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Para el popular conductor de Mediodía en TV, la preparación constante es la clave del éxito

Todo parecía indicar que el arte iba a ser lo suyo. De niño le apasionaban las artes plásticas: pintar y modelar con plastilina... De hecho, su abuelo materno presintió que su destino andaría por esa línea, sin embargo, al niño Marino Luzardo, el muy popular conductor de Mediodía en TV, le dio por creer que llevaría de por vida las impolutas batas blancas. Por suerte, con el transcurso del tiempo se percató de «cuánto exigía de un ser humano una profesión como la medicina; no me sentí apto para tal sacrificio: creo que se trata de la profesión más importante del mundo. Cada vez que tengo un médico delante me pregunto si hubiera podido yo entregarme, consagrarme de esa manera. 

«Después de renunciar a ser médico pensé en la sicología, pero no me alcanzó el promedio y me quedé un poco en el aire. La Ingeniería en Telecomunicaciones me llamó la atención cuando leí su perfil en el libro ¿Qué voy a estudiar? La posibilidad de acercarme a la telefonía me resultaba lo más interesante entre lo que se me presentaba, en un momento en que las condiciones de nuestras comunicaciones eran bastante malas. Al poco tiempo de entrar en la Cujae supe que no me iba a jubilar como ingeniero, mas decidí graduarme para ayudar a mi familia. Aprendí mucho durante mi labor como ingeniero: experiencias hermosas vinculadas al mundo de la tecnología, vi renovarse por completo la telefonía de este país y eso fue un privilegio para quienes estuvimos ahí; guardo lindos recuerdos de mi trabajo en Etecsa, también conservo grandes amistades de esa época».

—Marino, ¿eres habanero?

—Nací en La Habana, en el Hospital Nacional, crecí y me crié en el barrio de Arroyo Apolo, o Barrio Azul, como también le llaman, muy cerca de La Palma, un lugar con el que sigo soñando, aunque hace ya más de 20 años que no vivo ahí. Fue en ese sitio donde hice mis primeros amigos, con los cuales compartí una infancia realmente maravillosa. Hoy, al ver a los niños tan dependientes de la tecnología, recuerdo mi niñez como un verdadero tesoro. En cuanto a juguetes y artículos de entretenimiento había mucho menos que en la actualidad, pero lo disfrutábamos todo, incluso los apagones. No teníamos idea de cuán libres éramos entonces».

—¿Cómo llegaste a la locución?

—A la locución me acerqué primero como oyente y televidente. Lo que más me llamaba la atención de determinado programa era la manera de decir de sus conductores, su desenfado, su naturalidad, su gracia; no tardé en identificarme con ellos. Y aunque realmente me veía muy lejos de esos predios, comencé a descubrir que inconscientemente me decía: «Eso yo lo hubiera hecho de otra manera, se ve que él o ella (el presentador/a) no tenía ese dato, porque lo que pegaba era decir tal cosa». En resumen, que hasta llegaba a cuestionarme el trabajo de esos notables profesionales que fueron nuestros ídolos. Todos me decían que tenía buena voz, que parecía locutor, y me lo tomé en serio.

«Fue de ese modo que decidí hacer un curso de locución en 1994 con los grandes Antonio Pera, Ángel Hernández, Rubio Casanova, y de vez en vez aparecía por el aula Manolo Ortega. A la radio le debo las primeras oportunidades ante un micrófono: primero en Metropolitana de la mano de Lianet Pérez, y luego ya como profesional en Radio Reloj, donde me formó el profesor Ibrahim Aput. ¡Qué decir de esa gran emisora que no se haya dicho! Definitivamente es la escuela, donde te encuentras con locutores que con solo observarlos te están dando una clase de lo que se debe y lo que no se debe hacer. Nunca olvidaré mi madrugada de “bautizo”, el 1ro. de enero de 2003.

«En la televisión primero comencé como sustituto de Laritza Camacho, gracias a su recomendación. Luego, de manera estable, apareció De tarde en casa, espacio en vivo de mucha aceptación popular en el cual permanecí por 12 años. Ahí compartí primero con Miosotis Parapar y después con Rakel Mayedo, disfrutando mucho de sus compañías».

