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Porque la gran mayoría de audiovisuales de ficción cubanos gustan  a una buena parte de la población, Más allá del límite tiene ya un punto a favor. Y mucho más si uno de los temas cardinales  es la emigración, asunto sobre el que Yoel Monzón, el guionista, dijo “Es que ese es un fenómeno que atraviesa, como a muchas otras, a la sociedad cubana. Me propuse tocarlo desde diferentes aristas: con el punto de vista de los que han emigrado y vienen de visita, o incluso para quedarse (hay personajes que transitan por esos estados) y con el prisma de quien se mantiene en la Isla y ha sufrido esa pérdida, o que sueña marcharse, y de aquellos que se van sin siquiera haberlo imaginado nunca”.

Ahora bien,  esa línea central de la telenovela cubana está rodeada de una variada cantidad de subtramas  que por sí mismas ofrecen “trigo” suficiente para novelas independientes: los problemas de la enseñanza, con buenos y malos profesores (no olvidar que a pesar de los logros en la educación, han  existido   ventas de exámenes sancionadas en  los tribunales, otras por descubrir); la vida de homosexuales (con discriminación de familia en un  caso ¿no se puede escribir sólo sobre la aceptación que también existe?); el cuentapropismo (prefiero la propiedad privada sobre algunos servicios) que tiene mucha tela por donde cortar; el racismo; la infidelidad; hijos criados por padres no biológicos; las “dotes” adivinatorias; la convivencia de varias generaciones y el amor en la tercera edad; el delito y la prisión, en fin, tal vez se me queda alguna, pero creo que si es un error una sola trama para una telenovela de 85 capítulos, tantas, algunas muy fuertes, tampoco resultan saludables.

Para que tal cantidad de historias resultaran válidas se necesitaban elenco y casting de lujo, que no creo que haya existido. Y mucho más: una realización impecable con fotografía, edición y puesta en escena impecables.

De entrada la presentación parece realizada en los años ochenta del siglo veinte, cuando cuatro brochazos animados podían impresionar. Ese título “escrito” en el mar, después ver la cinta La forma del agua, de Guillermo del Toro (2017), parece un trazo hecho por un niño sin  ninguna aptitud para la pintura. A ello se añade la imagen de Laura Moras en un primer plano ¿es la protagonista? ¿Acaso no lo son Ulik Anelo, Fernando Echevarría, incluso Ofelita Núñez?.

Fernando Echevarría es un ACTOR (y excelente director de actores) ¿por qué no convence en  las transiciones de su personaje? ¿Fue bien dirigido?. Otros de los múltiples integrantes del elenco también por momentos parecen caricaturas, y ¿qué decir de evidentes pelucas que pasan por cabellos reales?.  Eso sin detenernos en imágenes reiteradas de la casa de Sonia y ¡sólo dos  locaciones dentro!.

La  paladar es la que más interiores retrata pero no son suficientes: el ángulo de los comensales siempre es el mismo, por no hablar de las casas: o sale un sofá, una mesa donde se come, o un plano de un refrigerador.

Creo que esta puesta en escena con menos locaciones de las necesarias se debe a que no existían recursos para enfocar la cantidad de tramas y personajes previstas en el guion.

Volveré sobre  Más allá del límite. Una buena parte de la población, la sigue (aquella que no está enganchada con la propuesta seriada del paquete), entonces algún valor tiene, por lo menos en las historias actuales y  que intenta un mosaico de la Cuba de hoy. Lo que sucede es que se fue tanto por encima del límite, que rompió la cinta de lo  necesario para un buen producto audiovisual, aquel que engancharía desde la presentación y los primeros acordes de la canción tema.

 

 

 

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