0
0
0
s2smodern
Reinaldo Cedeño: “A la pantalla chica en Cuba se le asignan demasiados encargos”

Reinaldo Cedeño es poeta y santiaguero. Para quien “el inmovilismo es el tósigo de la historia”, pocos aspectos dentro del ámbito cultural le son ajenos.

 

Repasar y conocer el pasado para determinar con exactitud el rumbo más certero de la Nación, es una de las urgencias que promueven actualmente intelectuales, artistas… creadores todos. ¿Qué vías y métodos todavía son insuficientes en este sentido? ¿Por qué?

Te voy a confesar algo: soy una persona muy curiosa, vivo preguntando y preguntándome a mí mismo sobre acontecimientos más o menos lejanos; pero con repercusión ahora mismo. Mis abuelos y padres debieron tener mucha paciencia conmigo, y hoy les toca asumirlas a otros. Por esas razones,  profesionales y personales, estoy cerca de  algunos historiadores; tengo una amiga, profesora de historia, con la que he hablado de la enseñanza de esa materia, así que no me resultan interrogantes extrañas.

Así como nos toca imaginar qué seres humanos seríamos sin padres ni abuelos, qué nos haríamos si de pronto se borrara de nuestra mente lo ya vivido; nos toca preguntarnos qué nación construiríamos desde el aire, sin referencias, sin asideros, sin cimientos.

La historia no es una sucesión de hechos, nombres y fechas; es una plataforma sobre la cual se erige el presente.

La memoria es la atalaya del presente. Es suicida olvidarlo.

Lo que hoy nos conmueve o nos tuerce, mañana es historia. Sin ese registro de la memoria -no solo como constancia, sino también como reflexión-, sin esa transmisión de experiencias, sencillamente no seríamos.

Habría que apuntar tradicionalmente se ha considerado la historia como el conjunto por antonomasia de hechos y personalidades políticas, lo cual resulta reduccionista y absurdo. La historia, la memoria y el pasado lo integran igualmente los hechos cotidianos, las costumbres “intramuros”; y  por supuesto, la cultura en su más amplia acepción. Una historiadora del calibre de la Doctora Olga Portuondo Zúñiga ha recordado además que en materia de investigación histórica, “no hay que temer nunca a la verdad”.

Si asumimos estas premisas, tal vez estemos mejor preparados para opinar. Durante años estuvimos ceñidos a manuales y fórmulas en la enseñanza de la historia, y esta no se asumía en sus riquezas y contradicciones. No se buscaban sus conexiones con el presente y una cierta “historia general” relegó los hechos de las localidades como algo de menor jerarquía. Naturalmente, esto motivó rechazo, consignismo y aburrimiento.

Por eso, en los últimos años se ha insistido en la necesidad de contar la historia, para lo cual, claro está, se necesita una preparación superior. Cada lección académica debería asumirse como un hecho de comunicación y  de creación, aun cuando tenga determinados parámetros pedagógicos que cumplir. Debería premiarse eso y sacudirse la enseñanza de la historia  del simplismo, del memorismo.  

Los héroes podrán tener monumentos, mas no fueron seres pétreos. Suele repetirse la frase, pero tengo la impresión de que en el fondo, algunos  siguen aferrados al pedestal. El inmovilismo es el tósigo de la historia ¿Para qué detenernos en lo que ya parecería estar dicho de una vez y para siempre?

En ese anquilosamiento se pierde mucho de la batalla. Todavía recuerdo la impresión que me causó, hace ya algunos años, el escuchar a un héroe de Girón contarnos sus miedos y sus osadías. Eso no se explota con la frecuencia que se podría en una nación con tanta historia viva.

Conozco a una persona infatigable como la santiaguera Sara Inés Fernández  que hace años sostiene un proyecto llamado “De la ciudad, las calles y sus nombres”. Sus experiencias son increíbles: hay que ver como las personas reaccionan en sus comunidades, como empiezan a apreciar de otra manera el lugar donde viven, donde se mueven cotidianamente, tras conocer su génesis o la razón de un nombre. A tenor de eso, en algunos sitios han nacido “cronistas populares”: es una manera creativa de  comunicar el pasado y el presente, de tocar la historia local.

Esa conexión de la historia con el presente y con la localidad, pese a todos los esfuerzos, son temas que necesitan perfeccionarse, impulsarse y redefinirse. 

El arte desde cualquiera de sus manifestaciones y los medios masivos de difusión (como parte y soporte de estos), son una vía inestimable. Eso sí, sin querer resolverlo todo por televisión; a mi modo de ver, a la pantalla chica en Cuba se le asignan demasiados encargos.

