En más de una oportunidad he dicho que he tenido dos JEFES  en mi vida: Jorge Oliver Medina y Lizzete Vila. Ambos me sacaron el kilo, trabajé con y para ellos sin cansarme, pero muy feliz. En el caso del primero es la persona que me daba órdenes haciendo chistes, que yo siempre tomé en serio. Confió tanto en mí que por lo menos una vez, asumió como suya una mala decisión que tomé. Me preparó para ser la directora de mi querida y añorada  revista El caimán Barbudo y con  él aprendí que dirigir además de disciplina necesita lograr la complicidad.  En  el hombro de Oli lloré la muerte de mi padre el 17 de diciembre de 1983, con él he bebido no se que cantidad de cerveza,  y también monté en su carro estando él total ente “curda”. En cierta oportunidad llegamos  a mi casa, mi madre le hizo un café amargo, se dio una ducha y al otro día me contó: “cuando empecé a “ver” y me  fijé en la foto de Fidel, dije estos son de los míos”.

Todo esto es cierto pero no valdría una entrevista si Jorge Oliver no fuera un intelectual orgánico, según la definición de Gramsci: culto, capaz, brillante, muy creativo y comprometido con  su tiempo. Me enorgullece decir que este artista es mi amigo y escribir de él sobre sus juveniles 70 años que cumple este 15 de diciembre.

 Entrevista al realizador Ulises Hernández por la celebración de un nuevo aniversario de Telemayabeque

Ulises Hernandez ExpósitoLa creación artística impone razón y compromiso, un binomio que cristaliza la existencia humana. En ese quehacer diario sobresale, por su talento y oficio, el realizador de Telemayabeque Ulises Hernández Expósito. A él me acerco a propósito de celebrarse por estos días un aniversario más del telecentro provincial más joven de Cuba.

¿La inauguración de Tele San José, hoy convertido en Telemayabeque fue una puerta que se te abrió para desandar el mundo del arte o ya habían inquietudes artísticas anteriores?

Primero fue la poesía. Escribir fue en mi adolescencia una puerta abierta a la imaginación. Transcribir los sucesos, vivencias y contradicciones de aquella etapa en palabras, me posibilitó tener una mirada aguda y observar el mundo circundante de una manera muy particular.

Con la poesía y la lectura de los clásicos tuve inquietudes ajenas a mi edad que sirvieron para mi formación. Crecí y el joven poeta amaba y se alimentaba del arte, de todas sus manifestaciones. Tuve el privilegio de estudiar en La Habana y allí, bien sabes, a diferencia de un pueblo de provincias, tienes a mano cuanto desees en materia cultural.

Amé el teatro y asiduamente participaba de las

puestas. En los salones y exposiciones de artes visuales encontré resortes para la creación literaria. Mi pasión por la música cubana se hizo mayor a partir de esa etapa y esto propició que mis versos tuvieran un ritmo característico. Con todas esas herramientas escribí.

 Asegura Eurídice Charadán González, una de las guionistas de la novela Tiempos de amar

Hay vidas y vidas, y la de esta guionista de la televisión, merece ser contada desde le principio. Hija de dos combatientes revolucionarios, sus padres fueron de los primeros cubanos que fueron a estudiar a la ex Unión Soviética.

Su madre, la maravillosa Teresita, sale en estado allá y, cuando pasa el tiempo, ya no le es permitido el viaje en avión, además estaba finalizando su carrera. Entonces ella y su esposo, deciden mandar a la bebé para Cuba, son solo cuatro meses de nacida. Eso ocurre en 1965.

Pero se impone una anécdota muy graciosa. Las leyes en aquel país no permitían que los padres vieran a sus hijos y Charadán se las ingenió para poner una escalera, subir por detrás del hospital para ver a su hija, después todos los demás padres hacían lo mismo, hasta que una enfermera los descubre y hasta ahí llegó el truco del cubano.

Como les cuento, Teresita y Charadán decidieron mandarla para Cuba y consiguen que el pianista Silvio Rodríguez Cárdenas, que terminaba un curso de piano, y su esposa, trajeran a la niña y se la entregaran a la abuela.

Es muy probable que hoy, a nivel mundial, Alejandro Pérez sea el realizador de videoclips más mencionado. Son más de 500 en su trabajo, a los que se suman películas y documentales…Pero no es prepotente ni engreído. Con él puedes conversar cinco minutos o una hora, y te parecerá que es familiar tuyo, o un vecino, o un amigo que no veías hace tiempo.

Premios y millones de vistas en YouTube y otros canales visuales le toman el pulso a sus ideas que, sin ignorar leyes comerciales, también buscan mostrar aristas artísticas.

“He trabajado bastante”, me dice. Y le recuerdo que, en todo caso, ha saltado bastante. Porque han sido varios los peldaños de la escalera de su vida profesional.