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En una reciente emisión, el programa Sácame del apuro ponderó de manera triste, superficial e irresponsable el tema de no perdonar

Todavía estoy procesando, acomodando, pensando en lo que sucedió y vimos los espectadores durante la retransmisión, el sábado 1 de febrero, del programa de participación Sácame del apuro. Transmitido originalmente el pasado miércoles por el Canal Educativo 2, el espacio centró esa vez su trama en un hijo abandonado a los 8 años por el padre, la reaparición de este último, 23 años más tarde (cuando ya murió su exesposa, madre del pequeño), pidiendo el perdón que ahora no le concede su niño devenido en adulto.

El resultado de las participaciones del público (casi 2/3 de los mensajes refrendaron el rechazo de la petición de perdón y 1/3 estuvo de acuerdo con perdonar) no solo me sacudió, sino que me hace pensar en cuáles conexiones establecer entre lo visto en la pantalla y otros aspectos de nuestra vida.

En cuanto a la estructura del programa, me asombró la suma de violencia e irresponsabilidad con la cual el tema es “presentado”en un medio en el cual los programas obedecen y son resultado de un estudiado diseño previo, donde participan varios especialistas brindando asesoría, comentarios y aprobación. Si esto es así, ¿qué debemos pensar al ver en la pantalla al conductor y locutor Frank Abel Gómez, constantemente interrumpiendo a su compañera, Ariana Álvarez, dominando él la escena con gestos y tonos altos, además de ironizar, ridiculizar y burlarse de su colega?. En este punto, por cierto, preferiría no escuchar que algo así forma parte de la concepción del espacio o de las dinámicas que el público quiere.

Para colmo, la presencia en el programa de su habitual psicóloga invitada, de quien debíamos esperar la voz de la ciencia, fue poco menos que alucinante cuando, tomando como apoyo los sufrimientos experimentados a lo largo de la vida por el hijo, se colocó del lado del no-perdón, lo hizo extensivo a cuantos puedan estar en situaciones semejantes en nuestro país y desvió la atención hacia los padres de malas actitudes como las referidas en el dramatizado. Es decir, el dilema no está en la elección entre perdonar o no, sino en la obligación de asumir la buena conducta, cosa que deja intocada la cuestión del perdón.

Confieso que me han parecido triste, superficial e irresponsable las actitudes ponderadas en dicho programa. La petición y otorgamiento de perdón constituye un tema muy complejo y de gravísimas repercusiones en cualquier sociedad, dadas las profundas ramificaciones filosóficas, sociológicas y psicológicas que este posee, pues está imbricado con la memoria, el olvido, el trauma, el dolor, la sanación, la reconciliación, etc.

Un artículo de Alejandro Salgado, publicado hace casi exactamente un año en el Portal de la Televisión, con el sugerente título "Un programa «raro» en la televisión", nos advertía: “los televidentes comentaron que este programa es único de su tipo en el país, porque es en vivo, interactúa con sus públicos y ellos son los que deciden el final; además se polemiza mucho, algo difícil de encontrar en pantalla. Todo esto lo convierte en un programa «raro» en la televisión nacional, según dijeron.

“Destacaron que gusta mucho, incluso más que la novela cubana, sobre todo por las actuaciones en el dramatizado. Consideran que no solo educa a los jóvenes sino también a la familia, muestra la realidad, toca temas interesantes y es un ejemplo a seguir para los demás espacios televisivos".

Junto con esto, es interesante que desde entonces, señalaba el texto: "Entre los aspectos negativos está el atropello de los conductores en la forma de hablar, a veces cortan los criterios de los demás o su voz se va por encima de otro”.

Aspiro a que la Televisión Cubana, en otros de sus espacios, abra la posibilidad de análisis en verdad complejos e integrales del tema del perdçon, así como a que las opiniones en un programa de participación fluyan y alimenten un verdadero diálogo. Lo deseo. Lo espero. Lo necesitamos.

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