Recuérdese, para tomar un ejemplo cercano, la acogida que se le dispensó a la serie “Duaba: la odisea del honor”.

Hay documentales, programas, obras de ficción también notables. Cuando la creación se une a la investigación, los resultados suelen ser loables. 

Una vez sembrado el amor al terruño, una vez valoradas las actitudes pasadas como inspiración y sustento, una vez aquilatado el valor de la herencia que nos precede, una vez conformado el retrato de los héroes con sus dudas y grandezas,  una vez definida la conciencia de pensar con cabeza propia; el presente asoma de otra manera.

La preservación de la memoria individual y colectiva  (vista no como apego a las cenizas, sino como senda de luz), siempre salva.  Al fin y al cabo, el pasado nunca es tan pasado. 

Nadie puede ni podrá ver a la cultura como un grupo separado que se dedica sólo a la diversión, a lo fatuo, al entretenimiento… La cultura examina y decide, piensa y pone en práctica todo aquello que desde lo positivo del arte, desde las fibras más sensibles de la creación humana, puede y debe cambiar al mundo. ¿Cumplen los artistas cubanos con dicho objetivo? ¿Reflejan los medios de comunicación tal cual es nuestra identidad?

Siempre he pensado que la cultura no es un entretenimiento, es sobre todo un estremecimiento. Solo en la epidermis puede verse la cultura como una u otra  manifestación artística, como el desahogo, como la descarga. En ella cabe el nombre de Cuba que debemos a los indígenas, la conga santiaguera o la parranda remediana, el arroz y el frijol o un sorbo de café mañanero; tanto como un paso de Alicia Alonso, un poema de Dulce María Loynaz, una pieza  de Lecuona o un trazo de Lam.

Caben las escuelas de arte y el llamado “arte popular” que no necesita más luces que aquellas que salen del pecho de sus cultores. En esos caminos de apuntar a lo grande, la cultura cubana ha sido un terreno de muchas vanguardias. El arte irrumpe y rompe, visibiliza zonas oscuras, habla a las profundidades; pero no ha de olvidarse que su materia parte de la espiritualidad y la subjetividad del creador.

El arte tiene siempre su “herejía”, diría alguna vez Alfredo Guevara.  Esa flama del arte como espíritu vivo, como sostén espiritual y emocional de una sociedad tan intensamente politizada como la nuestra, se ha visto sometida a diferentes avatares internos y externos; pero ha sabido reinventarse, resguardarse y emerger.  

Algunas obras separadas por años y circunstancias, hablan de ello. Un muestrario mínimo podrían conformarlo la pintura Campesinos felices (Carlos Enríquez) que retrata el abandono de la época republicana, y la escultura Milagro (2012), el Cristo de los remos de Kcho, que habla de las diásporas y la emigración; las cintas El Mégano (García Espinosa-Alea, 1955), o Fresa y chocolate  (Alea-Tabío, 1993) hasta Conducta (Ernesto Daranas, 2012) y los llamados “nuevos realizadores”; las clásicas canciones de Silvio Rodríguez y las de Buena Fe; el teatro de Virgilio, Arrufat o Estorino, los muñecos de los hermanos Camejo y Teatro de las Estaciones con Rubén Darío Salazar al frente; las esculturas de Rita Longa y la monumentalidad de Alberto Lescay; o el mundo narrativo  que asoma en obras como El reino de este mundo (1949) de Alejo Carpentier, Paradiso (1966) de Lezama y Herejes (2013) de Leonardo Padura. 

Ese “puede y debe cambiar al mundo” de la creación artística y literaria cubana y de la cultura en general, ha de tomarse en su exacta dimensión.

Su diálogo con las circunstancias no parte de la movilización, sino de la reflexión. “Conmover es moralizar”, decía Martí.

 El valor de la producción artístico literaria no descansa en el abordaje per se de determinados aspectos de la realidad circundante, relegando su aspecto expresivo. Es un encargo equívoco. Por el contrario, la altura artística de ese diálogo con las realidades (así, en plural), la aprehensión estética y su encarnación es lo que le define.

Es lo que le aleja del panfleto y el discursismo. Y en tal sentido, hay siempre cantos y contracantos, propuestas más íntimas y más sociales, temas más recurrentes y más esquivos, propuestas más originales y otras menos felices.    

¿Identidad tal cual es? ¿Y cómo es? ¿Alguien se arriesga a definirla? Parecería un juego de espejos, un eco, un despropósito. Sin embargo al tratarse de un concepto de conceptos, de la síntesis de los rasgos definitorios de una comunidad, devenida de sus choques y refundaciones, de la localidad a la nación; al asumirse más como un proceso que como una entidad definitiva, se alzan otras interrogantes y consideraciones que rebasarían este marco.  

