El Loquillo entró, se sentó en una silla junto a mí y comenzó hablar sin detenerse, inmediatamente después de darme las buenas tardes.
“Me hicieron una trampa. Yo no me imaginé que yo fuera a ganar el Premio. Llegué a la Upec para hacer la información y todos me decían: ¡Hey Loquillo!, ¿cómo estás? Juana empieza a leer el acta y cuando dice que es de Guanabacoa, yo me dije: si es de ahí yo lo conozco…y empieza a hablar de la trayectoria…pero como muchos compañeros han estado con Fidel…Ya cuando habló de la expedición me decía ¿yo, yo? Aún no me lo creo, me sigo diciendo ¿será verdad que soy yo? Me emocioné mucho, porque hay tantos que se merecen este Premio y yo lo único que he hecho es trabajar”.
Hoy, muchos hablan del camarógrafo de prensa que llegó a la televisión en 1962, como mensajero. “Tenía 17 años y era la candela”. Entonces un camarógrafo que se llamaba Castellanos le decía que se parecía al Pájaro Loco, “y a partir de ahí perdí mi nombre”. Sus padres le decían Ñiquito, pero eran los únicos que le llamaban así. “Lo que ha trascendido es Loquillo, todo el mundo lo conoce así”.
Al poco tiempo de llegar, me cuenta, empecé a colarme en los estudios porque quería aprender y a los 6 meses ya me puse a trabajar como auxiliar. Así estuve hasta el año 1967 cuando pasé un curso de cámara, lo aprobé y pasé a ser camarógrafo en dramatizados, musicales y de todo tipo de programas.
“Ya en el año 70 me pasé al remoto, donde tenía la posibilidad de viajar por todo el país. Fue bonito, porque hacía la pelota y también muchos programas políticos con Fidel, que en esos años hablaba en todas partes y nosotros lo seguíamos. Cuando en el 74 llegó la técnica de videotape, Danilo Sirio me llamó. A partir de ahí empecé a trabajar en el noticiero, cuyo director era Antonio Moltó”.
Desde esa época hasta hoy, El Loquillo guarda muchas anécdotas en coberturas fuera del país: “de corresponsal para Nicaragua, donde estuve como tres años. Luego hice una expedición por el Amazonas con Antonio Núñez Jiménez y anduve más de un año con él por la selva. Después me fui a Panamá, donde viví la invasión en diciembre de 1989. Filmé la retirada de las tropas de Angola, las negociaciones cuatripartitas para la paz en ese país. Estuve dos años en México. Trabajé con Julio Acanda en Tras la huellas de la historia, por todos los lugares en los que estuvo José Martí”.
Aunque dice que todos esos recuerdos han sido importantes en su vida, el rostro se le ilumina distinto cuando habla de la experiencia de permanecer cerca de Fidel en incontables e históricas oportunidades. Me cuenta con un orgullo extremadamente modesto que tuvo el privilegio de ir con él a Irán, a Siria, a Libia, a Angola, a Etiopía.
Se queda pensando un momento, con el ajetreo constante de su cuerpo y sin permanecer quieto en la silla, y me dice: “hay una cosa impresionante de los viajes con Fidel. Cuando él fue a Panamá en el año 2000 y Posada Carriles pretendió volar el paraninfo de la Universidad Nacional de Panamá, donde Fidel daría su discurso. Después se paró y dio el discurso ahí mismo, nunca se amilanó”.
“Fidel era terrible aquí, pero en el exterior era peor, en el sentido de que no paraba ni un momento y dormía muy poco. Es verdad que era tremendo el trabajo, pero también estimulante, porque él siempre nos hablaba mucho. Era muy gentil el Comandante con el equipo, nos ponía la mano en el hombro y nos comentaba de la importancia del trabajo que hacíamos”.
Cuando Antonio Gómez vio pasar a Fidel el 8 de enero de 1959, no imaginó que tendría la mano en su hombro unos años después. Quien fue el flaco adolescente, vendedor de periódicos y limpiabotas, que tomaba agua con azúcar y andaba descalzo y sin ir a la escuela, porque su familia era tan pobre que tuvo que trabajar desde muy niño, me dice que a veces cree no ser “tan bueno, porque yo no he sabido explicarles esto a las personas. Somos muy malos comunicadores en ese sentido, porque no hemos explicado bien eso a los que no vivieron esa época lo que significó el Triunfo de la Revolución”. Y se le nublan los ojos a punto de las lágrimas.
