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Llegó el tercer programa de Bailando en Cuba dos y con el, la primera oportunidad en la que vimos la posible pareja ganadora de esta temporada, y comenzaron las apuestas.

El Astral es el escenario de ese espectáculo dirigido por Manolito Ortega que en primer término ofrece una propuesta linda por las luces, el colorido, la cubanísima música y el baile.

Pero,  esas personas que andan buscando siempre en que por ciento se parece este programa a los competitivos de  otros países ¿se fijaron  en La Tajona? ¿Cuántos televidentes habían visto esa danza, mezcla de lo francés, con lo africano, con lo español? ¿Cuáles de ellos conocían cómo nació y dónde se asentó? ¿ se puede medir cuantos televidentes aprendieron sobre un espectáculo  fértil en las serranía santiagueras?.

Empiezo por este párrafo  porque ya estoy cansada de críticas a propuestas de este corte por personas que escriben o hacen programas frívolos por su reiteración de consignas que no vienes al caso, sin la visualidad ni las reglas que reclaman la televisión de estos tiempos. No nos llamemos a engaño: hoy el audiovisual que se ve en Cuba puede ser cualquiera, el Paquete está ahí, Y tenemos que competir con él con una negación dialéctica no mecánica.

Tampoco abogo porque todos los programas sean como ese, el aburrimiento llegaría enseguida, ahora bien un programa de participación bien hecho tiene la posibilidad de transmitir  mensajes que expresados sin la danza o montando bicicletas (es solo un decir) apenas llegan al televidente, pero envueltos  en  fotos y movimientos atractivos pueden llamar la atención de alguien –un adolescente- que sale rumbo a una fiesta.

Dedicar el programa al deporte me pareció muy bien, mucho más que los competidores compartieran con atletas de alto rendimiento y niños que pueden llegar a serlo. No se si cada espacio será dedicado a un tema, si es así lo considero acertado.

Aplaudo que los tres jurados Lizt Alfonso,  Susana Pous, y Santiago Alfonso, hayan participado en la selección y formación de parejas, también que se sea pública la votación individual y que la improvisación haya formado parte del desempate. Ese fragmento es un pedazo del añorado Para bailar, que magnificado por el recuerdo es puesto como ejemplo de cómo debe ser la competencia.

Creo que las coreografías en las primeras entregas no deben ser complicadas y sería mejor que vayan ganando en complejidad, en la medida que se llega al final.

Los conductores Camila Arteche, Carlos Solar y Marlon Pijuán realizan una conducción aceptable, más suelta y natural que la anterior temporada.

Me chocaron en algunas oportunidades los parlamentos de competidores, por ejemplo, una pareja (que fue eliminada) dijo que eran carismáticos, así, como si estuvieran hablando del color de su traje. Esas frases  hay que atenderlas, porque lo que se gana con los buenos spot acerca de la utilidad de hacer ejercicios, se pierde con un decir tan vacuo.

El staff es casi igual que el del año pasado Manolito es el director general,  el artístico y coreográfico es  Roclan Gonzáles;  los productores ejecutivos son  Joel Ortega, Wendy Ferrer  y Diana González;  la productora general es Elisandra Reigosa; el co-director Jorge Wilson; el guion de Lil Romero; de la fotografía responde Vladimir Barberán; de la post producción  Ernesto Reyes; la dirección musical de  Carmen Souto; de la  escenografía  el Grupo diseño y comunicación GEDCOM; los  asistentes de dirección son  Ijorky Morales, María Elena García; Joanna Vidal y Ana Iris Gonzales; de la dirección de arte  se encarga Maykel Martínez; del sonido  Maurico Blanco; del  diseño gráfico  Iyolexis (Pescao production) Remachestudio; del diseño de vestuario de Yanelis Pérez y la Banda sonora es de Maykel Pardini.

Así que segunda partes ¿nunca? fueron buenas. Queda un tiempo de programa y por supuesto,  volveré sobre el tema.

Los concursantes de este año Los concursantes de este año

 

 

 

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