El director del Canal Educativo 2 cuenta cómo se convirtió en realizador audiovisual luego de graduarse como ingeniero forestal en Pinar del Río .  

Aunque estudió Ingeniería Forestal, Héctor Luis Dalmau no renunció nunca a su sueño de ser un profesional de los medios de comunicación. El director del Canal Educativo 2 acumula una obra fructífera, con más de 20 años de experiencia en la radio y 16 en televisión.     
Desde niño actuaba porque su padre fue toda la vida instructor de teatro. “No era el gran actor, pero hacía algo”, admite.
Su fascinación por la radio aumentó a los 15 años, cuando en el preuniversitario Renán Turiño, de Trinidad, conformó junto a otros estudiantes una radio base. Aclara que no hacía locución, sino que dirigía y escribía algunas cosas.

¿Se dedicó a la radio cuando terminó el 12 grado?          
No. Antes de terminar el preuniversitario conocía el proceso productivo en una emisora, pero no trabajaba en ninguna. Mi papá me dijo: “tienes que estudiar una carrera universitaria. La oportunidad que no tuve yo, la tienes tú́”.        
Cuando fuimos a buscar las carreras que ofertaban no había nada que se acercara a lo que quería. No estaba la Facultad de Medios de Comunicación Audiovisuales del Instituto Superior de Arte.

En aquel entonces existía Periodismo.         
Sí, pero llegaban muy pocas plazas. Creo que ofertaron dos a la provincia. Y de Telecomunicaciones, que suponía estaba relacionada con la radio, vino una. Con 97 puntos de promedio en 1983 no cogí ninguna plaza. Dije que no iba a estudiar nada. No obstante, por insistencia de mi padre, fui a una segunda vuelta.   
En el mural de la escuela vimos anunciadas las carreras de Agronomía, Ferrocarriles, Mecánica, Riego y Drenaje. Por aquellos tiempos tenía una novia que su hermana estudiaba Agronomía. Recuerdo que cogí la boleta y solo puse Agronomía. Pero mi papá cogió el papel y lo llenó con el subdirector de la escuela.            

¿Qué carrera le llegó?    
Ese año estaba priorizada una que mi padre había puesto en la boleta: Ingeniería Forestal, que se estudiaba en Pinar del Río. No sabía ni lo que era.   
Llegué a la casa y me negué rotundamente a estudiar eso, y menos que menos si era en Pinar. Pero por el respeto a los padres, accedí a averiguar bien en qué consistía la carrera. Era algo parecido a la Agronomía. Esta estudia los cultivos y la Forestal, los árboles.                  

¿Pensó alguna vez en abandonar la carrera para cumplir su sueño?
No, nunca. Creé una radio base en la Universidad Hermanos Saíz, que siguió después que terminé los cinco años. Hice locución en los festivales de teatro y en los de la Federación Estudiantil Universitaria.           
Durante la carrera nunca me desprendí de la radio. En el segundo año me asocié a Radio Guamá, la emisora provincial de Pinar del Río. Escuchaba el programa Ámbito Universitario.  
Un día me acerqué a la radioemisora y me hice corresponsal del programa en la Universidad. Iba todos los viernes a grabar, el espacio salía los sábados. El primer impacto fue que debía hablar y yo tenía mucho miedo escénico. Al grabar me equivocaba muchas veces y repetía hasta que lograba hacerlo mejor.

¿Colgó el título cuando terminó la carrera en 1988?        
Cuando terminé la carrera me ubicaron en La Habana, en la Dirección de proyectos del Ministerio de la Agricultura porque la tesis era la implementación de un sistema de automatización que querían poner a todo el país.          
Mi trabajo consistía en viajar todos los meses a las provincias como funcionario de la agricultura para implementar proyectos. El primer viaje fue a Guantánamo. Me casé en la capital. Tuve mi primera hija y llegó el período especial en 1990. Me divorcié. Regresé a Trinidad, donde trabajé en la Forestal de allá. Te podrás imaginar el cambio brusco.

¿Qué hacía?          
Me pusieron de Jefe de protección del municipio. En aquel entonces la gente quería cortar todo tipo de árboles para hacer carbón. Llegaba a las cuatro de la mañana a mi casa, y cada vez me convencía más que aquello no tenía que ver conmigo. Terminé mi servicio social allí.        
Entonces un día le dije a mi papá: “aquí está el título y se acabó́”. Colgué los guantes, como se dice en buen cubano. Después de ocho años de haberme alejado de la radio, la emisora provincial lanzó una convocatoria para locutores.           
Llegué cuando la convocatoria ya había cerrado, no obstante, como me conocían, hicieron la salvedad de grabarme la voz en un estudio. Como al mes me avisaron que había aprobado. El curso duró dos años, una práctica intensiva. Comencé de cero con la ayuda de mi mamá. Mi papá estaba resentido porque quería que siguiera en la Forestal.            
Me habilité como locutor y empecé. Fui el mejor alumno de aquel curso. Lo impartieron en la misma emisora provincial, una licenciada en Lingüística, el locutor Pedro Andrés Nápoles, de mucha experiencia en la radio cubana. Por tener el mejor expediente me dieron un programa nocturno sin haberme evaluado todavía. Así empecé como locutor de radio.   

¿Cuál era el programa?  
Como en casa. Lo hacía con Teresita García Ruiz, una locutora que llevaba años en la emisora, quien me enseñó mucho. Tengo mis anécdotas sobre lo difícil que era hacer un programa en vivo. Cuando me abrían el micrófono tenía en mis manos una cantidad de papeles con felicitaciones. Como cada uno escribe con una letra diferente, a veces no entendía casi nada y me ponía tan nervioso que no terminaba lo que estaba leyendo. Por ejemplo, decía: “Felicidades a Bertica…” y me bloqueaba mentalmente. El oficio te da herramientas para salir de situaciones como esas.        
¿A veces iban a grabar a localidades y municipios?        
Como en casa llegó a ser el programa más popular de la emisora. El tiempo que estuve allí lo pasé muy bien y me sirvió de mucho. El programa era en vivo de lunes a sábado. El sábado se grababa en municipios y campos de la provincia. En El Jíbaro éramos famosos. Hicimos muchos programas allí, en La Sierpe. En el verano grabábamos en centros vacacionales de la playa.

 

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