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La decisión de dedicarme a la actuación puramente fue muy coyuntural, porque siempre me gustó, pero tomaba el teatro y el humor como hobbies

Desde hace ya cuatro años, las noches de lunes no solo nos hacen reír, sino también recordar los años 80, aquellos en los que Ruperto solía visitar el estadio Latinoamericano hasta el fatídico día en que un pelotazo de Marquetti lo puso a dormir por más de dos décadas.

Ingeniero automático de profesión, Omar Franco solía tomar la actuación como un complemento de su vida estudiantil, aunque con tal pasión, que consiguió un premio en el Festival Nacional de Artistas Aficionados de la FEU.

–¿Qué le hizo pensar: «yo quiero ser actor»?

–La decisión de dedicarme a la actuación puramente fue muy coyuntural, porque siempre me gustó, pero tomaba el teatro y el humor como hobbies, con cierta seriedad para que quedara bien, pero nunca con la idea de dedicarme a eso. Así surge en la universidad el grupo Los hepáticos, con el que hice humor por cinco años de manera organizada, en esa década de los 80 en que hubo una explosión del humor universitario.

Su primera actuación de manera profesional llegó con la obra Santa Camila de La Habana Vieja, bajo la dirección de Armando Suárez del Villar. Luego pasó a conformar el elenco del grupo Humoris Causa, debutando con la obra Marketing, grupo con el que ha consolidado su camino en el humor, que ha alcanzado su punto más alto con el personaje de Ruperto en el espacio televisivo Vivir del cuento.

–¿Qué significa Ruperto para su vida y su carrera profesional?

–A Ruperto por supuesto le gusta el béisbol. Para mí este personaje fue una gran sorpresa, porque apenas en dos o tres programas caló en el gusto del público y la gente lo seguía. Ruperto retoma épocas, se cuestiona cosas con mucha ingenuidad, porque se quedó detenido en el tiempo y hay cosas que no entiende.

«Tratamos de no poner muchos elementos del pasado, sobre todo para no perder a un público joven que hemos logrado atrapar en el programa, así como evitamos temas muy modernos porque hay personas de la tercera edad que nos siguen. Algo que creo bueno de Ruperto es la salamería del cubano, tal vez en la casa de Pánfilo faltaba esa persona halagadora de mujeres».

Aunque muchos lo reconozcan como humorista, el drama también le ha traído satisfacciones, especialmente la película Pablo, ópera prima del director camagüeyano Yosmani Acosta. Su participación en este filme le valió el galardón a Mejor Actor de Reparto por el personaje de Rogelio, en el festival Internacional de Cine de Nueva York en el 2013.

–Más allá del éxito profesional y de los premios, ¿qué le exigió desde el punto de vista personal interpretar a Rogelio?

–Creo que crecí, porque aunque Pablo es ficción toca un tema complicado, la violencia infantil. Rogelio es un personaje muy fuerte y el director quiso defender a ultranza que él fuera odiado por los espectadores. En lo personal Pablo me hizo ver esos lados oscuros de algunas personas que pueden llevarlos a los extremos.

–¿Cómo repercutió la interpretación de este personaje en la relación posterior con su hijo Omarito?

–Yo recuerdo que a la mañana siguiente de llegar de Camagüey había un problema en la computadora, cosas normales que pasan, y yo le pregunté de una forma que él mismo me dijo: «te pareces más a Rogelio que a Omar». Ahí me di cuenta de que tenía que empezar a aterrizar en Omar, pero fue difícil.

–¿Cómo se siente más cómodo, detrás de un personaje o como Omar?

–Estar detrás de un personaje es cómodo porque me gusta actuar, pero estoy más amarrado a él. Cuando «hago» Omar también me da placer, sobre todo porque la base de ese humor parte de cuando empecé en Humoris Causa. Eso me da la posibilidad de caer en otro estilo de humor. Si los pusiera en una balanza estarían muy parejos. Disfruto estar detrás de un personaje, pero también hacer humor desde Omar.

–¿Con qué género se queda, comedia o tragedia?

–No puedo quedarme con uno. Hago más comedia, pero con eso me pasa como a Cepeda, hablando de pelota: él batea más a la zurda porque ve más pitchers derechos. La gente me ve más en comedia porque tengo más propuestas en comedia. Pero si tuviese la misma cantidad de propuestas de tragedia creo que trataría de equilibrar. Mi meta es actuar, si la propuesta me llena como artista, la voy a hacer.

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PREMIO NACIONAL DE TELEVISIÓN 2018 A Clara Inocencia Castillo Alcántara

Con solo 9 años de edad, se inicia como locutora y actriz aficionada en un programa infantil en la emisora radial Radio Turquino, de Santiago de Cuba.

Con diversos premios y reconocimientos se graduó en la Escuela para Instructores de Arte en 1964. En 1968 comienza a trabajar en el Canal Tele Rebelde de Santiago de Cuba, como primera directora de programas de diferentes espacios Informativos, Infantiles, Juveniles,  Dramáticos, Musicales y Deportivos, así como de Eventos Especiales. En razón de ello ha obtenido un sinnúmero de premios y reconocimientos en Festivales Nacionales de Televisión y Caracol de la UNEAC.

Fue delegada al Festival del Nuevo Cine Latinoamericano en 1989 y jurado del festival Internacional de Documentales “Santiago Álvarez in memorian” en el 2002.

Fue Presidenta del Consejo Artístico de Tele Turquino y Presidenta de la Comisión de Evaluación de esta entidad.

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PREMIO NACIONAL DE TELEVISIÓN 2018 a Enrique Alberto Bonne Castillo.

Fundador en 1968 del Canal Tele Rebelde.

Dirigió la programación musical y luego Director de Programación de ese Canal. Así mismo, Dirigió la Coral Tele Rebelde durante 19 años. Músico popular cubano, creador de ritmos, autor de varios temas musicales interpretados por su grupo y por diferentes agrupaciones, con una vasta trayectoria musical, dentro y fuera del ámbito nacional.

Nació en San Luis, Santiago de Cuba, el 15 de junio de 1926. Inició su carrera públicamente como autor musical en 1950.  Se graduó de locutor trabajando luego en radio Turquino y en ocasiones en Cadena Oriental de Radio, cuando radicaba en Santiago de Cuba.

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