¿De qué va esto? como se dice actualmente. Pues de mis opiniones, entrevistas o comentarios de ustedes los lectores sobre la tv. De entrada les comunico que pueden escribirme a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. con sus discrepancias, dudas o sugerencias de temas, al margen de que podrán dejar sus criterios en el propio portal.

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El pasado año en una  visita a la provincia Granma  conocí San Pablo de Yao donde nació 25 años atrás, un 15 de enero, la Televisión Serrana. Entonces dije: “Allí donde el oxígeno se respira por kilómetros cúbicos, en el mirador, la realizadora Kenia Rodríguez ofreció la bienvenida ritual a quienes se empinan hasta las nubes serranas.”

Y espero respirar pronto ese oxígeno junto a un grupo de locos que un  cuarto de siglo atrás fundaron esa televisión genuinamente comunitaria.  Hace un  tiempo entrevisté al gran jefe indio de las serranías, Daniel Diez,  que me dijo sobre qué significó aquella experiencia para  él  “Fui alfabetizador Conrado Benítez en las montañas de la Sierra Maestra y me marcó para siempre. Ver de cerca sus vidas y convivir con sus alegrías y penurias ha sido imposible quitármelo de la mente. Incluso, gracias a esto no solo pienso en los campesinos de la Sierra, sino que me han ayudado en mi trabajo de compenetración con el mundo indígena de Latinoamérica y el mundo al que llevo años entregándome.

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Como en años anteriores voy a decir los programas televisivos que no perdí o grabé ¡por placer!  en el 2017. Hay otros que he visto y grabado por deber, para escribir sobre propuestas que no he considerado válidas, a esos hoy no los nombro. Ya lo hice

 Aunque no necesariamente por orden numérico, en los últimos meses disfruté de:

  • LCB: La otra guerra, una propuesta con todos los ingredientes: excelente guion, actuaciones estelares, especialmente la de Osvaldo Doimeadiós, impresionantes fotografía, maquillaje, puesta en escena para que fuera una propuesta  sin deslices
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Sobre las siete y un poco de la mañana, excepcionalmente a las seis y treinta, sintonizo la revista Buenos días,  con esa  frase-propuesta Juntos al despertar que me gusta como título para un espacio informativo que en la mayoría de las oportunidades se disfruta no sólo por lo que dice sino como lo dice.

Especialmente, trato de no perderme los lunes y jueves, cuando Lázaro Manuel Alonso presenta El tema, su exposición el primero de esos días y las respuestas, casi siempre con polémica,  en  la segunda oportunidad.

Lazarito tiene la frescura y el desenfado de la juventud, y la garra de periodista  que lo demostró desde sus primeras apariciones.  Él toma un asunto por los cuernos y lo sacude con sabrosura y ¡rigor!. Se le añaden  las entrevistas a los implicados (jefes  de lo que se debate o especialistas del asunto) más opiniones  de los televidentes que llegan por correo electrónico.

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Cada vez que veo Vale la pena me digo, una cámara solamente, un fondo adecuado y Manuel Calviño ¡que buen programa!.  Lleva 22 años  y sigue contribuyendo a que seamos capaces incluso de ser felices, como en el última tema que trató este año.

El Doctor en Ciencias Psicológicas y Profesor e Investigador Titular de la Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana, también músico, es capaz de articular un discurso lógico, coherente y atractivo,  con matices cómicos a veces,  partiendo de mensajes que le envían o de hechos de los cuales ha sido testigo.

En este Vale la pena final del 2017, tomó el tema de la felicidad e hizo que nos miráramos  por dentro, no de una manera complaciente  pero si lo suficientemente lógica  para que entendamos  que reír o sencillamente  tener la esperanza de alcanzar  a ser feliz, es un paso a sentirnos mejor con el yo quejoso que  a veces nos copa. No sé si lo escuché o lo leí, pero  me convencieron: la felicidad es un instante que se atesora mientras respiremos.

Unas semanas atrás habló  de los celulares y la soledad que estos pueden representar para aquellos que, estando unos al lado de otros, se comunican por esos equipos útiles, necesarios, que signan nuestra era, pero que no pueden sustituir el dialogo humano, el contacto de personas con el  lenguaje hablado ,  mirándose a los ojos.

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