LA TELEVISION CUBANA ES UN MILAGRO

 El título no tiene que ver con “el milagro” de la telenovela El rostro de los días. De ese escribiré en cuanto termine esa propuesta. Estas líneas se relacionan  con la televisión, sus hacedores, los pocos recursos, el bicharraco (también conocido como Nuevo coronavirus, Covid 19 o SARS-CoV-2) y cómo llegan las señales a nosotros.

Con la presencia comprobada del bicharraco  desde marzo, para quienes desean saber, cada mañana se transmite  la conferencia con ese comunicador extraordinario que es el Dr Francisco Durán. En el noticiero estelar día por día ha existido una información acerca de la reunión del Grupo temporal de trabajo, que dirige el Presidente Miguel Diaz- Canel, con noticias de cómo va la enfermedad y el trabajo del personal de la salud.

Pero mantener ese alto nivel de información no ha impedido que se ofrezcan buenas películas, conciertos, recitales y programas como Vivir del cuento, Al mediodía y Hola Habana realizados con entrevistas vía WhatsApp, tema del que pronto ofreceré la opinión.

Con Trump arriba (¡no encuentro calificativo para ese homo …no sé, sapiens  no es!), sin turismo,  limitaciones en la producción para exportar, lógicamente los presupuestos gubernamentales se han reducido y el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) no es una excepción.

Para colmo Laura, la Tormenta tropical, se paseó por toda Cuba, en un recorrido de crucero. Y de todo ello se informó día a día.

Pero, la televisión la hacen homo sapiens (aquí si cabe) y son los seres vivos susceptibles a contagiarse con el bicharraco.  Y sucedió. No es extraño con el entra y sale de ese organismo, por muchas medidas que se adopten los asintomáticos están “a pululu”.

Guillermo Pavón Pacheco, vicepresidente del ICRT, dijo “Como todas las instituciones y organismos del país, el ICRT, acordó un conjunto de medidas, cuyo cumplimiento evitaría la propagación de la enfermedad y garantizaría la transmisión de los programas radiales y televisivos. La disminución del número de trabajadores que prestan servicios determinó que solo el 26 por ciento del total de personas que laboran en la institución, asumieran las mismas tareas con el objetivo de continuar la programación establecida.”

Y  agregó “Con la entrada de La Habana a la primera fase de recuperación, las medidas higiénico-sanitarias continuaron y a pesar del incremento de la cantidad de trabajadores que reiniciaron sus actividades de manera presencial, se mantuvo activo un sistema de transportación que permitió el traslado del personal hasta su propia casa para evitar contactos con personas infectadas”

En agosto, sin embargo, se confirmó un grupo de personas con la Covid. La primera fue una productora de programas residente en el municipio Habana del Este. “A partir del conocimiento del caso y siguiendo lo establecido en el protocolo de atención médica cubana, fueron aislados sus contactos.”

Pavón acota “Hasta el 2 de septiembre el ICRT reportaba 23 casos, de los cuales 19 trabajan en el edificio central de 23 y M, en el Vedado capitalino, y cuatro en dependencias externas.”

Debido a esos eventos el edificio de 23 y M, prácticamente está vacío. De entrada se desinfestó totalmente y se han reubicado emisoras y programas: “Radio Rebelde se trasladó al local de Cadena Habana, mientras Radio Reloj al de Radio Ciudad. En tanto, programas de televisión como la Mesa Redonda y Al mediodía también fueron trasladados, el primero para el Instituto Internacional de Periodismo José Martí y el segundo para el estudio de radio y televisión de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana.”

Se han realizado “pruebas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR por sus siglas en inglés), de modo que ya se han efectuado  mil 294  a reporteros, editores, locutores, grupos operativos y personal de servicio”. Los directivos de ese organismo  y sus trabajadores  “han tenido la decisión de mantener la programación de la radio y televisión, sin comprometer la salud de quienes laboran aquí ni la de los cubanos”.

Actualmente, están albergados en el Hotel Tulipán un grupo de periodistas, conductores y técnicos que garantizan los espacios informativos. Cumplen todas las medidas, están sometidos a controles  de salud, no le trasmiten el bicharraco (de contagiarse) a sus familiares y serán sustituidos por otro grupo, que está en sus casas. Con esa medida se busca mantener la información sin riesgo para los trabajadores.

Desde la casa, gracias a la tecnología, se mantienen no pocos de los espacios, como los reportes del estado del tiempo o algún que otro comentario, político y económico, en este último caso Ariel Terrero está poniendo los puntos sobre las íes.