De eso va a hablar en su discurso, cuando le entreguen el Premio Nacional de Periodismo José Martí este 12 de marzo, “de mi mamá, de la pobreza extrema en la que viví y el único que me salvó de eso fue Fidel Castro”. Confiesa que ha pensado en mil cosas para ese discurso, pero que al final, no va a preparar nada, “porque no voy a leer. Voy a decir algunas cosas, muy sencillas. Como he conversado contigo, sabrás que yo soy muy corto en el verbo. Quisiera tener ahora un verbo como el de Eusebio, pero no lo tengo. Solo tengo mi trabajo y mi actitud”, como si con eso no fuera suficiente. Pero hay tanta humildad en el Loco, que baja la mirada cuando le digo que la historia cubana le agradece tantas imágenes únicas…
“La gente me dice gracias. Y yo les digo: no, gracias a ustedes”. El Loco, que casi siempre olvida mencionar la última palabra de la oración, no me dejó hacerle ni la primera pregunta. Comenzó contándome que le había pasado algo “muy extraño y emocionante”. Mientras trabajaba en la calle con Talía, en Cubadice, las personas me llamaban y me felicitaban. Me llamaron también los Primeros Secretarios del Partido de muchas provincias, amigos de otros países… En estos días me han dicho muchos que se le han asomado las lágrimas.
“Es que este Premio pesa mucho. Yo no te voy a decir que me da más compromiso, porque yo estoy comprometido con mi trabajo y con la Revolución hasta lo último, de verdad. Si me satisface y lo único más que puedo hacer es seguir trabajando y entregándome”, asegura con una seriedad no característica en su personalidad.
“Y yo hago esto –refiriéndose a la entrevista que le solicitamos- porque no quiero ser petulante y no podía quedar mal contigo, pero lo que quiero estar haciendo es andar por ahí trabajando con mi cámara”.
(Con información de Cubaperiodistas)

Actriz, fundadora del Instituto Cubano de Radio y Televisión. Distinguida con la condición de Artista de Mérito por su trayectoria de más cuatro décadas en la pantalla y la radio, donde condujo el espacio *Nosotras* por más de 17 años. Protagonizó la aclamada serie de televisión *Para empezar a vivir*, en la que interpretó los personajes Lidia y Raquel, emblemas de la participación de la mujer cubana en los Órganos de la Seguridad del Estado del Ministerio del Interior. En 1981 recibió el Premio Internacional de Actuación otorgado en el Noveno Festival de Plovdiv de Bulgaria, con la obra teatral “Dos Padres”, escrita y dirigida por Silvano Suárez. Su personaje de La Gaviota en la obra homónima de Antón Chéjov, coprotagonizada con Frank González, le valió el premio de Actuación Femenina otorgado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Asimismo ha recibido 17 galardones por su trabajo como actriz, entre ellos, el primer Premio de Actuación Caricatos de 1997 y el Premio ACTUAR 2016 por la obra de la vida.
Actor, artista de Merito de la TV y fundador del ICRT, comenzó haciendo teatro, su primera actuación significó la realización de todos sus sueños. Consiguió el cariño y el respeto del pueblo gracias a su talento, dedicación y energía en la escena artística. Es ejemplo de humildad, honestidad y autenticidad. Su participación en entregas como *El hombre de Maisinicú*, *El brigadista*, *En silencio ha tenido que ser*, *Para empezar a vivi*r, que alcanzaron un alto impacto social, lo identifican con las vivencias del pueblo cubano en los acontecimientos que han estremecido a Cuba en estos años. Con más de 44 aventuras, en las que han primado la consagración y la solidaridad, como la reciente *LCB, Lucha contra bandidos*, le hicieron merecedor del Premio ACTUAR 2010 por la obra de la vida, otorgado por la Agencia Artística de Artes Escénicas.
