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El pasado año en una  visita a la provincia Granma  conocí San Pablo de Yao donde nació 25 años atrás, un 15 de enero, la Televisión Serrana. Entonces dije: “Allí donde el oxígeno se respira por kilómetros cúbicos, en el mirador, la realizadora Kenia Rodríguez ofreció la bienvenida ritual a quienes se empinan hasta las nubes serranas.”

Y espero respirar pronto ese oxígeno junto a un grupo de locos que un  cuarto de siglo atrás fundaron esa televisión genuinamente comunitaria.  Hace un  tiempo entrevisté al gran jefe indio de las serranías, Daniel Diez,  que me dijo sobre qué significó aquella experiencia para  él  “Fui alfabetizador Conrado Benítez en las montañas de la Sierra Maestra y me marcó para siempre. Ver de cerca sus vidas y convivir con sus alegrías y penurias ha sido imposible quitármelo de la mente. Incluso, gracias a esto no solo pienso en los campesinos de la Sierra, sino que me han ayudado en mi trabajo de compenetración con el mundo indígena de Latinoamérica y el mundo al que llevo años entregándome.

Debo agregar la posibilidad que me daba para poder experimentar nuevas formas de hacer televisión apartándome de los cánones establecidos y de la inmensa cantidad de personas que parece que trabajan y realmente solo viven de los programas que hacen los  realizadores. Era también tener una mirada del país desde una comunidad serrana y por tanto aislada. Era, en fin, la posibilidad de demostrarles a esos serranos la importancia de sus vidas y su entrega al trabajo, y mostrar los elementos culturales que poseen esas zonas del país haciendo comprender al resto de la nación que esas tradiciones y mitos que conforman parte de la nacionalidad cubana no deben dejarse de tener en cuenta. Por supuesto está Martí y su obra, en especial “Maestros Ambulantes”. La televisión serrana siempre la pensé como un proyecto cultural y lo sigue siendo. Por suerte y a pesar de muchos.”

Al preguntarle ¿Qué te aportó como profesional esa experiencia?, me confesó “Pude conocer mejor a los seres humanos, y me dio la oportunidad de contar historias alejadas de los centros urbanos. Me ayudó a tener una mirada más profunda, más cerca de las esencias.

Me enseñó a entender mejor la naturaleza y su lenguaje que muchas veces no sabemos descifrar, aunque constantemente nos esté lanzando mensajes.

Me demostró que aunque tengas buenas ideas siempre aparecerán los miembros de la “Comisión Nacional de Obstáculos” para decir que no se puede, que no es el momento o que no hay condiciones. Debo destacar que cuando nadie creía o no estaba de acuerdo, Ismael González (Manelo) que era presidente del ICRT sí me apoyó, pero no tenía recursos para llevar adelante la idea y me facilitó el contacto con la UNESCO.”

Daniel obtuvo el premio Las cámaras de la diversidad para proyectos de investigación sobre audiovisual comunitario y, en especial, indígena y afrodescendiente en Latinoamérica y el Caribe, convocado por la Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe de la UNESCO y la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (FNCL), con su proyecto de investigación es “La Televisión Serrana: una experiencia audiovisual comunitaria”. Le pregunto por qué le otorgaron el lauro y me contesta: “El propósito de esta investigación es poder mostrar, en blanco y negro la obra de la TV Serrana que tiene como premisa el trabajo Audiovisual Comunitario y Participativo, y que desde hace 19 años funciona en las montañas de la Sierra Maestra, en la localidad de San Pablo de Yao, del municipio de Buey Arriba de Granma situada en el extremo oriental de la Isla de Cuba y visibilizar, el impacto cultural que ha tenido para esa comunidad y la sociedad cubana su obra documental, y una serie de iniciativas socioculturales ligadas a la vida de los habitantes de esta comunidad.”

Otro hombre de las serranías es Waldo Ramirez de la Ribera, quien la responderme una pregunta aseveró “En principio fue justo eso: una aventura. Desde el 3er año de la carrera universitaria había formado parte de un Grupo de Promoción Cultural integrado por estudiantes de especialidades de humanidades y ciencias, quienes implementamos un sistema de prácticas laborales por término de 45 días en la zona del municipio de Guamá, en Santiago de Cuba. Este es el municipio montañoso costero que incluye pueblos como Chivirico, Uvero y Ocujal del Turquino. 

La experiencia de promoción cultural en esta zona fue muy importante para mi vida. Me aportó elementos no solo de carácter físico en tanto habilidades para escalar montañas, pescar, remar, hacer largas caminatas etc., sino que además me mostró una zona del país bien desconocida para mí. En este período tuve la oportunidad de escalar dos veces el Pico Turquino, cuestión que ya había realizado al mudarme a Bayamo con solo 13 años como miembro de una Columna Nacional que celebraba la sede del acto central por el 26 de Julio en Granma; era 1982 y yo era Vanguardia Provincial de la Organización de Pioneros José Martí.

