Una vez Mayté Vera me dijo que las piezas era de los directores, no importaba cuan trascendente pudo ser un guión.  El tope diario con personas dedicadas al audiovisual me demuestran esta hipótesis, por eso admiro a personas que en ese terreno luchen con molinos no de viento.

Tal es el caso de Lil Romero, una bióloga que amaso primero el deseo y luego la realidad de escribir para que otros completen su creación:

-¿Por qué guionista? ¿Cuál fue el primer trabajo que hiciste?

- Estudiaba Biología en la Universidad de La Habana y ya en 4to año escribía para la redacción variada un programa de divulgación de la ciencia que se llamaba “Ventana al futuro”, ese fue mi primer trabajo de guionista. Cuando me gradué de Biología en 1998 hice mi servicio social en Publicien, una institución de la Academia de Ciencia que tenía como objetivo la divulgación de la ciencia. Seguí de guionista en la televisión. Estudié guión en el Centro de Estudios de la TVC y obtuve mi aval de guionista.

 ¿Por qué guionista? Creo que la pasión por la ciencia fue el motor impulsor, al menos en los comienzos. Cuando estaba estudiando Biología, en las clases me ponía a imaginar cómo podía explicar las complicadas materias que recibía a las personas que no conocían nada de ellas pero que de seguro estarían interesadas por saber. Cómo acercar la ciencia de los expertos a los públicos legos fue una motivación muy intensa en ese momento y lo ha seguido siendo hasta hoy.

-¿Siempre has trabajado en programas habituales? ¿por qué?

-A lo largo de 15 años en la TVC he hecho programas habituales, que salen al aire todas las semanas por un período largo e ininterrumpido de tiempo, (De tarde en casa, Conexión, Triángulo de la confianza), programas llamados “de paquetes”, que solo duran al aire un número reducido de emisiones, (Marcapaso, 3punto14, Una calle mil caminos, Sonando y Bailando en Cuba) y telefilmes dramatizados (Ingrid, Jimmy mi amor, La pimienta y el jabón, Piña colada).

Trabajé en programas habituales porque me permitieron:

  1. Entrenarme en la dinámica de escritura y producción de la TVC. Si tienes que entregar un guión cada día o cada semana, tienes que entregarlo, no hay alternativa, hay atención al detalle pero no hay regodeo en ellos. Es el momento en que construyes un sentido de guión perfectible en la marcha, de guión que crece, cambia, se ajusta y se mejora en la medida en que caminas, en que el programa avanza y los públicos te exigen.
  2. Tu guión es tuyo mientras lo estás escribiendo. Cuando pasa al equipo de realización, tu guión es de todos. Siempre me ha gustado la analogía de que el guionista es como esas camareras de hotel que te hacen la cama y después se van para que alguien pueda descansar con comodidad. ¿Quiénes descansan con comodidad sobre el guión que has concebido? El equipo de realización. Cuando quien dirige, quien produce, quien conduce el programa, quien asesora, quien diseña la escenografía, el vestuario, etc, lee tu guión deben entender que pueden descansar en ellos, poner la almohada como deseen, taparse con la sábana o desecharla. No creo en los guiones “de hierro”. Para mí el guión es, al final, un organismo vivo que evoluciona con los saberes de todos. Cuando escribo un guión lo hago pensando en que estoy sugiriendo ideas, estructuras, textos que me parece que pueden funcionar, pero el resultado final proviene del saber colectivo. Y eso sirve también para los guiones de ficción.
  3. Lo que tú sueñas frente a tu PC no es la realidad y eso no puede frustrarte. La TVC tiene recursos limitados y eso es un hecho. Todo lo que sueñas no puede hacerse de la forma en que te lo imaginas, pero existen otras muchas maneras de llevar una idea creativa a la pantalla. Mi experiencia en Canal Habana, por ejemplo, me lo demostró con creces. Hacíamos programas exitosos con muy pocos recursos.
  4. Los programas habituales requieren que te formes todo el tiempo. El estudio de los contenidos que te exigen los programas de orientación y diálogo social así como los de divulgación de la ciencia es significativo. Por hacer mejores guiones en Conexión estudié una Maestría en el Centro Nacional de Educación Sexual, los guiones de Triángulo de la confianza me llevaron a la EICTV y a participar de talleres, eventos, conversatorios donde se mueve el pensamiento social cubano contemporáneo.

