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 El espectáculo Bailando en Cuba: La historia no contada se repetirá en el Karl Marx a fines de este mes y se espera sea transmitido por la televisión cubana

Por primera vez dialogan en un mismo escenario humoristas del popular programa Vivir del Cuento con algunos de los protagonistas de la segunda temporada del show televisivo Bailando en Cuba.

Durante dos fines de semana, el público capitalino asistió masivamente al teatro Karl Marx para disfrutar del espectáculo Bailando en Cuba: La historia no contada, cuya puesta en escena estuvo signada por la presencia de la danza, el humor y la música popular bailable.

En esta versión para teatro, el show comienza cuando Camila Arteche, Carlos Solar y Marlon Pijuán, entran a escena para demostrar que ellos también pueden tirar bien su pasillo. Luego, los presentadores anuncian que los maestros Lizt Alfonso, Susana Pous y Santiago Alfonso no estarán presentes, debido a  compromisos de trabajo, y ante la inconformidad de los vecinos de un barrio habanero con el resultado del programa final, se ha conformado otro jurado con los humoristas Pánfilo, Bienvenido y Mariconchi. Ellos serán los encargados de impartir justicia para decidir, finalmente, cuál de las tres parejas finalistas es la verdadera ganadora del espacio televisivo.

Como recordarán los televidentes, Bailando en Cuba 2 tuvo como ganadora a la pareja número 9 (Gleyner Jesús Delgado Nápoles y Daniela Rojas O´Farril). En tanto, el premio de la popularidad recayó en la 13 (Jorge Luis Calvaire Cuba y Zaida Liz Aymerich Medina), que resultó finalista junto a la 15 (Eduard Zaldívar Valdés y Maydelis J. Martínez Romero).

Ahora, en el Karl Marx, los seis concursantes lucen sus destrezas como bailarines en nuevas coreografías, con música en vivo, tocada por la orquesta del maestro Carlos Alberto Gaitán y defendida por Rosa María Moret, Alcibiades Durruthy y Duani Ramos, jóvenes intérpretes que compitieron en el programa Sonando en Cuba.

El espectáculo teatral se destaca por su alta factura, desde el punto de vista técnico y artístico (diseño de luces, dirección de arte, diseño de pantalla y  vestuario), a que nos tiene acostumbrados el equipo que lidera el realizador Manolito Ortega.

Por la escena desfilan Edith Massola, caracterizada como el personaje de Rosalinda; así como Ruperto, Cachita Caché, Chacón y Chequera, todos del espacio Vivir del cuento.

Mientras los músicos invitados han sido: Alain Pérez y su orquesta, Alex Duval y  la Charanga Latina, una agrupación que en los últimos tiempos sobresale por los altos niveles de popularidad en las listas musicales de la radio y la televisión.

No podían faltar las originales, frescas y atractivas propuestas del Ballet Revolution, dirigido por Roclan González, un coreógrafo carismático que, además, irrumpe como cantante y locutor. Siguiendo el estilo lúdico y paródico del espectáculo, Roclan incursionó en un género periodístico mezclado con dosis de humor para regalar a los espectadores un sui géneris “falso reportaje”, donde descubría el “supuesto” origen, en el habanero municipio de San Miguel del Padrón, de un ritmo conocido como la Mayimbonga.

Uno de los momentos más emotivos y de mayor cubanía del espectáculo fue el tributo al desaparecido maestro Juan Formell. En su coreografía Roclan tuvo en cuenta los colores de la enseña nacional, los mismos que han marcado la esencia de la orquesta los Van Van, que en 2019 celebrará medio siglo de su fundación.

Con una ensalada musical, compuesta por clásicos de la música cubana de ayer, se movieron Ruperto y Cachita en homenaje al programa Para Bailar, que en los años 80 rompió muchos records de audiencia en la Isla. 

Muy inteligente fue el monólogo de Pánfilo acerca del paso del devastador huracán Irma por la Mayor de las Antillas, así como su parodia del tema “El paralítico”, utilizada para las improvisaciones de las parejas concursantes.