En estas andanzas serranas aprendí a conocer gente muy humilde, pero muy sincera, colaboradora y agradecida del proyecto revolucionario. Eran los años en que se desmembraba el campo socialista y comenzábamos el llamado período especial (entre 1989 y 1992).

Aquella zona, como básicamente toda la ruralidad aunque el impacto mortal haya sido a todo el país, sintió con mucha fuerza los embates de la crisis. Dicha experiencia me ayudó a entender que solo en los propios seres humanos están las fuerzas necesarias para sobreponerse a cualquier situación por difícil que sea. También por aquellos años comprendí tempranamente algo que luego la TV Serrana me ayudaría a desarrollar: el trabajo de promoción cultural comunitario no podía ser una invasión, ni la implementación de un módulo tipo, repetitivo de lugar en lugar, de comunidad en comunidad. El trabajo cultural comunitario debía ser en esencia un aprendizaje mutuo de promotores y actores comunitarios; debía ser un puente de cruzamiento de informaciones, mediaciones, saberes, esencias culturales. Un promotor cultural lo primero que tenía que tener claro era que debía acercarse a la comunidad a aprender de ella y en esa aprehensión de conocimientos poner a funcionar los de él en aras de aportarlos y provocar crecimiento mutuo.”

Waldo agregó “Por eso y con la carga de mi experiencia universitaria, el aire aventurero volvió a soplar y hasta la Sierra Maestra no paré. Siempre me dije, aquí estaré un par de años, luego veremos; al final estuve 12 años.  

La necesidad de aprender a dominar las herramientas del audiovisual y en específico las de realización del documental, hicieron de los primeros años en la Sierra un lugar casi de películas. Desde allí conocí el país, desde allí frecuenté los principales festivales nacionales, desde allí estudié en más de cinco talleres internacionales en la EICTV y desde allí también tuve mis primeras experiencias internacionales. Todo un primer período de mucho aprendizaje que en menos de tres años comenzó a dar sus primeros frutos colectivos.

Pero la TV Serrana desde el primer día fue más que eso. Por un lado fue un espacio donde aprendimos a respetar la creación y a los creadores; un espacio que nos permitió pensar y debatir; un espacio que se nos abrió a la posibilidad del pensamiento; un espacio para opinar y discutir no solo nuestra obra, sino todo lo que nos rodeaba y golpeaba como realidad local y nacional y sobre todo, nos permitió hacerlo desde la premisa de que la total libertad implicaba un mayor compromiso y responsabilidad con la obra creadora y con la obra social en la que estábamos inmersos. En la TV Serrana aprendí a valorar el papel social del arte y la necesidad de que los artistas se comprometan socialmente con lo que hacen. 

Por otro lado y en paralelo, o sea, como proceso que se gestó a la par de lo anterior, la TV Serrana significó desde el primer día el respeto a la sabiduría campesina, el respeto a la cultura del campesino. Si algo trascendental, sin autosuficiencias, se le pudiera adjudicar al proyecto de TV Serrana (más allá de sus reconocidos méritos audiovisuales) es haber abierto un espacio para la participación ciudadana de los campesinos de ese entorno. Dicho espacio partió siempre del reconocimiento a sus valores, a su cultura; de ahí la necesidad de que los campesinos fuesen los actores activos de dicha obra.

Para finalizar esta pregunta agrego que la TV Serrana me permitió conocer y aprender del sonidista y realizador Daniel Diez, quien fue el padre, el gestor de dicho proyecto. Desde su ejemplo cotidiano supo transmitirme todo lo que anteriormente he dicho y contribuyó a forjar, de modo muy especial, lo que hoy soy.” Rigoberto Jiménez, cineasta cuenta  “Cuando me gradué en la universidad, plena crisis del Periodo Especial, 1992, debía regresar a mi pueblo en medio de la Sierra Maestra, justo en ese momento salía la convocatoria de Televisión Serrana, algo sobre lo que no había mucha información y a la que acudí con esperanzas e incrédulo también, pero en los exámenes de aptitud salí entre los que pasaríamos el entrenamiento para trabajar en las comunidades de la Sierra haciendo documentales. Luego de tener la certeza de que era real el proyecto, comenzamos a aprehender un nuevo lenguaje, sobre todo con el método de aprender haciendo, así entrenamos la mirada, aprendí a contar de una forma diferente, a narrar desde las imágenes y el sonido. De esa manera comenzó todo, me hice documentalista  (…) fue pura coincidencia y una gran suerte, de no haberse dado todas estas coincidencias, yo no hubiera coincidido con Televisión Serrana, creo que es una de las pocas veces en que el fatalismo geográfico actuaba a favor y tiene mucho significado para mí, haber comenzado en un proyecto como ese, con tanto humanismo y tan claro en sus objetivos.”

Esos tres testimonios  son  más que suficientes para acercarnos a los cinco  lustros de que en San Pablo de Yao se dibujan con imágenes, luces y sonidos las esencias de la Sierra…

 

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