-¿Qué lleva a la diferencia salarial y de “jerarquías” que se establecen entre un guionista de habituales y uno de ficción?

-No sé qué lleva a la diferencia salarial entre dramatizados y programas de no ficción. Como guionista, he hecho ambos y ambas experiencias demandaron de mí estudio, creatividad, pensamiento divergente, horas no solo frente a la computadora sino horas frente a la idea. El proceso de maduración de una idea debería pagarse también. Cuando lees un guión no solo estás leyendo lo que está escrito, sino también estás asistiendo al “parto” del guionista a nivel conceptual. Hasta el hecho de escoger un eslogan de no más de tres palabras es un ejercicio intelectual importante. También lo es seleccionar temas e invitados pertinentes, hacer preguntas que inviten al análisis y a la toma de decisiones, concebir una estructura que mantenga la curva de atención, que cambie el ritmo y que ofrezca puntos de giro interesantes, pensar en un buen arranque y un clímax que funcione y deje a los públicos deseosos de volver a conectarse con el programa una vez más. Ambas estructuras de guión, la narrativa (más utilizada en la ficción) y la expositiva (más utilizada en la no ficción) pueden ser eficaces en dependencia de cómo se usen y ambas deberían ser apreciadas a la hora de concebir los pagos de guión.

- ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de un guión de un programa sin ficción?

-Como guionista, una aprende a responsabilizarse más que con “su letra” con su sentido de la elección, con su estrategia de escritura. Elijo escribir mis guiones sin generalizaciones, por ejemplo, y en ese sentido palabras como “nunca” o “siempre” aparecen muy pocos en los guiones que he escrito. Quiero que mis guiones sean inclusivos por tanto me esfuerzo porque “Hombre” no sustituya a “Humanidad”  o por encontrar palabras que nos agrupen a mujeres y hombres sin tener que usar el masculino, o por decir “pareja” en vez de “novio” o “novia”. Esas han sido algunas de mis elecciones. Si después la persona que conduce el programa quiere hacer algún cambio lo podrá hacer, por supuesto, pero sabiendo que hay pautas, elecciones que hice que no debería violar porque no solo hablan de mí como guionista sino que hablan del programa mismo, del tipo de comunicación que eligió el programa para relacionarse con sus públicos. En programas en vivo el guionista debe saber que la última decisión es de quien conduce, que es al final quien habla. No obstante, siempre es saludable el diálogo entre quien conduce y quien escribe.

-¿Cómo llegaste a ser la guionista de Sonando y Bailando en Cuba?

-Quince años en la Televisión Cubana me han enseñado que lo importante es el equipo. Que los equipos de alto desempeño se forman sobre la base de la honestidad, la pasión, la confianza, la alta motivación hacia la tarea y un elevado sentido de la responsabilidad hacia el otro, hacia quien trabaja contigo. Cuando laboras en equipos de alto desempeño el combustible que te levanta por la mañana no es solamente el sueño de hacer un gran programa que guste a todos, sino esforzarte porque el equipo avance, porque nos sintamos bien haciendo lo que hacemos, porque nadie quede atrás ni se sienta menos, porque el propósito, la utopía inicial no se desarme, se agriete o se desvanezca por el camino. Llegué a Sonando y Bailando como he llegado a buena parte de los programas en que he estado: como parte de un equipo.

- Ambos son programas en vivo ¿dejas margen a la improvisación de los conductores?

-Sonando y Bailando fueron programas en que escribí todo de arriba abajo, desde los reels de presentación, las secciones de Roclan, las secciones históricas, los fondos blancos de bien público, las preguntas a los entrevistados (invitados y concursantes), las entrevistas a las familias cuando los finalistas volvieron a sus casas, todo. Solamente la opinión del jurado y el comentario de los conductores después de la actuación de cada concursante no estuvo escrito, por razones obvias. Conductoras y conductores de ambos espacios fueron respetuosos con los textos y los hicieron suyos lo mejor posible.

