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Voy a entrar en un avispero, estoy consciente de ello: la locución, la conducción, la presentación… de programas radiales y televisivos.

Cada vez que escucho un debate acerca de quien o quienes pueden ejercer esa “peligrosa” función de acceder a un micrófono, y mucho más “peligrosa” si es en vivo, me viene a la mente un nombre: Germán Pinelli, paradigma de la “locución, la conducción, la presentación…” en  Cuba.

¿Tenía una voz agradable? ¡NO!, ¿era un hombre atractivo?, ¡NO!,  ¿era un dandy vistiendo? ¡NO!. ¿Entonces?.  Era telegénico y poseía una vastísima cultura, unido a la agilidad mental más la habilidad  de decir la palabra justa en el momento preciso, y poseer eso que llaman “don de gente”.

Pienso que puede enseñársele a una persona a hablar bien, incluso tener una dicción perfecta con todas las eses y erres pronunciadas, un sentido germánico de paradas en comas, punto y comas y puntos, pero eso, hoy, no basta, especialmente en la televisión.  Al final, ayer  y hoy  hacia, hace falta talento para ser un  buen conductor.

Actualmente y mucho más en alta definición, en la pequeña pantalla  importa hasta el brillo de la nariz.  Es preciso que esa persona que usa “la balita” (el micrófono invisible) sea lo suficientemente telegénico como para llenar la pantalla sin que despierte rechazo.

Se puede ser un buen periodista y no estar apto para conducir un noticiero,  se puede ser un brillante locutor en la radio y no serlo para la televisión, y en esa decisión influyen, por supuesto, los directores de programas y de canales.

No creo que por género, color de la piel, edad, se pueda privilegiar a un locutor o conductor en vez de otro. En designar a quien está responsabilizado con transmitir un mensaje, sólo debe prevalecer la calidad con la que ese hombre o mujer comunica saberes y sentimientos.

A la hora de escribir estas líneas he buscado definiciones, argumentos y encontré este:

“Para ser presentador, se necesita:

  • Confianza y voz clara.
  • Rapidez de pensamiento y de reacción.
  • Disfrutar de trabajar formando parte de un equipo de producción.
  • Ser capaz de seguir instrucciones exactamente.
  • Mostrarse cómodo y natural frente a la cámara o el micrófono.
  • Capacidad de concentración, puesto que puede estar presentando un programa mientras escucha las instrucciones de la sala de control y ve las señales del director de estudio o del regidor.”

Y si quien accede a un micrófono tiene todas esas condiciones yo diría que  le falta una esencial: tener cultura y estar informado, que representa la posibilidad de salir airoso de un desliz con el entrevistado o del telepronter.

Estoy convencida que ser locutor o conductor de calibre no lo da la carrera de periodismo. El Dr en ciencias Manuel Calviño, sicólogo, músico, es el mejor ejemplo. Está por ver otro profesional que aguante la cámara de frente, quince minutos, con un breve intermedio, y mantenga la atención del televidente.

Claro, Calviño también ha recibido consejos, algunas clases porque es importante saber colocar la voz, respirar, mover  las manos, sonreír, mirar a la cámara y todo eso lo  puede transmitir un presentador de experiencia.

La defensa que hacen algunos profesionales de la palabra de preservar el español y su forma adecuada de pronunciarlo, la aplaudo  pero ¡cuidado!, que esa defensa no nos lleve a la añoranza de una tv que ya no es.

¿Por qué gusta tanto Telesur?.  Porque la información es un espectáculo y quien la dice su protagonista. Ya se: tienen la ropa adecuada, el maquillaje exacto, el pelo bien arreglado,  todo con un cuidado de imagen que nuestra televisión no puede aportar por razones económicas, y también porque directores y conductores no son conscientes de qué llevar según la hora y el programa, pudiendo resolverlo antes de salir al aire con una justa asesoría. ¿Alguna vez la tv tendrá, aunque sea por canal, un responsable de imagen?.

Ahora bien, tengo un buen amigo que asegura “en Cuba no hay ningún CONDUCTOR”. No estoy segura, tal vez ninguno ha tenido la posibilidad de un programa que le posibilite desplegar todas sus aptitudes y actitudes, ¡y quien sabe!. quizás a la vuelta de los años hablemos (o hablen) de un  locutor actual, como lo hacemos de Pinelli (adornado por el recuerdo y la añoranza). Hay que buscarlo, quizás aparezca.

 

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