Cuando el 8 de enero de 1959, aquel vendedor de periódicos, un flaco adolescente, se quedó con la vista fija en el hombre de verde olivo que desde la caravana saludaba a todos, no podía imaginar que, años después, una parte importante de su trabajo estaría tan estrechamente enlazada a esa gran personalidad del siglo XX.Antonio Gómez Delgado era entonces solo un chiquillo de 14 años, y junto a la enorme impresión que le causara ver tan de cerca al líder triunfante, allá en la Virgen del Camino, recuerda ahora vívidamente cómo su madre, muy pobre, lo abrazaba llorando y le repetía “nos salvamos mi’jo”, “nos salvamos”.
Tampoco entonces tenía razones para suponer que con el pasar del tiempo nadie lo identificaría por Antonio, y ni el mismo respondería a veces por tal apelativo, porque para todos habría de convertirse en “El Loquillo”. Fue quizás después de la década del 60 cuando se ganó el apodo, porque en 1962 traspuso por primera vez el umbral del hoy Instituto Cubano de Radio y Televisión; cuatro años después sus hombros conocían del peso de una cámara, y ya en 1970 trabajaba para el NTV, “a partir de ahí me cambió la vida, y ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado.
“En realidad, yo he sido siempre muy activo, por eso me llaman así; pero es que mi trabajo me estimula, me anima mucho; siento lo que hago tan lindo, tan útil; y me ha dado la posibilidad de conocer tantas cosas que yo nunca imaginé, lo mismo en lo político, en el deporte… en todo yo he estado.”
Con una modestia que conmueve, siempre mencionando a otros antes que a él mismo, El Loqui, como también le llaman, reconoce que ha tenido la oportunidad inigualable de permanecer cerca de Fidel en incontables e históricas oportunidades. Evoca las Cumbres, las visitas a países, sobre todo de Latinoamérica, pero no dice que, junto al líder, y sin dudarlo, ha compartido también la posibilidad de ser víctima de alguno de los cientos de atentados fraguados en su contra. Al mucho insistirle, menciona entre tales ocasiones aquella del año 2000, cuando Luís Posada Carriles pretendió con un explosivo de alto calibre hacer volar el paraninfo de la Universidad Nacional de Panamá, donde Fidel se dirigía al auditorio. El cámara se encontraba a solo metros del orador.
Al preguntarle cuál es la imagen que evocará de ese gran hombre cuando comiencen los abrazos por el nuevo año, el experimentado camarógrafo detiene en los míos sus ojos verdísimos que tanto han visto y recogido para la historia de Cuba, y responde convencido: “La del hombre más humano que he conocido, la de uno de los hombres más grandes que ha dado la humanidad”.
Le pido anécdotas, algunas de esas vivencias que lo hacen un cubano excepcional, y comparte su recuerdo de la ocasión en que Fidel hizo su entrada a un teatro en Ecuador donde se reunían numerosas personalidades. “Cuando apareció, yo me puse a filmar y a filmar, era inmensa la ovación, todo el mundo de pie, y hubo un momento en que, mientras grababa, caí tan cerca de él que no pude contenerme y le dije ‘Fidel, qué grande es usted’.
El Loquillo, que ha sido además corresponsal de guerra en Nicaragua, en Panamá, y tuvo la oportunidad de filmar las negociaciones cuatripartitas para la paz en Angola, pone énfasis especial en una cobertura periodística.
“Fue en Hiroshima, en el 2003. Él escribió algo en el libro del Museo Monumentario Funerario dedicado a las víctimas de la bomba atómica, y todo el mundo permaneció en silencio; entonces yo le pedí ‘Comandante, ¿usted me puede leer lo que escribió?’. Me miró así, y me dijo: ‘Sí, fui muy sencillo, dice: Que jamás vuelva a ocurrir semejante barbarie’. Fíjate qué cosa.”
Mi interlocutor, que usualmente no es muy locuaz, se asombra de cuánto está hablando y casi se justifica, “¡Es que Fidel es tan grande, y yo quisiera decir tantas cosas de él…!” Y dice más, cuenta de lo gentil que ha sido siempre el Comandante con su equipo, “es muy cariñoso, siempre nos pone la mano en el hombro, nos estimula, nos comenta cuánto estamos trabajando.”