Solo apuntaré entonces que traer esa “multiplicidad identitaria” a la pequeña pantalla, la radio, la prensa digital o impresa, ha sido y es el reto permanente. Reflejar las aspiraciones y sueños de su gente, al mismo tiempo que sus angustias y anhelos, es  misión inexcusable, ha de serlo. La de asomar a su nación creativa y a su nación productiva, de darle voz e imagen.

Se trata esta de una labor retadora, acumulativa, de pequeños y de grandes espacios, con diferentes grados de concreción. Es una labor cultural de largo aliento. Repito, cultural, porque a diferencia de este signo, he sido testigo de televisoras en otras geografías que en pos del espectáculo no se detienen ante NADA. A nuestros medios (al esfuerzo tantas veces heroico de  sus artistas y técnicos) les debemos más de lo que, a veces, queremos admitir; aunque ande lejos todavía de lo que pudiera lograrse.

A nuestros medios de comunicación les toca, al lado de lo logrado; revisar políticas de programación, ganar en la conciencia de erigirse en representación verdaderamente nacional, jerarquizar las propuestas de mayor rigor, perfeccionar sus espacios de discusión. Toca a actores y a decisores insertarse en el pensamiento martiano: dar oportunidad a lo mejor para que se revele y prevalezca.

Comments are now closed for this entry

Odalys Fuentes de Arma

Actriz dramática de la Televisión Cubana. De origen muy humilde, en su natal Jarahueca, Yaguajay, Sancti Spíritus se traslada a La Habana y se inicia en la televisión, como muchos otros artistas, al ser seleccionada como modelo en una Convocatoria para el programa realizado con motivo de la visita del cantante chileno Lucho Gatica.

La audición resultó un éxito y le llovieron las ofertas que la convirtieron en el rostro latinoamericano de importantes firmas comerciales de la época, lo que atrajo inmediatamente el interés de los artistas del /music hall/ y el teatro.

Fundadora del Instituto Cubano de Radio y Televisión, descolló por su actuación como Marisela, la salvaje, virginal y recia pradera venezolana en la telenovela *Doña Bárbara*, y luego en *Tierra Brava* y el *El Naranjo del patio*.  Más de 27 personajes en series y novelas de la televisión la distinguieron con la condición de Artista de Mérito del Instituto Cubano de Radio y Televisión y el Premio ACTUAR 2016 por la obra de la Vida.

La audición resultó un éxito y le llovieron las ofertas que la convirtieron en el rostro latinoamericano de importantes firmas comerciales de la época, lo que atrajo inmediatamente el interés de los artistas del /music hall/ y el teatro.

Fundadora del Instituto Cubano de Radio y Televisión, descolló por su actuación como Marisela, la salvaje, virginal y recia pradera venezolana en la telenovela *Doña Bárbara*, y luego en *Tierra Brava* y el *El Naranjo del patio*.

Miriam Mier Vidal

 Actriz, fundadora del Instituto Cubano de Radio y Televisión. Distinguida con la condición de Artista de Mérito por su trayectoria de más cuatro décadas en la pantalla y la radio, donde condujo el espacio *Nosotras* por más de 17 años. Protagonizó la aclamada serie de televisión *Para empezar a vivir*, en la que interpretó los personajes Lidia y Raquel, emblemas de la participación de la mujer cubana en los Órganos de la Seguridad del Estado del Ministerio del Interior. En 1981 recibió el Premio Internacional de Actuación otorgado en el Noveno Festival de Plovdiv de Bulgaria, con la obra teatral “Dos Padres”, escrita y dirigida por Silvano Suárez. Su personaje de La Gaviota en la obra homónima de Antón Chéjov, coprotagonizada con Frank González, le valió el premio de Actuación Femenina otorgado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Asimismo ha recibido 17 galardones por su trabajo como actriz, entre ellos, el primer Premio de Actuación Caricatos de 1997 y el Premio ACTUAR 2016 por la obra de la vida.

Luis Rielo Morejón

Actor, artista de Merito de la TV y fundador del ICRT, comenzó haciendo teatro, su primera actuación significó la realización de todos sus sueños. Consiguió el cariño y el respeto del pueblo gracias a su talento, dedicación y energía en la escena artística. Es ejemplo de humildad, honestidad y autenticidad. Su participación en entregas como *El hombre de Maisinicú*, *El brigadista*, *En silencio ha tenido que ser*, *Para empezar a vivi*r, que alcanzaron un alto impacto social, lo identifican con las vivencias del pueblo cubano en los acontecimientos que han estremecido a Cuba en estos años. Con más de 44 aventuras, en las que han primado la consagración y la solidaridad, como la reciente *LCB, Lucha contra bandidos*, le hicieron merecedor del Premio ACTUAR 2010 por la obra de la vida, otorgado por la Agencia Artística de Artes Escénicas.

