¿De qué va esto? como se dice actualmente. Pues de mis opiniones, entrevistas o comentarios de ustedes los lectores sobre la tv. De entrada les comunico que pueden escribirme a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. con sus discrepancias, dudas o sugerencias de temas, al margen de que podrán dejar sus criterios en el propio portal.

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Acabando el capítulo 10 u 11 de UNO (Unidad Nacional Operativa) llamé a Roly Peña para felicitarlo.  Carlos Luis González, el instructor,  y Ullyk Anello, el delincuente, protagonizaron una escena que me hizo recordar momentos estelares de los policiacos cubanos.

Carlos Luis movió la entrevista con ironía, sonriente, como debe hacer quien tiene “la sartén por el mango”,  pero su contrincante, un inteligente estafador, que pensaba salir ileso, no era menos irónico, seguro, agradable ¿por qué no?.

Hace muchos años le comenté a Sergio Corrieri que lo que más me gustó de En silencio ha tenido que ser… fue que los agentes de la seguridad del estado vencían a brillantes oficiales de la CIA. ¿Qué mérito tiene ganarle a un enemigo tonto, incapaz y casi siempre iletrado?

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Tengo un nuevo amigo, digo conocí a una persona que la vida y las pruebas a las que ella nos someta nos puede convertir en amigo, de esos que están unidos por una comunidad de intereses y por el cariño. Este nuevo conocido, que puede llegar a ser mi amigo, es un babalawo blanco, culto, joven, con su brazo adornado por un precioso tatuaje, en fin nada que ver con el cliché prejuicioso de un sacerdote de Ifá: negro, viejo, con pobre nivel léxico y casi un fundamentalista.

 Así nos lo ha inculcado la cultura occidental desde que millares de negros, incluidos príncipes y reyes africanos, fueron traídos como esclavos al nuevo mundo para sustituir a los miles de indígenas exterminados, en una suerte de holocausto que poco se menciona. 

Con mi nuevo amigo, hablé de Ifá, de medicina y de la vida. Realmente me impresionó. En un momento, conversando de lo que habitualmente hago: escribir sobre audiovisuales, me pregunto “¿Y por qué Usted no señala que puede haber religiosos delicuentes de cualquier denominación? ¿No se ha fijado que siempre que aparece alguien con fe, es devoto de las religiones africanas, nunca un católico o adventista”?.

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La última vez que lo vi fue esperando su turno en la consulta de la Dra Aida Crespo, en el Instituto  de Cardiología y Cirugía Cardiovascular. Le pregunté que tenía y me dijo “na un mareíto que me dio”. Lo dejé ahí: no quería o temía hablar de su enfermedad. Así era Raúl Pomares

Hace unos días mi amiga, Xonia López me preguntó por él. Le dije que no sabía y  por ella supe que estaba muy “malito” en el hospital Hermanos Ameijeiras . No tenía idea de que eran muy amigos desde que ambos vivían  en Santiago de Cuba. Me hizo historias encantadoras del pichón de guajiro.

En aquellas tierras conocí a Pomares. Ya él vivía en La Habana, pero su Oriente  era su casa. Nació en Las Tunas y arribó a la vida artística en 1956, al formar parte del Teatro Universitario de Santiago de Cuba. Luego transitó por varios grupos y en 1969 participó en su primer filme La primera carga al machete de  Manuel Octavio Gómez y llegó a las 42 cintas, de las exhibidas hasta ahora.

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Ante la puesta en marcha de la máquina de vapor hubo oleadas de protestas obreras con una deducción: quedarían sin trabajo. Razón tenían en parte pero ¡bueno! ¿quién niega hoy lo que significó esa máquina para los terrícolas?.

Ahora que estamos ante una nueva revolución tecnológica ¿qué hacemos: protestar contra las infinitas posibilidades de disfrutar del audiovisual o adentrarnos en ese mundo con una mirada crítica para aprovechar sus ventajas?. No creo que exista duda en la respuesta: hay que convivir con un mundo en el que hacer una película o tirar una foto es posible hasta para un niño.

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