Este camarógrafo de 66 años asegura emocionarse como en la primera ocasión cada vez que ha tenido que reportar acontecimientos donde ha estado el líder cubano. Puede entonces uno imaginarle el sobresalto cuando, años atrás, aguardaba en una fila para lavarse los dientes, y descubrió que uno de los que esperaba tras él era Fidel Castro.
“Después que se inauguró el poligráfico Federico Engels, en Guantánamo, salimos para un recorrido, y esa noche compartimos albergue en una instalación de la montaña. Cuando nos levantamos, yo lo vi, y estaba todavía con la camisa de piyama, recuerdo que era azul, sobre el pantalón del uniforme.”
-¿Y desayunaron juntos?
-Como no. Pero espérate, ese mismo día yo me estaba lavando la boca, y siento que alguien me miraba, y me hacían señas, porque era como una pilita ahí, en el monte. Miro para atrás, y era Fidel que estaba en la cola para lavarse los dientes.
Es tanta la humildad del Loquillo, que casi se ruboriza al asegurarle que la historia cubana le agradecerá imágenes únicas en la trayectoria del Comandante en Jefe Tan modesto es que a duras penas revela una de sus más hermosas anécdotas:
-La última vez que trabajé con Él fue en el Palacio de las Convenciones, hará unos tres años. Yo me sentía nervioso porque hacía tiempo no lo veía en persona, ya se había restablecido de la enfermedad, y en cuanto me vio me conoció. Al terminar la grabación, propuso hacer un brindis con vino por lo bien que había salido todo. Yo, estaba algo apartado, me daba pena, y no había alcanzado copa. Cuando él se dio cuenta, me llamó, me dio la suya y me dijo, ‘ven, vamos a brindar.’
(Tomado de Cubasí)

Actriz, fundadora del Instituto Cubano de Radio y Televisión. Distinguida con la condición de Artista de Mérito por su trayectoria de más cuatro décadas en la pantalla y la radio, donde condujo el espacio *Nosotras* por más de 17 años. Protagonizó la aclamada serie de televisión *Para empezar a vivir*, en la que interpretó los personajes Lidia y Raquel, emblemas de la participación de la mujer cubana en los Órganos de la Seguridad del Estado del Ministerio del Interior. En 1981 recibió el Premio Internacional de Actuación otorgado en el Noveno Festival de Plovdiv de Bulgaria, con la obra teatral “Dos Padres”, escrita y dirigida por Silvano Suárez. Su personaje de La Gaviota en la obra homónima de Antón Chéjov, coprotagonizada con Frank González, le valió el premio de Actuación Femenina otorgado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Asimismo ha recibido 17 galardones por su trabajo como actriz, entre ellos, el primer Premio de Actuación Caricatos de 1997 y el Premio ACTUAR 2016 por la obra de la vida.
Actor, artista de Merito de la TV y fundador del ICRT, comenzó haciendo teatro, su primera actuación significó la realización de todos sus sueños. Consiguió el cariño y el respeto del pueblo gracias a su talento, dedicación y energía en la escena artística. Es ejemplo de humildad, honestidad y autenticidad. Su participación en entregas como *El hombre de Maisinicú*, *El brigadista*, *En silencio ha tenido que ser*, *Para empezar a vivi*r, que alcanzaron un alto impacto social, lo identifican con las vivencias del pueblo cubano en los acontecimientos que han estremecido a Cuba en estos años. Con más de 44 aventuras, en las que han primado la consagración y la solidaridad, como la reciente *LCB, Lucha contra bandidos*, le hicieron merecedor del Premio ACTUAR 2010 por la obra de la vida, otorgado por la Agencia Artística de Artes Escénicas.