 

Frank González Díaz

Actor, artista de Mérito de la TV y fundador del Icrt, conocido como el hombre de las mil voces por su participación en diversas producciones de animación realizadas por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos y en el Instituto Cubano de Radio y Televisión. Se inició como aficionado en grupos de teatro y musicales hasta que en 1967 comenzó a trabajar en el Icrt como diseñador de vestuario y decorador. Paralelamente cursó estudios de actuación con excelentes profesionales del radio y la televisión. Entre los reconocimientos recibidos por su labor se encuentran la Distinción por la Cultura Nacional, cuatro primeros premios de actuación en los Concursos Uneac de radio, así como el Primer premio en el Primer y Tercer Concurso Nacional de Doblaje; Premio de Narración y Actuación en Festivales de la Radio; Primer Premio de Actuación en Televisión en el Concurso Caricato 1999; Premio ACTUAR por la obra de la vida en 2016 y el reconocimiento de varias generaciones de cubanos por su desempeño como Elpidio Valdés.

 

 

 

Mario Balmaseda Maurisco

Poseedor de una obra con más de cinco décadas de prolífica existencia, que comenzó como aficionado en el teatro a finales del 60, en la primera Brigada de Teatro Obrero-Campesino. Formó parte también del Grupo de Teatro Ocuje y trabajó en obras como “María Antonia”. Luego estudió dramaturgia en la entonces República Democrática Alemana. Como director del Teatro Bertolt Brecht se consolida y dirige más de una decena de obras como “Andoba” y ha sido el autor de 13 piezas. Su trayectoria en la pequeña pantalla le ha legado al público que lo sigue inolvidables caracterizaciones en series como *Aventuras de Juan Quin Quín*, *En silencio ha tenido que ser*, *Un bolero para Eduard*o, y en telenovelas como *Si me pudieras querer* y *Añorado encuentro*. Entre los múltiples galardones de los que ha sido acreedor por su fecunda carrera se encuentran la Distinción por la Cultura Nacional, las órdenes Juan Marinello y Alejo Carpentier, otorgadas por el Consejo de Estado de la República de Cuba, la Máscara de Oro del Teatro Nacional alemán, el Premio Nacional de Teatro cubano en el año 2006 y numerosos lauros por mejor actuación masculina, mejor puesta en escena y mejor autor dramático, conferidos en disímiles concursos nacionales e internacionales.

Félix Pérez Ortiz

Inició su carrera en el medio televisivo en su provincia natal, Santiago de Cuba en los años 60. Al mismo tiempo comenzó a escribir para la radio y la televisión y otros espectáculos artísticos. Posteriormente es seleccionado para dirigir la Escuela de Formación de Actores de la antigua provincia de Oriente. Integró a la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) donde fue nombrado responsable regional de cultura en la organización, que más tarde se convertiría en la Unión de Jóvenes Comunistas. En la década del 70 se une al trabajo de aficionados del Ministerio del Interior (Minint). En 1976 parte en misión cultural para la República Popular de Angola. A su regreso a Cuba es nombrado en Santiago de Cuba responsable de cultura del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). En el cine participó en las películas “La primera carga al machete”, “En el aire”, “Cuba en la garra del Águila”, “Habana Blues”, “Entre ciclones” y “El Benny”. Ha sido profesor de varias generaciones de actores en las especialidades de locución, narración y actuación radial. De sus actuaciones más memorables se destaca su intervención como actor y asistente de dirección en seriales como *En silencio ha tenido que ser* y *Julito el pescador*, gracias a las cuales se vincula al trabajo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en la serie *La Botija* y en el Minint en sus estudios fílmicos en espacios como *Día y Noche*, *Patrulla 444* y *Tras la Huella*. Entre sus reconocimientos y distinciones se cuentan: Artista de Mérito del Icrt; Placa y Reconocimiento del Ministerio del Interior por su destacada labor artística; Reconocimiento como director de la Cruzada artística en homenaje al centenario de la muerte de José Martí; Medalla por el aniversario 40 de las FAR; Medalla Raúl Gómez García; Medalla José María Heredia; Sello Laureado por la Cultura Nacional; Distinción Gitana Tropical; Distinción Giraldilla de La Habana; Réplica del machete de Máximo Gómez y diversos Premios Caracol por sus brillantes actuaciones en varias telenovelas, seriales y festivales de la televisión y la radio cubanas.