—A muchos les sorprendió que no continuaras en ese proyecto... 

—Cuando Odalys Torres me propuso Mediodía en TV, pensé dejar De tarde en casa pero fui aplazando esa decisión y durante nueve años llevé ambos programas en directo, de lunes a viernes. Sin dudas, una carga de trabajo realmente excesiva que a veces me traía el mal sabor de que los mismos invitados que iban a Mediodía... me los encontraba unas pocas horas después. Ese fue el principal motivo por el cual me fui, sentía que era mi culpa y que quien no debía estar en los dos espacios era yo. A partir de 2017 decidí quedarme solo en Mediodía..., pero aclaro que De tarde... y su colectivo ocupan un lugar especial en mi corazón».

«Llegar a Mediodía... fue ponerme a prueba en ese momento y demostrar que podía asumir un proyecto de esa envergadura. Era un espacio en horario estelar en el que podía echar mano de mis conocimientos y herramientas como locutor, donde cada día te das cuenta de que nunca estás lo suficientemente preparado y en el cual tienes la oportunidad de codearte con profesionales de las más disímiles esferas. Tratar de salir airoso del imprevisto que pudiera aparecer, intentar hacer amena la charla y serle cercano al entrevistado y televidente a la vez, resulta, según mi opinión, lo más difícil. Ha sido un privilegio trabajar en vivo. Retar a tu intelecto, dominar los nervios que nunca se van, y entrenar tu memoria, son ejercicios saludables para cualquier presentador».

—¿Cuáles son los mayores desafíos que has enfrentado en tu carrera?

—Definitivamente Mediodía... ha sido mi mayor desafío, por todo lo que te dije anteriormente, teniendo en cuenta que ese horario ha contado con queridos y muy profesionales presentadores. Al principio la gente quería que me riera más, que fuera más chistoso, jaranero. Por suerte siempre tuve claro que yo soy como soy, y que si intentaba imitar o alejarme de mi personalidad estaría muy lejos de la verdad. Llevo casi 11 años en ese programa, al cual también agradezco la cercanía y amistad con Baby.

«Para alguien como yo, que no provengo de raíces ni medios artísticos, llegar a la radio y la televisión ha sido realmente una bendición. Muchos pueden pensar que el ser una persona expuesta o pública te complica la vida, pero te aseguro que son más las satisfacciones que los inconvenientes. No todos los profesionales tienen la oportunidad de que se conozca el alcance de su trabajo. Yo agradezco cada opinión, cada mensaje, cada llamada, no solo para elogiarme, sino también para criticarme. Llegar a ser parte de la vida de tantas y tantas personas, es algo que impresiona, pero aprendes a vivir con ello si lo asumes de forma natural».

—Es frecuente ver en la TVC jóvenes actores y actrices como presentadores, algunos lo ven con buenos ojos, otros lo critican fuertemente. ¿cómo lo ves tú?

—En cuanto al llamado «intrusismo profesional» tengo mi criterio. No me molesta en lo absoluto que quien haga las veces de locutor no esté amparado por el título en esa materia. Hay quien lo posee y no está a la altura. Lo que sí me mortifica es que le den un espacio a alguien porque sea famoso en otros ámbitos, porque sea pariente de alguien o por capricho del director, y al final no esté apto para desempeñarse como debe. Que nadie se engañe: la gente sabe distinguir cuando ve o escucha a un verdadero profesional de la palabra.

—¿Qué características debe tener un locutor-presentador?

—Ante todo, creo que un locutor o presentador de nuestros medios debe tener buen decir, facilidad de palabra, articular correctamente y hacer un uso adecuado del lenguaje. Por supuesto, es clave la preparación, el conocimiento, que te facilita salvar situaciones y no cometer errores. En el caso de la televisión no debe perderse de vista la telegenia, gustarle a la cámara como dicen, y aportar siempre la mayor naturalidad posible en cada aparición; solo así la gente te creerá. Gracias al acceso que hoy existe a materiales que se producen con otros recursos y propósitos, podemos tomar de ellos, para nuestra profesión, elementos muy útiles, pero también cuidarse de imitar, pues en muchos de esos shows pululan los malos ejemplos.