Actor, artista de Mérito de la TV y fundador del Icrt, conocido como el hombre de las mil voces por su participación en diversas producciones de animación realizadas por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos y en el Instituto Cubano de Radio y Televisión. Se inició como aficionado en grupos de teatro y musicales hasta que en 1967 comenzó a trabajar en el Icrt como diseñador de vestuario y decorador. Paralelamente cursó estudios de actuación con excelentes profesionales del radio y la televisión. Entre los reconocimientos recibidos por su labor se encuentran la Distinción por la Cultura Nacional, cuatro primeros premios de actuación en los Concursos Uneac de radio, así como el Primer premio en el Primer y Tercer Concurso Nacional de Doblaje; Premio de Narración y Actuación en Festivales de la Radio; Primer Premio de Actuación en Televisión en el Concurso Caricato 1999; Premio ACTUAR por la obra de la vida en 2016 y el reconocimiento de varias generaciones de cubanos por su desempeño como Elpidio Valdés.
Poseedor de una obra con más de cinco décadas de prolífica existencia, que comenzó como aficionado en el teatro a finales del 60, en la primera Brigada de Teatro Obrero-Campesino. Formó parte también del Grupo de Teatro Ocuje y trabajó en obras como “María Antonia”. Luego estudió dramaturgia en la entonces República Democrática Alemana. Como director del Teatro Bertolt Brecht se consolida y dirige más de una decena de obras como “Andoba” y ha sido el autor de 13 piezas. Su trayectoria en la pequeña pantalla le ha legado al público que lo sigue inolvidables caracterizaciones en series como *Aventuras de Juan Quin Quín*, *En silencio ha tenido que ser*, *Un bolero para Eduard*o, y en telenovelas como *Si me pudieras querer* y *Añorado encuentro*. Entre los múltiples galardones de los que ha sido acreedor por su fecunda carrera se encuentran la Distinción por la Cultura Nacional, las órdenes Juan Marinello y Alejo Carpentier, otorgadas por el Consejo de Estado de la República de Cuba, la Máscara de Oro del Teatro Nacional alemán, el Premio Nacional de Teatro cubano en el año 2006 y numerosos lauros por mejor actuación masculina, mejor puesta en escena y mejor autor dramático, conferidos en disímiles concursos nacionales e internacionales.
Inició su carrera en el medio televisivo en su provincia natal, Santiago de Cuba en los años 60. Al mismo tiempo comenzó a escribir para la radio y la televisión y otros espectáculos artísticos. Posteriormente es seleccionado para dirigir la Escuela de Formación de Actores de la antigua provincia de Oriente. Integró a la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) donde fue nombrado responsable regional de cultura en la organización, que más tarde se convertiría en la Unión de Jóvenes Comunistas. En la década del 70 se une al trabajo de aficionados del Ministerio del Interior (Minint). En 1976 parte en misión cultural para la República Popular de Angola. A su regreso a Cuba es nombrado en Santiago de Cuba responsable de cultura del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). En el cine participó en las películas “La primera carga al machete”, “En el aire”, “Cuba en la garra del Águila”, “Habana Blues”, “Entre ciclones” y “El Benny”. Ha sido profesor de varias generaciones de actores en las especialidades de locución, narración y actuación radial. De sus actuaciones más memorables se destaca su intervención como actor y asistente de dirección en seriales como *En silencio ha tenido que ser* y *Julito el pescador*, gracias a las cuales se vincula al trabajo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en la serie *La Botija* y en el Minint en sus estudios fílmicos en espacios como *Día y Noche*, *Patrulla 444* y *Tras la Huella*. Entre sus reconocimientos y distinciones se cuentan: Artista de Mérito del Icrt; Placa y Reconocimiento del Ministerio del Interior por su destacada labor artística; Reconocimiento como director de la Cruzada artística en homenaje al centenario de la muerte de José Martí; Medalla por el aniversario 40 de las FAR; Medalla Raúl Gómez García; Medalla José María Heredia; Sello Laureado por la Cultura Nacional; Distinción Gitana Tropical; Distinción Giraldilla de La Habana; Réplica del machete de Máximo Gómez y diversos Premios Caracol por sus brillantes actuaciones en varias telenovelas, seriales y festivales de la televisión y la radio cubanas.