Actor, artista de Mérito de la TV y fundador del Icrt, conocido como el hombre de las mil voces por su participación en diversas producciones de animación realizadas por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos y en el Instituto Cubano de Radio y Televisión. Se inició como aficionado en grupos de teatro y musicales hasta que en 1967 comenzó a trabajar en el Icrt como diseñador de vestuario y decorador. Paralelamente cursó estudios de actuación con excelentes profesionales del radio y la televisión. Entre los reconocimientos recibidos por su labor se encuentran la Distinción por la Cultura Nacional, cuatro primeros premios de actuación en los Concursos Uneac de radio, así como el Primer premio en el Primer y Tercer Concurso Nacional de Doblaje; Premio de Narración y Actuación en Festivales de la Radio; Primer Premio de Actuación en Televisión en el Concurso Caricato 1999; Premio ACTUAR por la obra de la vida en 2016 y el reconocimiento de varias generaciones de cubanos por su desempeño como Elpidio Valdés.
Poseedor de una obra con más de cinco décadas de prolífica existencia, que comenzó como aficionado en el teatro a finales del 60, en la primera Brigada de Teatro Obrero-Campesino. Formó parte también del Grupo de Teatro Ocuje y trabajó en obras como “María Antonia”. Luego estudió dramaturgia en la entonces República Democrática Alemana. Como director del Teatro Bertolt Brecht se consolida y dirige más de una decena de obras como “Andoba” y ha sido el autor de 13 piezas. Su trayectoria en la pequeña pantalla le ha legado al público que lo sigue inolvidables caracterizaciones en series como *Aventuras de Juan Quin Quín*, *En silencio ha tenido que ser*, *Un bolero para Eduard*o, y en telenovelas como *Si me pudieras querer* y *Añorado encuentro*. Entre los múltiples galardones de los que ha sido acreedor por su fecunda carrera se encuentran la Distinción por la Cultura Nacional, las órdenes Juan Marinello y Alejo Carpentier, otorgadas por el Consejo de Estado de la República de Cuba, la Máscara de Oro del Teatro Nacional alemán, el Premio Nacional de Teatro cubano en el año 2006 y numerosos lauros por mejor actuación masculina, mejor puesta en escena y mejor autor dramático, conferidos en disímiles concursos nacionales e internacionales.
Inició su carrera en el medio televisivo en su provincia natal, Santiago de Cuba en los años 60. Al mismo tiempo comenzó a escribir para la radio y la televisión y otros espectáculos artísticos. Posteriormente es seleccionado para dirigir la Escuela de Formación de Actores de la antigua provincia de Oriente. Integró a la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) donde fue nombrado responsable regional de cultura en la organización, que más tarde se convertiría en la Unión de Jóvenes Comunistas. En la década del 70 se une al trabajo de aficionados del Ministerio del Interior (Minint). En 1976 parte en misión cultural para la República Popular de Angola. A su regreso a Cuba es nombrado en Santiago de Cuba responsable de cultura del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). En el cine participó en las películas “La primera carga al machete”, “En el aire”, “Cuba en la garra del Águila”, “Habana Blues”, “Entre ciclones” y “El Benny”. Ha sido profesor de varias generaciones de actores en las especialidades de locución, narración y actuación radial. De sus actuaciones más memorables se destaca su intervención como actor y asistente de dirección en seriales como *En silencio ha tenido que ser* y *Julito el pescador*, gracias a las cuales se vincula al trabajo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en la serie *La Botija* y en el Minint en sus estudios fílmicos en espacios como *Día y Noche*, *Patrulla 444* y *Tras la Huella*. Entre sus reconocimientos y distinciones se cuentan: Artista de Mérito del Icrt; Placa y Reconocimiento del Ministerio del Interior por su destacada labor artística; Reconocimiento como director de la Cruzada artística en homenaje al centenario de la muerte de José Martí; Medalla por el aniversario 40 de las FAR; Medalla Raúl Gómez García; Medalla José María Heredia; Sello Laureado por la Cultura Nacional; Distinción Gitana Tropical; Distinción Giraldilla de La Habana; Réplica del machete de Máximo Gómez y diversos Premios Caracol por sus brillantes actuaciones en varias telenovelas, seriales y festivales de la televisión y la radio cubanas.


