ese pequeño principado todos los Países Bajos, los Estados Unidos y otro importante número de naciones europeas  ya sólo consumen la televisión digital.  En EEUU se pasó de un sistema a otro del viernes 12 al sábado 13 de junio de 2009, y  cerca de tres millones de hogares no estaban preparados para el tránsito, a pesar de que el presidente Barak Obama había liberado una cantidad de dinero destinada a bonos de conversores digitales, lo que en Cuba llamamos cajitas.

En otros países el cambio ha sido paulatino, a veces por ciudades o en algunos casos, abriendo canales. Esta tecnología permite que existan una buena cantidad de canales y todos con una calidad de imagen asombrosa si se compara con la analógica.

Actualmente, se ensamblan televisores en nuestro país y se fabrican cajitas que permitan sintonizarse con diferentes tipos de televisores, las que, en la medida que aumente su producción, podrán comprarse más baratas (o menos caras) que las actuales.

Estoy convencida que de existir otra situación financiera en nuestro país ya se habrían fabricado suficientes conversores y también la señal digital llegaría a todo el territorio nacional, pero no Cuba, el planeta vive un agudo período de “vacas flacas” que obliga a medir en que se invierte cada centavo.

Si no se empiezan a dar los pasos en ese sentido a la vuelta de diez años (o menos) no se podrá comprar ni cámaras, ni balitas, ni trasmisores de tecnología analógica. Su era pasó y en  todo el planeta se hace el tránsito  de una tecnología a otra, y, ojo, esto no sólo implica un cambio de equipos, sino una revolución en la manera de captar una señal y trasmitirla, para la que se tienen que preparar los técnicos y todos los accesorios al producto televisivo.

Recuerden los que la vieron, hicieron o disfrutaron que en la tv en blanco y negro se podían usar  colores de vestuario que no combinaran, ropa vieja siempre que no estuvieras rasgada, que hubiera  una silla pintada de verde y otra de rojo, sólo había que buscar tonos adecuados,  y se brindaba una buena imagen matizada de negro a grises, a blanco.  

La televisión digital descubre el grano escondido en el párpado derecho del locutor, o el filo de la uña mal pintada, o el borde descarañado de una mesa linda en apariencias. Ese es el tremendo reto del Canal Caribe, que a manera de prueba, se trasmite por el HD1, todas las noches de 8 y 30 a 11 y 55.

Empiezo por reseñar la agradable sorpresa que representó ver programas donde se conjugan análisis, buena imagen y opinión como Mundo económico con   Maricela Recasén  y Aglaya Diaz, bien preparadas y que presentan, por ejemplo, al experto  Dr Ramón Pichs hablando del cambiante mundo del petróleo.

De igual manera resultan coherentes y atractivos Justo en la diana con Diana Valido, A dos voces con Yenis Laura Prieto; Cartas sobre la mesa,  con Lázaro Manuel Alonso; El mundo ahora con Cristina Escobar y Luis  Miguel Cabrera además de La noticia en la red, con Humberto Lopez y Fidel Toranzo.

Ábaco,  que cumple con su eslogan “donde todos contamos la ciencia”, es presentado y conducido por Diana Rosa Schlachter,  que también lleva muy bien La fórmula de la vida,,  programa sobre uso y preservación de los Recursos Hidráulicos y dedicado al agua, futura causa de guerras.

En todas estas propuestas, presentadores y presentadoras,  en su mayoría jóvenes,  usan, casi siempre,  ropa con colores apropiados, buen maquillaje y los set digitales son atractivos. Aplausos para su concepción y desarrollo.

Por Cuba, reportajes hechos desde los telecentros, depende de quien lo haga: el de Santiago de Cuba estuvo estelar. La programación de cambio no sólo es linda, sino que juega con nuestra idiosincrasia por colores y música, y anuncios muy bien hechos de los programas que se verán en el canal.

Pero, no todo en Caribe hace que disfrute.  Noveno inning desde el logo, con letras cortadas a la mitad, me da la sensación de descuido, también por los colores del set  que no ayudan para nada a los conductores. El “rincón” de los invitados está mal iluminado y la mesa fue retocada, bien por los colores, pero no es  destacable en  el conjunto de Caribe.

No se por qué también el noticiero cultural  Arte 11, se ve muy por debajo que Mundo económico, por poner un ejemplo. En este caso, confieso, que siento la pérdida de minutos que se pueden dedicar a asuntos álgidos de la cultura y que todo se queda en la superficie. En un minuto de televisión se pueden decir muchas cosas, lo demuestra la Sección contrapunteo, del Noticiero cultural. El miércoles se estaba hablando del patrimonio y se saltó, así, sin motivo, al turismo cultural.

Sensación de relleno me han merecido largos reportajes o documentales sobre temas históricos, realizados de manera plana y poco atrayente. Y un detalle: en la programación de cambio que se van sucediendo imágenes y palabras, justo detrás del vocablo  cultura, viene una invitación a conectarse a facebook ¿no se puede quitar?.  Aclaro: en FB se puede encontrar cultura, pero es hallar una perla en un solar.

Las crónicas de Julio Acanda (alabadas por mí en más de un texto) ¡hay que variarlas!. Ya conozco  de memoria la excelente pincelada con la lectora de tabaquería, por sólo citar un caso.

En lo personal he confrontado otro problema: no se puede grabar Caribe y ver otro canal, ni a otro canal y ver a Caribe. Y no soy yo, ni mi televisor. Estoy acostumbrada a ver un programa y grabar otro (porque ambos me interesan) en los otros seis canales.

Y bueno,  hacedores del benjamín de la televisión, si no desean perder televidentes inteligentes y astutos, excelentes médicos, mejoren la iluminación en general. Es evidente que hay luces mal puestas porque se ven marcas blanquecinas en distintos momentos pero iguales pantallas led.

Estas son valoraciones realizadas cuando Caribe tiene solo nueve días, y es casi un nonato. Espero y confío en que cambie para bien, que siga nutriéndose de jóvenes y buenos periodistas, junto a los más hábiles y experimentados del Sistema Informativo, porque la meta es lograr que sea en conjunto un gran espectáculo informativo. 

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