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Cuando veo la serie Conciencia, y luego leo algunos comentarios en Facebook o en otros sitios, me refuerzo en la convicción que tengo de que mi libro Moro, el gran aguafiestas, si hubiera salido antes del desplome del muro de Berlín, habría sido un texto muy polémico.

Mi acercamiento al “hombre de ciencia” Carlos Marx, así se autodefinió, tuvo una intención: desacralizar la imagen de un brillante científico que para parte de los terrícolas era un Dios, y para otra un Diablo. Creo que lo logré y 28 años después de su publicación primigenia algún que otro joven me pregunta por “mi querido”.

 Sin llegar a esos límites de homologar con el señor de Galilea y Lucifer,  sólo de hablar de hombres y mujeres de ciencia se piensa en seres inmaculados, de hablar pausado, que nunca padecen de flatulencia, diarrea, impotencia o sarpullido. Nada más lejos de la realidad: SON SERES HUMANOS y como tales aman, trabajan, crean, y también pueden odiar, ser débiles, escalar por vías poco éticas,  a la par que juntos, realizan descubrimientos que mañana le pueden salvar la vida a Usted que me lee.

Quizás porque  pienso de esa manera y conozco a Conciencia y sus intenciones antes de ser proyecto, defiendo una serie que con una profesionalidad impecable en fotografía, efectos especiales, puesta en escena, luces… y todo lo que lleva un buen  audiovisual, nos pone cada sábado en nuestra casa la historia ( o mejor las historias) de profesionales que en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), pueden trabajar 18 horas seguidas, llorar por no conseguir el resultado que esperaban en una investigación, pero también hacer cola para comprar papas, tener una tupición fluvial total en su casa o… enamorarse de la “linda” científica que usa al jefe  para sus planes.

Lidia Ines Novoa, Doctora en ciencias biológicas desde 1987, graduada de Bioquímica de la Facultad de Biología de la  Universidad de la Habana en  1981, fecha en la que fue llamada a incorporarse en un trabajo que estaba comenzando en Cuba, la biotecnología, con 37 años  en esa rama desarrollada en nuestro país a instancias de Fidel, es la asesora que me  contó del proceso  creativo del guion: “ hay aspectos muy arduos como asesora: a la hora de construir los guiones, cuando a veces lo que a nosotros (como científicos) nos parecían conflictos muy interesantes. Luego Rudy (Mora) nos decía que no era suficiente o de la forma que decíamos no era atractivo para el que público no conocedor de la ciencia, y ahí era cuando se enredaba todo. Teníamos entonces que rompernos la cabeza buscando otras soluciones posibles sin desvirtuar los aspectos científicos para arribar a lo que era necesario para que los mensajes llegaran a toda la población. Con la guía de Rudy y con su  imaginación al final después de muchas horas de trabajo se lograba. Otro aspecto que al menos desde mi punto de vista fue difícil como asesora, es que tenía que estar siempre vigilante y asegurarme de todo lo dicho y actuado, aunque se incluyera algo de ficción, no se introdujera algún error desde el punto de vista científico ni regulatorio.”

Rudy antes me había dicho “Creé un taller de ideas integrado por profesionales muy jóvenes y otros de mucha  experiencia que abarcaban casi todas las especialidades, guiados por la Dra. Lidia Inés Novoa, científica de gran trayectoria y prestigio, pertenecientes todos al CIGB. Durante ocho meses dividí el trabajo en dos etapas simultáneas,  conversábamos y escuchaba sus anécdotas, chistes y experiencias de las que fui extrayendo ideas al azar en las muchas horas de grabación permitiéndome crear hilos temáticos, y casi de inmediato les pedía debatir sobre temas específicos, aclarándome poco a poco el camino hacia las posibles historias en la misma medida que recibía información. Fue un ejercicio casi artesanal de vinculación de dos mundos, para ellos, determinados aspectos resultaban intranscendentes por la propia cotidianidad de su labor, para mi resultaba muy interesante  tratando de que descubrieran lo que yo sentía necesario encontrar y mostrar.”

