Ángel Castellanos García, fundador de la Televisión Cubana

 Carlos Gardel decía “que 20 años no es nada”… yo ahora lo contradigo cuando converso con este joven de 85 años, que luce su longevidad y conserva su mente muy clara para contarnos pasajes de su vida.   

Nos dice que su familia era muy pobre y dependían del poco salario que recibía como marinero, siempre que hubiera trabajo. Cuando él cumplió los 17 años comprendió que debía ayudar a la familia, pues había hermanos pequeños y la vida estaba muy dura.

Se puso a buscar trabajo y un amigo le comentó que en Cuba ya estaba la televisión y andaban buscando empleados. Asegura sonriente que él no sabía ni qué era la televisión, pero se decidió a ir hasta Mazón y San Miguel, donde estaban los estudios pertenecientes a Gaspar Pumarejo. En la puerta estaba el hombre que daba empleo, él se presentó y dijo que está buscando trabajo. El hombre preguntó si sabía algo de técnica, Castellanos respondió que no, entonces lo emplearon para limpiar los pisos.

Esos fueron sus comienzos como trabajador de la televisión que recién comenzaba. Un día habló con la jefa de escenografía, que según recuerda era mexicana; ella comprendió que el muchacho quería aprender, superarse, y lo mandó a estudiar.

Después de recibir esa preparación ocupó la plaza de auxiliar de estudio y luego de auxiliar de luces. Su interés por aprender crece y devino auxiliar de cámara, así aprendió a manejar esa tecnología además de las luces, junto a su amigo Papito Ferregul. Todo esto sucede en el Canal 4, de Pumarejo.

Pudo trabajar dentro del equipo de realización del programa de los cómicos españoles Gaby, Fofó y Miliki y en Cocina al Minuto, con Nitza Villapol y Margot, y en la Escuelita de Rosendo Rosell.

Pasó el tiempo y un día lo llamaron para ser jefe del Grupo operativo de la Televisión, función que desempeñó hasta su retiro. En esos tiempos, Pumarejo, inaugura unos estudios en Prado y pasa a trabajar en la enografía. Surgen los hermanos Mestre con la televisión y se trasladó para los estudios de P y 23, pues todavía no habían inaugurado el fabuloso edificio que después fue CMQ.

 

Allí también labora como jefe operativo, pero por desavenencias con un jefe cuyo nombre no menciona, sale del grupo operativo y comienza a trabajar como auxiliar de estudio. Por su perseverancia en ese medio, que confiesa es la razón de su vida, comienza a realizar distintos programas: musicales,  aventuras con Erick Kaupp y teatros con los grandes directores de la época como Roberto garriga, Cuqui Ponce de León, Abel Ponce, Silvano Suárez y otros. Nos dice que en esos momentos los directores escogían a los camarógrafos con los deseaban trabajar.

También menciona que tuvo la dicha de trabajar con grandes actores y actrices: Enrique Almirante, Aurora Pita, Maritza Rosales y esa gran dama de la canción Esther Borja en el programa Álbum de Cuba. Igual integró el colectivo realizador del programa más antiguo de CMQ, Palmas y Cañas, que aún se mantiene en el aire.

Recuerda con alegría y tristeza su participación en Día y Noche, con Jorge Villazón; en Su propia guerra, con Albertico Pujol. No quiere olvidar a ese director tan talentoso que será siempre Abel Ponce.

Refiere algo interesante en su larga vida en la televisión: cuando grababan Día y Noche tuvieron la experiencia de visitar cárceles el Departamento del DTI y otros órganos de la Seguridad del Estado.

De su paso por la televisión no le quedó “nada por hacer”, sostiene, y rememora con orgullo que al principio todo era en vivo, a veces tenían que repetir, hasta tres veces una escena. “Cuando llegó el video tape, todo era más fácil, aunque trabajoso”. Tuvo el privilegio de recibir la televisión en colores. También apunta que el trabajo del escenógrafo está muy ligado con el del director y es muy importante la cohesión del colectivo, donde “cada uno puede aportar algo de su experiencia”.

Para él, “la televisión no tiene secretos”, pues trabajó en todos los departamentos. Fue escenógrafo, operador de video, luminotécnico, y se enorgullece de haber comenzado desde abajo. Además, hizo telenovelas, musicales, aventuras, infantiles y trabajó muchos en los remotos.

No se arrepiente de nada de su vida en la televisión, aunque reconoce que “como en cualquier trabajo, hay alegrías, tristezas y desacuerdos”.

A lo largo de sus ocho décadas y media de existencia ha recibido premios y distinciones, entre los que destacan: Fundador de la Televisión, Artista de Mérito, Premio Nacional de Televisión. Como afirma que se siente estrechamente vinculado al medio, todavía la Televisión Cubana puede contar con las valiosas experiencias de avezados especialistas como Ángel Castellanos García, maestro de generaciones.

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