No es sorpresa encontrar algún joven, niño e incluso adulto que tararee, por estos días, la canción de cierre de Mucho ruido, serie que no por estar dedicada al público juvenil merece menos atención o seriedad en la crítica. El tema musical es solo un acercamiento primario al dramatizado que cautivó la voluntad de muchos y nos llevó a sentarnos frente al televisor lunes, miércoles y viernes a las siete de la noche con ánimo de disfrutar y conocer.
Lo cierto de este fenómeno que hace algún tiempo no se producía en la teleaudiencia es que coexisten diversos factores para ofrecer un producto que señorea entre otras ofertas visuales en la pantalla chica. Nos referimos, en primera instancia, a un guión bien concebido (y dirigido), que centraliza su eje temático en los dieciséis protagonistas y aunque pueden existir subtramas para enriquecer y potencializar la realidad, no se pierde de vista la motivación primera, mostrar el universo individual y social de un grupo de jóvenes que interactúan en su contemporaneidad. Por otra parte, los conflictos de los personajes centrales (la sobreprotección de padres a hijos, la droga, las diferencias sociales, el abandono materno, el alcoholismo, entre otros) están “repartidos” y equilibran la historia que se vuelve cercana, palpable, tocable para cualquier cubano de estos tiempos. Los diálogos, llenos de frescor, con un lenguaje dispuesto según el trazado psicológico y dramático de cada ser afloran con organicidad, incorporados a la trama que está condimentada con ingenuos suspensos, humor, amores adolescentes.
Estamos ante un dramatizado de lectura fácil, y no se debe confundir con facilismo que pudiera entorpecer el resultado y desmeritarlo. La facilidad recae en la narración lineal, donde el tiempo y el espacio van de la mano con la intención de que el público, esencialmente el adolescente, pueda disfrutar de la secuencia de acciones y a su vez de la idea o mensaje que cada conflicto solucionado proporciona, sin desvíos ni pérdidas. La caracterización se hace más cercana a través de los parentescos lingüísticos; el lenguaje es una adquisición social, al que por imitación se le incorporan rasgos que se vuelven comunes dentro de un grupo, como sucede acá donde la coincidencia generacional y de espacio produce una comunicación inmediata y agradable con el espectador; no hay diferencias sustanciales en la forma del habla, independientemente de determinada sensibilidad que puede acompañar a un miembro más que a otro y de la proyección individual que los gestó.
En Mucho ruido, su directora, Mariela López, alcanza un ritmo y una atmósfera que se corresponden con la esencia misma de sus protagonistas, con su manera de mirar y enfrentar la vida, así como de las circunstancias en los que se ven envueltos. Por tanto, no hay escenas extensas, ni largos parlamentos, ni dilaciones situacionales; el movimiento rítmico sin ser acelerado, pudiéramos decir que tiene un paso juvenil, incluso cuando se trata de los adultos que entran y salen con la misma agilidad para no romper con la narrativa. Lo que se percibe es alegría, una atmósfera de gozo, más allá de momentos límites o difíciles; el espectador disfruta junto a los actores, quienes decidieron, y es perfectamente palmario, hacer suya esa otra vida que los escritores les dieron.
No cabe duda del éxito de Mucho ruido, que nos dejó con ganas de seguir disfrutándolo y demostró que no son necesarios discursos apologéticos de buena conducta, moral o integridad para alcanzar la eficacia del mensaje artístico, la identificación con un público mayoritario. La plurivalencia de la serie puede encontrarse en muchos más elementos de los aquí expuestos, y que podrían abordarse en otros comentarios. Las palmas recibidas son también el resultado de defender la función lúdica que logró atrapar, permanecer, encantar; de la humanización de la realidad y la confianza en la capacidad receptiva e interpretativa de la juventud que a decir de Martí “es la edad del crecimiento y del desarrollo, de la actividad y la viveza, de la imaginación y el ímpetu”. Solo nos queda esperar y que tengamos la suerte de que Mucho ruido regrese en una nueva temporada con otro canto a la amistad y a la vida.