Y  me  subrayó: “Me propuse realizar 10 capítulos de 57 min de duración, pero por extensión de la primera historia se convirtieron en 11. A partir de un accidente laborar, muchos de los personajes centrales se enrolan en el acontecimiento y sus historias surgen desde  que concluye el incidente, por tal motivo dicho suceso es el punto de partida de todos los capítulos. La estructura dramática se sustenta en la narración en paralelo de esas 10 historias y la interrelación entre ellas. Son capítulos monotemáticos pero guardan relación.”

Esperé a que se trasmitiera el tercer capítulo, (mucho mejor en mi opinión que los dos primeros) para  hilvanar estas líneas.  De entrada Carlos Gonzalvo me impactó con ese personaje aleccionador, que en nada tiene que ver con su popular Mente pollo (también bueno). Creo que más directores se deberían arriesgarse con Gonzalvo para papeles dramáticos.

El capítulo, un canto a la vida desde la muerte,  es el mejor ejemplo de lo que decía Lidia Inés: tenían que buscar conflictos dados en y desde la ciencia, pero insertos en la vida de seres humanos  que  son sencillamente eso: personas.

Los magos de ese producto de calidad que recibimos cada sábado por Cubavisión son : guión y dirección, Rudy; dirección de fotografía,  Alexander Escobar; sonido, Velia Díaz; edición, Octavio Crespo; música, Juan Carlos Rivero; dirección de arte, Miguel Ángel Tur; 1era asistente de dirección,  Enma Robaina, posproducción de sonido, Glenda Martínez; efectos digitales,  Remachestudios,  Víctor López y posproducción de imagen, OLIMPUSAT. Del diseño de maquillaje y peluquería se encargó Karen Gómez, y la maquillista fue Grisel, con la producción de RTV Comercial, empresa de la Televisión Cubana

La serie cuenta con las actuaciones de Isabel Santos, Nancy González, Amarilis Núñez, Yailene Sierra, Blanca Rosa Blanco, Osvaldo Doimeadiós, Carlos Luís González, Carlos Gonzalvo, Aramís Delgado, Manuel Porto, Jorge Treto,  Nieves Riovalles, Bárbaro Marín, Enrique Bueno,  Ariana Alvares, Yailin Copola, Yuni Bolaños, Ariadna Núñez, Hilario Peña, entre otros intérpretes. Participan de manera especial Alden Knight, Diana Rosa Suarez, Nilda Collado, Alfredo Martínez, Yadier Fernández, Edith Massola y dos actores extranjeros, un norteamericano,  Jimmy Jean Louis y un actor mexicano, Roberto Medina, también radicado en los EU.

Pero, además algunos científicos intervienen como actores y actrices, hasta Lidia Ines, una “vaca sagrada” de la biotecnología al decir de una de mis amigas,  que “actúa” en el capitulo siete, momento en el que Isabel Santos ofrece una magistral clase de actuación, y  en el que hubo escenas filmadas más de una vez para lograr ese acto de convencer al televidente, que es tan difícil.

De los dos primeros capítulos destacar ¡cuando no! a Doimeadiós, bien siempre  pero especialmente cuando se “traga” a  Amarilis Núñez, que en ningún momento (ni cuando la hija estaba presa) deja de ser “la linda científica”. Los demás actores y actrices en  su papel, como casi siempre logra Rudy con los elencos que trabaja.

¿Qué decir del director?.  Rudy Mora nació bajo el signo de la polémica.  Sucedió con La otra cara, Doble juego, luego con Diana, con los filmes Y sin embargoLeontina y hasta con sus videos clip. Con un lenguaje  entre el cinematográfico y el televisivo, es un  autor polémico y… audaz, valiente, que toma un tema por los cuernos como debe ser, y lo convierte en un producto audiovisual que por lo menos da motivo para el comentario.

Se que tengo ventaja sobre Usted que me lee: de los capítulos que faltan he visto dos, el cinco (¡jóvenes profesionales no se lo pierdan!) y el siete, una lección de buenas actuaciones, con un magnífico ejemplo de un tema que se trata permanentemente en los Medios de Comunicación, pero que en esa historia, sino se aprieta el cinturón…  usted llorará.

 

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