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En una nota que escribí sobre la telenovela Lado a lado terminé diciendo “a los lectores que me preguntan por En fin, el mar les adelanto que cada día de su trasmisión  me pregunto por lo menos ¿donde está Elena?, en  fin no el mar, creo que han logrado lo difícil: hacer que no pocos televidentes añoren En tiempos de amar…  Ya escribiré de esa propuesta, me prepararé para ello.”

La he visto cada lunes, miércoles y viernes. Cuando estoy muy tensa la grabo mientras sintonizo Arma letal, Chicago fire o  Venganza porque si el día ha estado muy cargado no puedo aprehender En fin, el mar,  a pesar de que la fotografía me lleve a las olas y la inmensidad azul,  de ese mar que lame o mordisquea a Cuba en todo su contorno.

 

Por ese amor infinito que siento por la sustancia que ocupa un buen  por ciento de este planeta, llamado tierra,  debería enfrentarme en estado de relajación  a la telenovela dirigida por  Carmelo Rubio con  Eddy Quintero en la dirección de fotografía, sobre un guion escrito  por Eurídice Charadán y Osvaldo Huerta.

Pero después de  los primeros capítulos (ya va por el 29) no puedo ver con placer esta historia de Romeo y Julieta a la cubana, llena de diálogos insustanciales,  con escenas alargadas por momentos  y en los que ni uno de mis actores preferidos, Enrique Molina, se salva de clichés y estereotipos.

Precisamente que Molina no esté todo lo bien que él puede estar (recuerden sólo su Silvestre Cañizo en Tierra Brava o Lenin en El carrillón del Kremlin)  me da la medida  que además de un guion no convincente, la dirección  de actores no fue buena.

Y esto lo pagan los nuevos rostros. Sobre Dalayti Martin,  Marina (Julieta) encontré estos comentarios en textos que se han publicado:

 

Un lector (Jose Luis Milan Herr 07-03-2018 15:39) escribió  “Bueno amigo mío pienso que la belleza de Actriz que está haciendo el papel protagónico, es una de las más bonitas en estos momentos de la TV Cubana, y todo le queda bien desde el pelo hasta los vestidos que se pone , para mi que haga más novelas” y otra  (Observadora 2018-03-20 16:07) afirmó “la actuación de la que hace de Marina es pésima, no se en que estaban pensando los que hicieron el casting, al igual que la que hace de Ángeles, por lo demás está un poco aburrida, le falta sazón”

Ambas opiniones son acertadas: Dalayti es una mujer que televisa muy bien y hoy no abundan  esos rostros en nuestra pantalla, pero su actuación es…pésima. No es para menos ¡si Molina no está bien! ¿Cómo lo va a lograr esta muchacha, graduada de música, que sólo ha hecho pequeños papeles y aquí es la actriz protagónica? . A esto se le añade ¿Por qué vestidos largos en la playa, incluso blancos?. Necesita otra prueba delante de las cámaras para ver si puede ser más que una mujer atractiva.

A su vez Alberto Joel, un mulato que para el tránsito, que tuvo credenciales de primera en  el filme  Habana blues de Benito Zambrano, pero se robó al público cubano con  la interpretación de Victor, el albañil de la telenovela Cuando el amor no alcanza, no está a la altura de un Romeo pescador que logra el amor desesperado de Julieta (Marina).

Filmada en Cojímar y a Batabanó, los exteriores, generalmente son los mejores momentos de En fin, el mar. La nueva obra de la Casa Productora de Telenovelas cuenta con 71 capítulos de unos 43 minutos de duración y  aparte de Molina, Joel y Dalayti, trabajan entre otros actores y actrices: Rogelio Blain , Manuel Porto, Yanet Corzo Díaz, Rolando Chiong (hijo), Danae Hernández Reyes, Erdwin Fernández,  Heron Vega, Laura Moras, Leidis Díaz, Yasmin Gómez, Carlos Massola, Roberto Faxas,  Susana Ruiz,  Joao Padilla, Félix Beaton, Yailin Coppola, la joven Belissa Cruz Pupo más  los debutantes  Leivy Rosy Carrillo Valle, Zenia Bell Clemente y Pedro Luis Palma Hernández.

Ninguno  es Yía Caamaño, la mala, mala, malísima de En  tiempos de amar,  que por el guión,  la dirección  de actores y el trabajo de su personaje dejó de ser Yía, para ser Elena.   Si con  En fin, el mar se quiso matizar  y que no hubiera ningún malo, malo,  malísimo, ni nadie bueno, bueno,  buenísimo, huyendo de los personajes maniqueos, no logró tener la garra para mover el debate en parte del público.

