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 Asegura el joven actor Rolando Chiong, uno de los protagonistas de la actual telenovela cubana En fin, el mar

Rolando Chiong Estévez jamás quiso ser actor. Al menos no lo pensó, a pesar de que varios miembros de su familia han trabajado en la televisión o se han vinculado a las cámaras de distintas maneras. Su sueño desde niño había sido ser deportista, o cualquier otra cosa.

Luego de probar distintos oficios, comenzó como asistente de cámara en la televisión, hasta que el destino, o su propia elección, lo han situado como uno de los rostros jóvenes más visibles en los últimos tiempos en la pantalla chica nacional.

Actualmente a este actor de 32 años se le puede ver en el personaje de Omar, en la telenovela En fin, el mar, que se transmite por Cubavisión los lunes, miércoles y viernes a las nueve de la noche.

Aunque Omar no tiene mucho que ver con Rolando, el actor asegura que hay algunas características del personaje que lo asocian con él, pues se considera una persona “de barrio”.

“A mí no me cuesta mucho trabajo separarme de los personajes cuando vuelvo a mi vida real, pero a veces estando con mis amigos de Cayo Hueso, donde vivo, me daba cuenta de que estaba comportándome como Omar. Lo disfrutaba en ese momento pero después lo soltaba”, resalta.

Para el artista, Omar es un personaje que saboreó mucho durante la filmación por su condición de antagónico. Se trata de un muchacho sumido en la delincuencia y el machismo, que no logra avanzar más en su vida por la visión tan equivocada que tiene de las relaciones humanas.

“Sin embargo, el interés que tenía el director con el personaje era, precisamente, no exagerarle sus defectos. Entonces podemos ver un Omar con una proyección negativa que puede tener determinadas virtudes: quiere mucho a su hijo y ama a su esposa, pero no sabe retenerla porque la maltrata y le es infiel. Yo pienso que más allá de todo eso, Omar es también una víctima de su realidad y sus circunstancias”, destaca Chiong.

Sobre el proceso de producción de En fin, el mar, el actor subraya que fue bastante bueno, independientemente de las dificultades económicas que se evidenciaron por el camino.

“La novela se filmó en varios lugares, como los estudios del FOCSA y el puerto de Batabanó. Se emplearon muy buenas cámaras y no me quejo mucho del resultado, aunque hubo cosas que pudieron mejorarse.

“La historia me parece excelente, sobre todo porque en Cuba se han hecho muy pocos materiales sobre la vida de los pescadores. Está la obra Julito el pescador, que no tiene nada que ver con lo que constituye una telenovela”, indica.

En esta producción, Chiong tuvo la oportunidad de trabajar con artistas consagrados de la televisión cubana, como Obelia Blanco y Enrique Molina, pero también con figuras noveles como Dalaitty Martín. En ese sentido, asegura que esa posibilidad le permitió aprender y enseñar.

“Siempre es muy positivo trabajar con actores y actrices experimentados porque son excelentes profesionales que tienen mucho que aportar. Pero salir a escena con artistas jóvenes me da la posibilidad de ayudarlos y brindar mis conocimientos, a partir de mi experiencia”, precisa.

Chiong ha centrado sus últimos trabajos en televisión fundamentalmente en el género de la telenovela, el cual considera necesario y útil para el desarrollo de la pequeña pantalla cubana.

“Algunas personas consideran erróneamente que la telenovela cubana debe suprimirse de la parrilla. Yo estoy en contra de eso. La telenovela cubana no puede retirarse de la pantalla nacional, pero sí debe y puede mejorarse para que el producto sea cada vez mejor.

“Yo creo que eso se puede lograr porque hay equipos de realización, integrados por directores, artistas, asesores, que pueden llevar a cabo óptimos trabajos. A mí no me gusta cuando las personas cuestionan la calidad de las telenovelas cubanas, porque muchos no saben el trabajo que se pasa en un día de rodaje.

“Hay muchas críticas que no tienen nada que ver con los artistas, con los directores. Se hablan de cosas relacionadas con la producción, sin saber cuáles son nuestras condiciones de trabajo. Pero yo considero que buena parte del público cubano nos ve, y me siento muy bien cuando las personas agradecen mi trabajo”, señala.

Para Chiong, una mayor aceptación de la televisión cubana por parte del público nacional parte necesariamente de la calidad de la oferta y de no coartar la creatividad de los realizadores.

“No me molesta que la televisión sea educativa, pero a veces censuran cosas innecesariamente. En ocasiones veo programas de hace unos años atrás, cuando habían menos recursos y, sin embargo, poseen buenos guiones o directores. En la actualidad hay, en ciertos casos, un poco más de recursos y los resultados no son tan buenos.

“Creo también que faltan historias buenas y una mirada más contemporánea sobre lo que se está proyectando. Por ejemplo, ahora mismo están funcionando mucho las series de televisión. Y yo me pregunto a veces: ¿por qué aquí, en Cuba, no se hacen más series?”, puntualiza.

A pesar del relativo éxito que el joven Chiong está teniendo en la televisión cubana, no duda en afirmar que es difícil ser actor en estos tiempos.

“A veces el trabajo es escaso o no hay. Conozco actores y actrices que no tienen nada que hacer. Incluso, las posibilidades en el teatro han bajado muchísimo. Por otra parte, hay que prepararse constantemente, porque existen jóvenes muy bien preparados y con muchos deseos de trabajar”, concluye.

 

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PREMIO NACIONAL DE TELEVISIÓN 2018 A Clara Inocencia Castillo Alcántara

Con solo 9 años de edad, se inicia como locutora y actriz aficionada en un programa infantil en la emisora radial Radio Turquino, de Santiago de Cuba.

Con diversos premios y reconocimientos se graduó en la Escuela para Instructores de Arte en 1964. En 1968 comienza a trabajar en el Canal Tele Rebelde de Santiago de Cuba, como primera directora de programas de diferentes espacios Informativos, Infantiles, Juveniles,  Dramáticos, Musicales y Deportivos, así como de Eventos Especiales. En razón de ello ha obtenido un sinnúmero de premios y reconocimientos en Festivales Nacionales de Televisión y Caracol de la UNEAC.

Fue delegada al Festival del Nuevo Cine Latinoamericano en 1989 y jurado del festival Internacional de Documentales “Santiago Álvarez in memorian” en el 2002.

Fue Presidenta del Consejo Artístico de Tele Turquino y Presidenta de la Comisión de Evaluación de esta entidad.

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PREMIO NACIONAL DE TELEVISIÓN 2018 a Enrique Alberto Bonne Castillo.

Fundador en 1968 del Canal Tele Rebelde.

Dirigió la programación musical y luego Director de Programación de ese Canal. Así mismo, Dirigió la Coral Tele Rebelde durante 19 años. Músico popular cubano, creador de ritmos, autor de varios temas musicales interpretados por su grupo y por diferentes agrupaciones, con una vasta trayectoria musical, dentro y fuera del ámbito nacional.

Nació en San Luis, Santiago de Cuba, el 15 de junio de 1926. Inició su carrera públicamente como autor musical en 1950.  Se graduó de locutor trabajando luego en radio Turquino y en ocasiones en Cadena Oriental de Radio, cuando radicaba en Santiago de Cuba.

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