No digo que todo está bien. Se pueden encontrar barbaridades dichas, a veces se repiten demasiado algunas informaciones, no todos los periodistas convencen,  no siempre se usa la ropa apropiada, en otros programas  la edición no es la mejor,  se quieren cambiar de hora, día, programas sin analizarlo bien, … son errores, a veces, horrores, pero…

Buscando información sobre TV en estos días encontré este post de Victor Fowler: “Primera cosa: La telenovela de turno, "El rostro de los días", no es tan importante como la totalidad de los materiales que pasan en los canales de la televisión cubana.

Segunda cosa: La crítica debería de ser tanto señalamiento de manquedades, deficiencias y errores como celebración de los momentos de valor artístico y que nos enseñan a pensar. Anoche, en el programa "La séptima puerta", una vez más Rolando Pérez Betancourt colmó las expectativas de un cine inteligente con la exhibición de "Laurence Anyways", largometraje de Xavier Dolan. A quienes perdieron esta obra, compleja y cuestionadora, les recomiendo que traten de encontrarla. Y más que felicidades al caballero Rolando por estos momentos de buen cine que nos regala”.

Conversando con el reconocido intelectual cubano, me dijo a boca de jarro “La televisión en Cuba es un milagro” y  como él nadie para explicar sus ideas. De aquí para adelante escribe Victor:

La mejor manera de explicar la frase es hacer confluir dos realidades: la celebración del 70 aniversario de la televisión cubana (cosa que “toca” acompañar de bombos y platillos dentro de pocas semanas, a finales de octubre) y la sacudida de opinión popular que ha tenido lugar alrededor y a consecuencia de las historias que van sucediendo en “El rostro de los días”, la actual telenovela cubana. 

Artículos, comentarios, “memes” y conversaciones de grupo dentro de las redes sociales (muchos con poderosa carga crítica) nos sirven para entender, al mismo tiempo que se extienden, la posición privilegiada que la telenovela tiene en el gusto de los telespectadores, las expectativas que despierta y el incremento cualitativo en el tipo de demanda que recibe. Vivo con mi esposa y dos de mis hijos, y -al terminar cada capítulo- los análisis domésticos son interminables, a veces crispados, apelan a la memoria de dramatizados anteriores, proponen comparaciones con obras cinematográficas, en fin, resultan verdaderos ejercicios de cultura televisiva (pues, a mi fin de cuentas, esta cultura audiovisual compartida en la familia tiene su fuente, sobre etodo, en la televisión). Eso es una cosa. 

La otra se refiere a un comentario que un colega hizo a un pequeño post que puse en mi muro de Facebook. Mis párrafos señalaban que, si bien la telenovela nos arrastraba al intercambio apasionado, el resto de la programación televisiva contenía otros muchos momentos que merecían atención y, en no pocos casos, elogio. A esto, el colega del que hablo, acotó que a él le preocupaba la tendencia a lo superficial y banal que, a su juicio, definía la mayor cantidad de lo transmitido en la televisión cubana. 

La colisión de perspectivas abre puertas a un universo –que no tenemos, sino que deberíamos desarrollar- en el cual dispongamos de un tipo de juicios sobre la producción televisiva cubana que justifique sus afirmaciones sobre la base de reglas o condicionantes inviolables: 

  • Textos que empleen el instrumental teórico, categorial y metodológico contemporáneo para el análisis crítico del audiovisual (semiótica del cine y la televisión, narratología, feminismo, análisis crítico del discurso, estudios visuales, estudios de género, etc.)
  • Textos que se hagan acompañar no de impresiones, sino de citas textuales de las obras, análisis de secuencias o escenas, de los estilos de composición visual, la edición, etc. (o sea, que aborden no sólo el relato, sino el lenguaje de la televisión)
  • Textos que valoren la oferta televisiva en términos diacrónicos (a partir de la “historicidad” y carácter evolutivo de dichas ofertas según líneas de tiempo) y sincrónicos (en una lectura simultánea que nos permita –más allá de extraer un determinado programa o episodio- entender la lógica del todo; o sea, la lógica de algo a lo que pudiéramos llamar “la institución televisión”.
  • Para terminar de cerrar las condiciones que describo, que no son otras que las imprescindibles para la elevación del nivel de profesionalidad en nuestra crítica audiovisual, la perspectiva sincrónica nos debe revelar (por simple comparación) lo que significa “hacer televisión” en un país como Cuba, en las condiciones de nuestro presente o en las que han sido posibles a lo largo de estos 70 años. 