Unas tres horas de duración tuvo el espectáculo que, próximamente, regresará al teatro Karl Marx y se espera sea transmitido por la televisión cubana. Producida por RTV Comercial, esta propuesta teatral llenó el Teatro Karl Marx durante dos fines de semana.

Hasta aquí mis valoraciones positivas acerca del show que nos regaló instantes divertidos así como una representación de nuestros bailes tradicionales y contemporáneos.

Para futuras puestas en escena, pienso debería realizarse un mayor balance entre los momentos musicales y los humorísticos, porque el exceso de música popular bailable atenta contra la dramaturgia de un show cuyo principal atractivo sigue siendo la presencia de los humoristas y donde los asistentes quieren conocer el veredicto del jurado, algo que se dilata en demasía. Así podría recortarse un poco el tiempo del espectáculo.

También es necesario realizar un estudio del público al que está dirigido porque al teatro asisten familias enteras y las estéticas de los intérpretes y agrupaciones invitadas difieren mucho entre sí: unos son seguidos por los adolescentes y otros, por los jóvenes y adultos mayores.

Me hubiera gustado escuchar más veces a Rosa María Moret, Alcibiades Durruthy y Duani Ramos, que ellos estuvieran más cerca del público como sucedió con los invitados especiales.

Por último, resulta preciso que los niveles de audio de la orquesta no sobrepasen los decibeles requeridos para que tanto locutores como cantantes puedan proyectar sus voces fácilmente sin que se vean ahogadas por el sonido de los metales.

Esas pequeñas fallas, que pueden ser corregidas por el equipo de sonido, también impidieron la correcta escucha de los vox populi en la calle, donde Ruperto revivió, con gracia criolla, junto a la gente de a pie, parte de la memoria colectiva de la nación durante los años 80 del siglo XX.

Amén de esos detalles, totalmente perfectibles, Bailando en Cuba: La historia no contada es un espectáculo que cumple con todos los presupuestos para enganchar al público y demuestra la valía de Manolito Ortega como realizador, dotado de un gran olfato para lograr que el programa televisivo trascienda la pequeña pantalla y siga siendo atractivo, entretenido e inteligente.  

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 Un nuevo programa de televisión del Canal Habana se suma a las celebraciones por los 25 años del sello discográfico Bis Music

 

Que la música no falte es un nuevo espacio del Canal Habana que saldrá al aire a partir de este domingo 3 de junio a las siete de la noche. Dirigido y conducido por Tony Arroyo, el programa forma parte de las celebraciones por el aniversario 25 de la Casa Discográfica Bis Music, que se cumplirá en diciembre del presente año.

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Desde un tiempo atrás veo Pensando en 3D, uno de los numerosos espacios cinematográficos que exhibe la televisión cubana, que en este caso está dedicado a los jóvenes y más por esa característica que por los filmes que proyectan, me siento (o acuesto) a ver Cubavision, ahora, en época estival, lo transmiten los jueves a las dos de la tarde; los sábados a las cuatro, también en la tarde, el resto del año.

No se trata que  devore  los filmes, es que algunos los he visto y otros se dirigen a una edad que no es la mía, por supuesto. Lo primero que disfruto es la presentación: en época digital título y forma han de mostrarse a la altura del momento.

Yaremis Pérez y Ray Díazson son los conductores, y muy bien que se nombren así porque no son críticos o comentaristas, sino de dos jóvenes siempre vestidos en “onda”, que cuentan sobre el programa como si estuvieran conversando con los muchachos de la casa donde se “colaron” a través de la pequeña pantalla.

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 El reconocido artista de la canción romántica ofrece detalles de su disco grabado con la disquera cubana Egrem

El cantautor salvadoreño Álvaro Torres visita la Televisión cubana para promocionar su nuevo disco grabado en Cuba junto a músicos de los Isla, con quienes interpreta éxitos de su carrera.

Este álbum saldrá al mercado próximamente con el sello de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem), encargada de la realización del fonograma. La producción estuvo a cargo de Emilio Vega y otras figuras de la música cubana, como Orlando Vistel  y Frank Fernández.

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