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La reconocida actriz y presentadora de televisión conversa sobre su personaje en la serie De amores y esperanzas.

En ocasiones puede parecer un cliché escuchar a los actores abordar el tema del encasillamiento, pero ciertamente no lo es; resulta a mi juicio, a veces muy cómodo para un director seguir la trayectoria de un actor y encontrar sus puntos de éxito para seguir asegurando el de otros proyectos subsiguientes. Igualmente fácil puede resultar para quien lo asume utilizar coordenadas o fórmulas de expresión que conduzcan a la risa o la inmanente lágrima.

Sin embargo, por una vez se empieza, y los encantos a veces felizmente se rompen para dar paso a nuevas propuestas discursivas, es lo que a mi juicio tiene tan feliz por estos días a la actriz, devenida comunicadora, Edith Massola, por el rol que desempeña en la actual teleserie De amores y esperanza", que transmite el Canal Cubavisión los domingos en la noche.

Entre las agradables sorpresas que está regalando la serie es la entrega de una Edith diferente: medida, con un conflicto en lo personal muy fuerte, partiendo de que sí es madre; una profesional con un status social importante, solo que repentinamente viuda, y en busca de una serie de respuestas complicadas.

Aun cuando el tempo narrativo especialmente en la historia que encarna es lento, en relación con la magnitud de lo que se va a contar, La Massola ha logrado desencadenarse de algunas de esas ataduras yendo más a los efectos, a los matices, a las sugerencias, y en eso el trabajo de primeros planos ha ayudado muchísimo a simultanear con una historia, que ya no va necesitando tanto las palabras.

Es un personaje que ha logrado hacer creíble, asimilando una relación empática con el televidente; el dolor ha sido medido sin llegar a la temible sobreactuación; ha sido rigurosa con un rol que a pesar de la dureza que exige por su cargo, queda a flor de piel en medio de su soledad:

Sobre este trabajo refiere la actriz al Portal de la Televisión Cubana:

“Estoy muy contenta por la confianza que me ha dado Raquel González al incluirme en el elenco. Hacía mucho tiempo que no me movía en el orden de lo dramático y ya me venía haciendo mucha falta, creo que todos los actores necesitamos abrirnos a nuevos retos, y este para mí ha sido uno importante”.

Queda mucho por ver aun de esta teleserie que ha logrado insertarse en la problemática del cubano de hoy por una arista especialmente sensible: la convivencia. Muchos rostros nuevos llegan con la coherencia de conflictos profundos y conmovedores; otros ya consumados a la sapiencia le impregnan la dolorosa sencillez del día a día, mientras quedan los que al estilo de Edith Massola se muestran desde la verdad, muy diferentes.

 

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