—Poco se habla de tu faceta en el doblaje, labor por la que has sido reconocido en más de una ocasión...

—El doblaje es una disciplina muy exigente, pero apasionante. Hubo un momento en que teníamos doblaje todas las semanas. Era una fuente importante de trabajo. Ya no sucede así. Como bien dices, he obtenido premios por esta labor en varias ocasiones, y lamento no hacerlo tanto como quisiera. Me encantaría que volvieran esos tiempos en los que actores y locutores nos reuníamos en el 14B para hacer nuestras puestas de voz.

—¿Cuáles son tus inconformidades?

—¿Mis mayores inconformidades? Que existiendo un Comité Nacional de Evaluación, que otorga niveles según tu desempeño, no se pague al locutor, al menos aquí en la capital, en correspondencia con su categoría, y la tarifa salarial sea plana por programas, o sea, que un locutor de primer nivel que comparta el espacio con otro de tercero, gane lo mismo, porque el pago es de acuerdo a como esté catalogado el espacio y no a como esté calificado el locutor. La otra es que a ese mismo Comité Nacional, o la Cátedra de Locución de la Uneac, no le asista la potestad en el Icrt para decir quién puede, y quién no, conducir ante cámaras y micrófonos. Se realizan reuniones del gremio donde salen a la luz estos problemas, pero persisten.

—¿Si tuvieses que escoger entre las labores que realizas?

—Cada medio tiene su encanto, como siempre se dice. En cada uno de ellos existirá la posibilidad de realizarse como profesional, siempre y cuando te prepares para ajustarte a sus características, para llegar a disfrutar lo que se hace. Me pones en una encrucijada con esta pregunta. Amo la radio, me encanta el doblaje, disfruto mucho pararme frente al público en un teatro, y en la televisión me siento como en casa. Si la propuesta artística está bien concebida, creo que me sentiré cómodo en cualquiera de esos escenarios laborales.

—¿Tu clave del éxito?

—Como en cualquier otra, la preparación constante; no hablo de prepararse para un programa de radio o de televisión, sino para la vida. El futuro siempre es incierto y si estás preparado adelantas camino.

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PREMIO NACIONAL DE TELEVISIÓN 2018 A Clara Inocencia Castillo Alcántara

Con solo 9 años de edad, se inicia como locutora y actriz aficionada en un programa infantil en la emisora radial Radio Turquino, de Santiago de Cuba.

Con diversos premios y reconocimientos se graduó en la Escuela para Instructores de Arte en 1964. En 1968 comienza a trabajar en el Canal Tele Rebelde de Santiago de Cuba, como primera directora de programas de diferentes espacios Informativos, Infantiles, Juveniles,  Dramáticos, Musicales y Deportivos, así como de Eventos Especiales. En razón de ello ha obtenido un sinnúmero de premios y reconocimientos en Festivales Nacionales de Televisión y Caracol de la UNEAC.

Fue delegada al Festival del Nuevo Cine Latinoamericano en 1989 y jurado del festival Internacional de Documentales “Santiago Álvarez in memorian” en el 2002.

Fue Presidenta del Consejo Artístico de Tele Turquino y Presidenta de la Comisión de Evaluación de esta entidad.

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PREMIO NACIONAL DE TELEVISIÓN 2018 a Enrique Alberto Bonne Castillo.

Fundador en 1968 del Canal Tele Rebelde.

Dirigió la programación musical y luego Director de Programación de ese Canal. Así mismo, Dirigió la Coral Tele Rebelde durante 19 años. Músico popular cubano, creador de ritmos, autor de varios temas musicales interpretados por su grupo y por diferentes agrupaciones, con una vasta trayectoria musical, dentro y fuera del ámbito nacional.

Nació en San Luis, Santiago de Cuba, el 15 de junio de 1926. Inició su carrera públicamente como autor musical en 1950.  Se graduó de locutor trabajando luego en radio Turquino y en ocasiones en Cadena Oriental de Radio, cuando radicaba en Santiago de Cuba.

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