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Se acaban los sábados de De amores y esperanzas, sus 13 capítulos dejan el sabor de haber disfrutado de intensos conflictos humanos que se interrelacionaban en un bufete colectivo, con profesionales no exentos de enredos, ambiciones y vidas familiares propias.

Al comenzar la segunda temporada su directora y guionista me dijo “le pongo punto final a la serie pues he tenido que esperar demasiado tiempo, no solo yo, sino el público que es para quien se hace y esto no es lo adecuado en las series pues se supone que entre una temporada y otra no debe pasar más de un año y ésta, a pesar de tenerla escrita en tiempo, ya ves lo que ha demorado. Ahora –agregó- abordo casos un poco más duros en cuanto al conflicto humano y créeme que los pongo bastante pálidos con relación a los reales, pero creo que es el deber del artista cuando trata de reflejar la realidad de su sociedad, pues todo aquí no es “realismo sucio” que parece que es la tendencia que más le gusta recrear a la mayoría de los realizadores. Hay tantos conflictos humanos que también nos impiden avances en todos los sentidos que el país se propone, que creo se debe hablar de ellos.”

Puntualizó que “Es cierto que la familia es la célula básica de la sociedad, pero hay que reconstruirla pues quizás sin ser conscientes hubo años en que la atomizamos y ahora pasará tiempo para volverlas a ser funcionales, tanto desde el punto de vista espiritual como material.”

Le pregunté cómo se enfrentaba a la segunda temporada, luego de su éxito de crítica y público, me respondió “te comento que hoy siento más presión y responsabilidad para que todo quede mucho mejor que en la primera entrega, pues es cierto que el público la agradeció y creo que alcanzó una dignidad en su realización, por lo que hoy ellos se merecen una mejor entrega pues a pesar del tiempo que ha pasado la siguen esperando.”.

Razones tenía la también actriz. La primera temporada que tomó por sorpresa a los televidentes, salió sin una sencilla promoción. En este caso no, hubo algunos anuncios bien hechos.

El elenco central (Edith Mazola, Irela Bravo, Corina Mestre, Coralita Veloz, Violeta Rodríguez y algunos otros artistas) fue el mismo, la fotografía corrió a cargo de Rafael García (Felito) y la música de Silvio Rodríguez.

Basada en hechos reales, por eso se parece a nosotros mismos, Raquel consiguió hilvanar esas historias según me dijo “Investigando. No acostumbro a hablar de lo que no sé y llegué a los bufetes, tribunales y fiscalías muchas horas; durante casi cinco años me dediqué a ver lo que nosotros llamamos juicios y aprendí que se llaman vistas, preguntándole después a esos profesionales que tan amablemente me han dedicado tiempo. Esto me dio la esencia para después fabular y hacer de hechos reales casos de ficción pero que siempre tienen un lazo común con la realidad.”

Ahora bien, en esta segunda temporada no todos los capítulos estuvieron al mismo nivel. Y pretendo adivinar la razón: el guion que en la primera fue en colaboración con Amílcar Sallatti y en los tres primeros capítulos se agregó Tamara Morales, constituyó una base sobre la que corrieron las historias, concebidas e investigadas por Raquel, pero con otras manos y cabezas en el debate de como llevar a mejor término una historia.

La presión de superarse a ella misma quizás llevó a Raquel a escribir los guiones, y no tuvo una contención, por ejemplo, en el penúltimo capítulo en la escena de Aramis Delgado y Miguel Sosa, trágica sí, pero no era necesario expresarlo de esa manera tan explícita. A veces una sólo lágrima por el rostro dice más que ese diálogo con llanto y farfullo.

Es un ejemplo. Hay más. De todas formas, aplaudo a Raquel por su perseverancia, a RTV comercial (empresa de la televisión cubana) por filmar la serie, al elenco porque clasifica como lo mejor en dramatizados de este verano y algo más.

Ojalá la actriz, directora, guionista Raquel González   continúe con su mismo ímpetu para próximas entregas y nos sorprenda con Tina y Mella.

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