 ¿Qué se siente cuando se “arma” un espectáculo desde la escritura y un narrador echa por tierra tu trabajo? ¿Y al revés?

-Como guionista tengo un mantra: Confiar en la sabiduría de los demás. Nadie me puede “echar por tierra” nada porque mi saber no es mejor que el de las demás personas que trabajamos juntas. Mi saber es solo otro saber. Conductoras y conductores con los que he trabajado a lo largo de este tiempo han llegado siempre (¡y aquí sí uso la generalización!) con numerosas experiencias de vida, con conocimientos que los han hecho capaces de aportar al colectivo y al programa. Con esa misma confianza en la virtud de los saberes diversos hicimos Sonando y Bailando. A las conductoras y conductores les ofrecí pautas, sugerencias, pero solo eso. Una vez que entraban en la escena del teatro Astral eran ellas y ellos quienes tenían la decisión del decir en sus manos. Fue una gran responsabilidad para ellos. Por otro lado, me esfuerzo por no “echar por tierra” el trabajo de conductoras y conductores, por protegerlos y hacerlos lucir bien ante sus públicos.

 ¿Qué han significado  esos dos programas en tu vida creativa?

-Sonando y Bailando en Cuba significaron para mí la oportunidad de poner en un programa de alta audiencias asuntos sociales importantes. Fueron dos programas diseñados desde su concepción, guión y puesta en pantalla para reforzar valores como el trabajo en grupo, la colaboración, la competencia sana, el valor familia, el valor maestros, el placer de estar juntos. Idear momentos dentro del programa que pudieran defender esos valores fue para mí lo más reconfortante. Desde los fondos blancos con mensajes de bien público hasta el concebir cómo se iba a despedir a los concursantes que abandonaban la competencia para dejar en ellos más esperanza que frustración, más sensación de ganancia que de pérdida, pasando por la sección de Roclan, las visitas a ciertos lugares con proyectos sociales importantes, todo con lo que pudiéramos decirle a las y los jóvenes cubanos de hoy: mira las cualidades de la sociedad donde vives, mira sus tesoros culturales, mira su historia, siéntete orgulloso de pertenecer y participar de este tiempo y de este espacio.

-¿Cuáles son las característica que debe tener un buen guionista?

-Creo que un(a) guionista que aspire a tener una influencia positiva en sus públicos le sería saludable construir ciertas herramientas de vida importantes. Algunas podrían ser: la capacidad de escuchar, la empatía, la facultad de ponerse en el lugar del otro, la flexibilidad de adecuarse a contextos comunicativos diversos (no se le habla igual a un niño de seis años que a un adulto de 60), la curiosidad, interesarse por el mundo y sus cosas y por supuesto encontrar placer en la lectura. Desde el punto de vista profesional, añadiría no dejarse constreñir por los formatos, poner “en encuentro fortuito” -como dirían los surrealistas- el paraguas y la máquina de coser sobre la mesa de disección. Ser capaz de empujar el horizonte, tener valor para salir de la zona de confort y enfrentarse a nuevos desafíos narrativos que al principio dan mucho miedo pero una vez que los vences te dan la energía suficiente para aventurarte a otro nivel.

-¿Tu sueño?

-Mi sueño es poder llevar la divulgación de la ciencia cubana a un programa de alta teleaudiencia como Sonando y Bailando. Las y los científicos cubanos merecen  un  espacio de honor en la pantalla nacional y mi sueño sería poder participar del proceso creativo que los ponga en el lugar que merecen.

- Otro tema que no te haya preguntado y desees decir

-Creo que fue Jesús Martín Barbero, uno de los más lúcidos expertos en medios y mediaciones, quien dijo que “lo que sabemos lo sabemos entre todos”. Creo que un programa solo crece con sus públicos. Ud. Paquita, sus trabajos periodísticos y el debate que derivó de ellos en los portales web de la TVC y de Cubadebate  ayudaron a hacer crecer Sonando y Bailando. Todas las semanas nos leíamos la opinión de todas y cada una de las personas que enriquecieron los foros con sus valoraciones. Gracias a ellas pudimos llegar a buen puerto. Gracias a ellas seguiremos navegando.

 

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