Es aquí, estimada, donde la frase que mejor describe lo que siento y veo es “la televisión cubana es un milagro”. ¿Cómo se “hace” televisión? ¿Con cuáles recursos? ¿Qué relación establecer entre “recursos disponibles” y “productos terminados”? ¿De qué manera “hablar de televisión”? ¿Cómo se analiza y valora la totalidad de una parrilla? Porque lo curioso es que el comentario de mi colega es una nota al pie de ese otro donde yo celebraba el tremendo trabajo de difusión del mejor cine que, desde hace años, viene haciendo Rolando Pérez Betancourt en “La séptima puerta”. A esto pudiera agregar que nuestra televisión puede exhibir con orgullo un programa como “De nuestra América”, donde Frank Padrón –esta vez con un empeño que no tiene pareja en el planeta entero- lleva nada menos que veinte años exhibiendo semanalmente producciones de cine latinoamericano. ¿Cómo evaluar algo que no tiene pareja entre los miles de canales de televisión del mundo entero? ¿Qué es “la televisión”? ¿Qué por ciento del presupuesto empleado para “montar” una super-escena -al estilo de la entrega de premios en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, el espectáculo por la entrega de los Grammys  o  cualquiera de las emisiones de “The Voice”- va a poder ser empleado por los realizadores de la televisión cubana para cualquier espectáculo nacional? Recuerdo que, cuando se hacía el serial “Lost”, la producción de cada capítulo tenía un costo de alrededor de dos millones de dólares y el equipo, para poner a los espectadores ante un paisaje de vegetación sobreabundante, viajaba hasta Hawaii. 

A lo largo de estos 70 años hemos presenciado milagros como las increíbles “Aventuras”, aquel espacio en el que fueron transmitidos “Los vikinkos”, “Los tres mosqueteros”, “Los mambises”, “Enrique de Lagardere”, “El Conde de Montecristo”, “Los papaloteros”, “La Atenea está en San Miguel”, “Dos hermanos” y tantos, tantos más. Milagros de comunicación y defensa de la cultura nacional como los célebres “Detrás de la fachada”, “Juntos a las 9”, “Buenas tardes”, “Para bailar”, “Jura decir la verdad”, “Deja que yo te cuente” o el actual “Vivir del cuento”. Joyas de programación infantil como “Amigo y sus amiguitos”, “La sombrilla amarilla” o “Amanecer feliz”. Dramatizados memorables como “En silencio ha tenido que ser” o “Julito, el pescador”. Policiales como “Sector 40” o “Móvil 8”, “Su propia guerra” y mucho más. O las adaptaciones de grandes obras de la literatura universal como “Rosas a crédito”, “El alma encantada”, Novelas como “La peña del león”, “El viejo espigón” o “La séptima familia”, entre tantas. O el haber levantado, en las condiciones cubanas, un canal como “Clave” sin contar con el beneficio de la publicidad o la retroalimentación monetaria de un mercado del disco y/o las producciones musicales. Pudiera seguir recordando, para incluir las transmisiones de “El cuento”, series como las de Rudy Mora("Diana", "Doble juego", "Conciencia")  o la de los abogados, ("De amores y esperanzas"), así como agregar la muy elogiada "Entrega".  “Una calle, mil caminos”, programas de divulgación como “Ciencia y salud”, de bien público como fue “Tránsito”, la “Mesa redonda”, un clásico como “La comedia silente” y un hallazgo como “Letra fímica”, “Pantalla documental”, “Tanda del domingo” y muchísimos más. Esa totalidad es “la televisión cubana” y esos, y muchos más, son nuestros milagros. 

He recordado títulos, pero ser justos implica reconocer que –para la realización de cualquiera de estas producciones- se necesita del trabajo de decenas de especialistas y personal de apoyo; desde directores de programas, guionistas, camarógrafos, grabadores de sonido, luminotécnicos, editores porque cada uno de ellos demandan un análisis particularizado y en su conjunto son la televisión. ¿Cómo estudiar semejante enormidad estética y comunicacional? Mi respeto por momentos pasados en modo alguno significa que esté vedado criticar las pobrezas, errores o mediocridades que pueda haber en la televisión de nuestro presente, sino que más bien nos llama a una mayor responsabilidad y preparación profesional, a la práctica de un análisis más profundo y con mayor potencial transformador. 

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