Aunque leí que el título lo relacionan con un poema de Nicolás Guillén,  me recuerda  demasiado a Al fin, el mar, un largometraje, coproducción argentino-cubano del director rioplatense Jorge Dysze.  Ese filme fue la primera película cubana con audio descripción para espectadores ciegos y débiles visuales

Y casi termino citando a mi colega Maikel José Rodríguez Calviño del  Periódico  Escambray de Sancti Spíritus:

“¿Se ha detenido usted a escuchar la letra que acompaña el cierre de En fin, el mar? Le invito a que la repase. He aquí un fragmento:

Desde niño aprendí el respeto a los mayores/ En la casa soy yo quien lleva pantalones/ Que mujeres y niños deben respetarme/ Pues soy yo quien trabaja y puede alimentarles./ Cuida’o con protestar, pues la disciplina voy a aplicar.

De ser posible, escúchela hasta el final. No le sorprenderá descubrir que se trata de una clase magistral de hegemonía masculina, de un decálogo del machismo más acérrimo. Ni tan siquiera encontramos un deje sarcástico, un matiz irónico que nos permita interpretarla como una crítica a las estructuras de poder que definen al orden patriarcal y, según parece, son abordadas por la telenovela. Antes bien, el protagonista de la canción se vanagloria del papel que desempeña en su núcleo familiar. Él garantiza el sustento económico, él lleva la comida a la mesa, él dictamina y controla.

Más adelante, el mismo “personaje” añade sin tapujos: En el trabajo, en la casa, y hasta frente al televisor/ Yo soy el que lleva el mando/ El que soy, el que más sabe, el que conoce la clave, el bárbaro controlando/ El que da la conclusión en la casa…/ El que decide cuándo es que se acaba/ El que te calma si te pones brava.

Su poder no conoce límites. Hasta el mando del televisor le pertenece. Ante la posibilidad de una rebelión, de una voz irreverente, no dudará en aplicar la violencia. Acepta sin reservas el papel de pater familias proveedor, censor, decisor, que el propio orden patriarcal le adjudica, sin percatarse de que ese rol implica, en sí mismo, un acto de violencia simbólica circunscrita a determinados roles y espacios de género.

¿Cómo es posible que un producto audiovisual que acusa la violencia hacia las mujeres y niñas, y que promueve el empoderamiento femenino, cierre sus capítulos con una canción así? ¿Hubo, acaso, un interés del compositor por apoyar la historia reflejando en la canción problemáticas abordadas en ella? ¿Quedó esa intención lo suficientemente clara y fue resuelta de la manera más efectiva posible? ¿Alguien comprobó la correspondencia entre argumentos y tramas en relación con las canciones que habrían de acompañarlos? ¿No vivimos acaso en una nación inmersa en una campaña contra todo tipo de violencia de género?

Luego, como broche de oro, el estribillo: Ese soy yo. Y si no te gusta, pues bajando… Y si no te cuadra, sigue caminando. El personaje se regocija en su papel de macho alfa. O aceptas sus prerrogativas y las obedeces, o te silencias, bajas la vista y abandonas su territorio. ¿No es suficiente el altísimo nivel de chabacanería y vulgaridad que nos tritura los oídos todos los días en gran parte de los espacios públicos como para tener que escucharlo también en espacios televisivos estelares consumidos por miles (que no millones) de cubanos? El registro lingüístico más apegado a lo vulgar, ¿no debiera reservarse para otro tipo de productos audiovisuales destinados a públicos más específicos, máxime si tenemos en cuenta que la telenovela cubana es actualmente vista por individuos de todas las edades?”.

No añado nada más sobre el texto de la canción de Bonne. Y… leí que a En  fin el mar, lo seguirá Más allá del límite.  Me parece muy  bien que la Casa Productora de la televisión haya logrado colocar uno tras otro tres estrenos de obras cubanas. La que viene estará dirigida por  Miguel Brito (dejó un buen recuerdo con Punto G)  con la codirección de Rafael «Felo» Ruiz, y el guion de Yoel Monzón Monzón, con un  elenco reconocido. Crucemos los dedos para  que al resultado de tres obras nuevas  pegaditas  (lo que no sucedía hace tiempo) se una  calidad aplaudible, por lo menos en el tercera.

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