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Gladys Gil, Artista de Mérito del ICRT en el 2016, señala que deben incrementarse los espacios infantiles basados en títeres y marionetas

Andan por doquier: en la sala, el comedor, la cocina… Son de todos tamaños y colores. Algunos lucen más “cansados” que otros porque, tal vez, son más “viejos”, o han trabajado más.

Al mirarlos, pueden evocarnos un grato recuerdo de infancia. Parecen observarnos impávidamente hasta la primera señal de vida. Pero lo cierto es que detrás de cada títere se esconde una magia que sólo puede lograrse con verdadera entrega, sabiduría, técnica artística e infinita sensibilidad.

En la pequeña morada de Gladys Gil, en el Vedado habanero, estos muñecos, elaborados a base de los más disímiles materiales, parecen sentir deseos de narrar anécdotas interminables.

Pero en esta ocasión le cedieron el protagonismo a su más fiel confidente, a esa dama que ha sabido entregar casi toda su vida a la infancia y la adolescencia cubana, en escenarios teatrales o en pequeños montajes de televisión.

Gladys habla como una muchacha enamorada. Le brillan los ojos y se entusiasma demasiado. En verdad ama a todos sus personajes. Los títeres son su vida, subraya.

Afirma sin rodeos que desde muy pequeña le gustaba jugar con diminutos muñecos que movía de un lado a otro de la cama, sin que su madre advirtiera quién les daba vida y los ponía en escena. Se escondía e improvisaba una función. Su madre, al parecer, disfrutaba esas travesuras.

 

Bendito acercamiento artístico que la llevó, años después, a ingresar en la Escuela Nacional de Teatro para Niños y Jóvenes. Posteriormente, con un poco de suerte, daría el salto a la televisión, de la cual no se ha desprendido todavía.

“La televisión fue siempre algo muy grande. Al menos yo la veía así. Me presenté un día y me aceptaron. Llegué a trabajar en muchísimos programas infantiles desde los primeros años de la década del setenta del siglo pasado. En esa época contábamos con una programación muy abundante, en comparación con la tenemos ahora. ¡Y también había escasez y pocos recursos!”.

“Disponíamos de una programación infantil de lunes a domingo. Yo me pregunto: cómo fue posible lograr todo aquello. Estuve en espacios muy gustados como Arcoiris Musical, Toqui, El camino de los juglares, La hora de las brujas, entre otros.

“Ahora hay poca programación infantil, a pesar de que se hacen algunos espacios en las provincias. He tenido la suerte de trabajar en el Canal Educativo desde su fundación y he estado presente en las teleclases de Educación Plástica y Educación Musical, y me he mantenido ahí. Hay que buscar opciones si no hay programación”, subraya.

Para la actriz, el títere ha perdido su lugar en la televisión cubana, lo han puesto en último plano o se usa como relleno.

“Me parece que eso no está bien. El títere cumple una función educativa muy importante. Lo que se pone en boca de un muñeco puede llegar de mejor manera a un niño.

“Es importante reconocer que los títeres figuran como elemento esencial dentro dela historia del teatro. Y mi generación se siente un poco insatisfecha cuando vemos en la pantalla cosas que no tienen mucha calidad”, lamenta.

Gladys asume una pose de defensa cuando plantea que todo el mundo no puede ser titiritero, pues se requiere dominar las técnicas, poseer un gran sentido de la sensibilidad y compenetrarse sabiamente con los niños.

“Este es un trabajo muy hermoso, pero muy fuerte también. Lleva un gran desgaste físico, hay que saber interpretar bien para ganar credibilidad. El titiritero que no vele por la infancia no tiene nada que hacer en esta profesión. También debe ser virtuoso de sus manos y de su cuerpo. Lo importante es tener en cuenta que el teatro de títeres es una especialidad dentro de la actuación”, resalta.

Según Gladys, su trabajo en televisión va de la mano del proyecto teatral Chichiricú, cuya directora es Luciana Suárez. Además, suele trabajar en pueblos pequeños de provincia o en campos alejados de la capital.

Por su labor durante décadas al servicio de la programación infantil, obtuvo la distinción Artista de Mérito 2016, lo cual considera un motivo de orgullo.

“Mi generación ha hecho mucho por la infancia y la adolescencia de este país y es un honor cuando personas adultas pueden recordarme, incluso, cuando mencionan mi nombre en la consulta de un hospital. Eso es reconfortante, porque sé que muchas veces los titiriteros trabajamos mucho, pero pocas veces se nos ve el rostro”, concluye la actriz.

 

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