Para Cecilio Avilés la televisión ha devenido plataforma ideal para crear y comunicarse con el público infantil

Si afirmo que Cecilio Montalvo constituye uno de los más destacados promotores de las artes plásticas en los medios, pocos sabrán de quién hablo.

Sin embargo, si nombro a Cecilio Avilés todos evocarán rápidamente al notable dibujante y defensor de la enseñanza artística desde las primeras edades.

Para los que hoy rondamos los treinta años, Cecilio representa una figura insoslayable de la memoria de nuestra infancia.

Desde el espacio televisivo Revista de la Mañana hasta el actual informativo Buenos días, Avilés ha liderado y conducido una sección que invita y educa a niños y adolescentes, a trazar las primeras líneas guiados por un dibujante profesional.

Quien constituye también un referente en la publicidad y la historieta, ha logrado llevar a la pantalla personajes que primero nacieron en las páginas de un libro como Cecilín y Coti, que aún es uno de los dibujos animados cubanos de más arraigo popular.

Su estilo de enseñanza, ameno y coloquial -alejado de artilugios técnicos que lo distanciarían del público infantil-, ha caracterizado su labor didáctica no solo en los medios de comunicación sino también en el ámbito de la comunidad.

Cecilio lidera diversos proyectos que en el Paseo del Prado, la sede habanera de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y en otras provincias del país, difunden el amor por el lápiz, el papel y los plumones como herramientas para la creación pictórica y, sobre todo, para el juego.

Y es precisamente la función lúdica de sus creaciones lo que lo ha mantenido en el gusto popular de niños, jóvenes y adultos. Darle vida a un paisaje, una paloma o el boceto de un rostro se convierte con Cecilio en una fiesta de la curiosidad, el saber y el arte.

La crítica ha reconocido en la obra de este artista una de las estéticas más consolidadas de la animación en Cuba, en la cual además del estilo de Avilés, se distinguen otras improntas claramente definidas como la de Juan Padrón, Tulio Raggi, Gaspar González, Mario Rivas, Ernesto Piña, entre otros.

Quien intente realizar, de modo serio, una cartografía acerca del desarrollo del dibujo y la caricatura en Cuba, está obligado a incluir la prolífica obra de Cecilio Avilés, quien ha hecho de la pequeña pantalla el mejor escenario para dibujar, motivar, y luego, existir.

 

 

 

 

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