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 José Antonio Nápoles recibió recientemente el Premio Enrique Almirante en la categoría de locución y oralidad

Nos costó mucho trabajo lograr esta entrevista con José Antonio Nápoles, pero nuestro equipo es implacable cuando se propone algo. Primero teníamos el teléfono incorrecto, después de conseguir el indicado lo perseguimos hasta el cansancio.

Lo encontramos hace unos días en la segunda edición de la entrega de los Premios Caricatos, donde fue reconocido. Ahí lo abordamos y al fin me dio la entrevista. Nápoles es, por naturaleza, una persona a la que no le gusta hablar de sí misma, pero fue muy gentil con nosotros al contarnos de su vida.

Nació en La Habana, el año no importa porque aún se ve muy bien. Nos dice, que siempre le atrajeron la radio y la televisión. Siendo adolescente se unió a un grupo de aficionados a la radio. Con 12 años, en la Secundaria Básica,  colabora en la Radio base de la escuela. A los 16 años pasa a estudiar al tecnológico (Villena Revolución), y allí funda una Radio base.

Realizó el Servicio Social en Villa Clara. Posteriormente lo ubican en la Isla de la Juventud y allí comienza a laborar como corresponsal en la emisora local,  después se queda como locutor, labor que ejerce entre 1976 y 1980 cuando regresa a La Habana.

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La telenovela cubana, en los últimos tiempos, se ha convertido en un tópico bastante repetido. En cualquier esquina la gente comenta sobre lo que le falta, lo que de bueno tiene. A propósito de En tiempos de amar, CubaSí conversó con Julio César Ramírez Ojito, director de actores en la propuesta actual.

¿Qué te parece la acogida a la telenovela?

«Creo que ha sido muy buena, sobre todo en los últimos 30 capítulos. La gente empezó a ver la novela con la preocupación natural, de un espacio de telenovela cubana fuera del aire por muchos meses. Ese fue un error grave en la programación de la Televisión cubana. La telenovela en Cuba es un patrimonio y no puede salir del aire ese espacio, aunque tengan que reprisar algún título. El público fue entrando y finalmente está muy atento a cada capítulo. Con esta telenovela el televidente vuelve a entrar en el género, pues muchas veces se ponen obras con otras características en ese espacio».

En sentido general, ¿qué crees que le falta a la novela cubana, como espacio televisivo?


«Riesgo. Hay mucho temor a entrar en temas que verdaderamente laten en el espectador. Están saliendo muy buenos guionistas y tenemos excelentes actores. El otro problema puede ser los problemas de producción; hay que entender que una telenovela es costosa, necesita recursos y muchas veces no están disponibles. Es muy importante salvar y alcanzar un impacto. Un buen guion con buenos temas puede ser de gran beneficio en términos culturales, sociales, recreativos».

La gente necesita las telenovelas…


«Es imprescindible para la vida de cualquier televisora. En el dramatizado, y particularmente en la telenovela, se llega al espectador de manera directa, el resultado impacta siempre en la emoción del televidente y también en el debate con su realidad, aun cuando sea una obra de época. Creo que puede ser un instrumento muy útil para la cultura y, sobre todo, creo que el televidente cubano cree en ella, porque es un problema cultural. Muchos nacimos escuchando las novelas radiales, después nos quedábamos ante el televisor con las aventuras de las 7:30 y también en la novela. Recordemos Horizontes, un espacio de novelas que fue determinante. En fin, el espectador necesita la telenovela; no es que sea un simple divertimento, el espectador cubano necesita ver sus temas en ese pequeño espacio de la noche».


Proyectos inmediatos de Julio César…

«Debo empezar en febrero la película El Mayor, con Rigoberto López. Después tengo mucho teatro, pues participo en el Festival Internacional de Teatro de Alentejo, en Portugal, con la obra La pasión King Lear. Después voy a dirigir en mayo, allí en Portugal, una obra de teatro con el Grupo Lendias D’Encantar. Estoy trabajando en una serie para la Televisión portuguesa que debe rodarse en noviembre y diciembre, parte en Cuba y parte en Portugal. Por supuesto, debo seguir trabajando en el Teatro Raquel Revuelta con mi grupo Teatro D’Dos, que es el centro de mi vida. Es eso. Bueno, creo que es bastante».

Tomado de Cubasi

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 Acercamiento al connotado periodista, director, profesor, editor y productor

Sin lugar a dudas, la inauguración oficial de la  televisión en Cuba, el 24 de octubre de 1950, estuvo presente  dentro de los relevantes hechos que despertaron grandes esperanzas y expectativas en la vida cultural de nuestro país.

Una vez consolidado el triunfo revolucionario, el 1 de enero de 1959, se   introdujeron, gradualmente, cambios en aras de implementar una nueva  formación política, cultural, informativa de la población.

Recordemos que desde 1959 hasta 1962, la radio y la televisión transitan de la propiedad privada a la estatal, proceso condicionado por todas las transformaciones sociales de la Revolución.

En este noble empeño se destacaron relevantes técnicos, ingenieros, especialistas  y realizadores de este medio masivo de comunicación.  Por esta razón es necesario señalizar a Freddy Moros Bermúdez, profesor, periodista, director y productor de televisión.

Moros nació el 15 de enero de 1943 en  el populoso barrio de Marianao, donde inició sus estudios primarios y de secundaria básica en la escuela anexa normal No.2 y posteriormente continúo en el reconocido preuniversitario de La Habana.

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En más de una oportunidad he dicho que he tenido dos JEFES  en mi vida: Jorge Oliver Medina y Lizzete Vila. Ambos me sacaron el kilo, trabajé con y para ellos sin cansarme, pero muy feliz. En el caso del primero es la persona que me daba órdenes haciendo chistes, que yo siempre tomé en serio. Confió tanto en mí que por lo menos una vez, asumió como suya una mala decisión que tomé. Me preparó para ser la directora de mi querida y añorada  revista El caimán Barbudo y con  él aprendí que dirigir además de disciplina necesita lograr la complicidad.  En  el hombro de Oli lloré la muerte de mi padre el 17 de diciembre de 1983, con él he bebido no se que cantidad de cerveza,  y también monté en su carro estando él total ente “curda”. En cierta oportunidad llegamos  a mi casa, mi madre le hizo un café amargo, se dio una ducha y al otro día me contó: “cuando empecé a “ver” y me  fijé en la foto de Fidel, dije estos son de los míos”.

Todo esto es cierto pero no valdría una entrevista si Jorge Oliver no fuera un intelectual orgánico, según la definición de Gramsci: culto, capaz, brillante, muy creativo y comprometido con  su tiempo. Me enorgullece decir que este artista es mi amigo y escribir de él sobre sus juveniles 70 años que cumple este 15 de diciembre.

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