Entrevistar a Diana Rosa Schlachter Piñón, se me convirtió en un reto.  Mi amiga y colega Iramis Alonso me dio su correo: todos me rebotaban. Hasta que la contacté por FB y ella me escribió un mensaje.

Entonces empezó otro empeño: insistir para que me respondiera las preguntas. No me arrepiento. Valió la pena porque esta muchacha, graduada de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana, en 2008, tiene una linda historia que contar.

Directora y guionista de varias secciones y programas: A ciencia cierta (Noticiero Juvenil),  Mente Abierta (Buenos Días), Espiral (NTV Cierre), Expediciones (NTV Fin de semana) y más recientemente, Ábaco y La Fórmula de la vida (Canal Caribe), Máster en Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología, Universidad de La Habana, desde el propio primer año de la carrera se inició en la tv…con la ciencia:

-¿Es un asunto genético tu acercamiento a la ciencia?

-¡Sí! ¡La responsabilidad es de los genes! O al menos, es una manera muy buena de explicar por qué soy una enamorada de la ciencia. Ciertamente, de niña tuve la influencia de mis padres. Una influencia silenciosa. Mi mamá es bioquímica, una académica apasionada por la investigación. Así que los laboratorios y los experimentos me resultaron siempre muy familiares. A mi padre, muchas personas lo recuerdan por La Otra Geografía y porque desde todos los medios de prensa en los que trabajó fue un gran defensor de los temas científico-tecnológicos. Es un periodista científico por convicción, leal, seguro de la urgencia de promover la cultura científica.

Tuve además, el impulso enorme de mi abuela materna que estimuló en mí los deseos de investigar, de aprender siempre. Pero en realidad, podía haber escogido cualquier carrera: ser artista o cosmonauta. Mi familia me hubiera apoyado igual. Sin embargo, ¡el periodismo y la ciencia estaban en los genes!

- ¿Por qué en la televisión?

-Cuando era muy joven me veía como escritora y pensé al inicio que mi camino en el periodismo tendría que ver con esa vocación. En primer año de la carrera, un buen amigo de curso, Carlos Maristany, me llevó al Sistema Informativo. Él colaboraba con el Noticiero Juvenil y estaba coordinando un reportaje sobre el espacio de aventuras en la televisión. De repente vi cómo nacía una historia que, junto al texto escrito, articulaba su mensaje con imágenes, música, efectos. Para mí fue un descubrimiento… y llegué para quedarme. Le debo mucho a la reconocida periodista Irma Cáceres, que confía en los jóvenes y en la necesidad de abrirles espacio en los medios. También mi gratitud va siempre para aquel colectivo del Juvenil.                    ¡Y hasta la casualidad hizo su parte para que yo me dedicara a la ciencia! Al poco tiempo de integrar ese colectivo, Beatriz Parra, la colega que tenía a su cargo la sección “A ciencia cierta” tuvo que cumplir otros compromisos profesionales y entonces, me dieron la oportunidad de seguir ese espacio.

Ya han pasado 15 años y confieso que me encanta contar la ciencia con las posibilidades del audiovisual. Creo que los recursos de la televisión –bien utilizados- nos ayudan a comprender mejor temas complejos, pero que en definitiva son necesarios como parte de la cultura de una persona de este siglo, tan marcado por el desarrollo de la ciencia y la tecnología, con todos los riesgos y las oportunidades que eso significa.

- ¿Es muy largo el proceso de preparación para temas tan difíciles que haces ver corrientes?

-Es un proceso constante. Primero, tengo mucho que agradecer a la Maestría en Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología porque transformó mi manera de pensar. En ocasiones, los temas científico-tecnológicos están en el imaginario colectivo sólo como asuntos curiosos y hasta raros. Esa percepción hace que en ocasiones, los trabajos que aparecen en los medios de comunicación – y hablo aquí también del escenario internacional- pongan énfasis en la parte “sensacionalista” de la ciencia por decirlo de alguna forma y entonces, se corre el riesgo de perder de vista a la ciencia y la tecnología como procesos sociales, o sea, marcados por los valores culturales, políticos y económicos de un contexto determinado.

Es un trabajo de mucha investigación y trabajo con las fuentes, de buscar puntos de vista diferentes y analizarlos de manera crítica. Tengo que llegar a entender lo mejor posible cada tema para después comunicarlo de manera atractiva pero rigurosa, desde la polémica siempre que se pueda, mostrando también los puntos de vista encontrados, la incertidumbre que hay muchas veces detrás de las investigaciones, y una postura cautelosa ante los descubrimientos para evitar el sensacionalismo y crear falsas expectativas sobre un suceso científico. ¡Todo en menos de tres minutos!

Además, resulta fundamental para mí no imponer los criterios, sino compartirlos. Claro que en cada trabajo defiendo un punto de vista, pero eso no significa tronchar el pensamiento de los demás ni desdeñarlo. Al contrario, me gusta motivar un análisis propio en cada televidente. Soy consciente de que la verdad no está de un solo lado. Es mucho más enriquecedor el diálogo y activar la inteligencia colectiva.

- ¿Fue Ábaco un sueño cumplido?

-Ábaco es… un sueño en pausa. Pudimos hacer 11 capítulos que abordaron desde las ciencias naturales y exactas, hasta las ciencias sociales. Fue un espacio para probar formas de decir desenfadas pero rigurosas. En cada guión buscábamos desmontar un estereotipo, ofrecer miradas múltiples a un mismo fenómeno, por ejemplo, cuando en el programa sobre cambio climático analizamos la posición de los negacionistas que están en contra de este fenómeno. También buscamos siempre hacer una crítica constructiva, por ejemplo en el programa dedicado a la Arqueología debatimos sobre la necesidad de crear en Cuba una carrera que permita tener la formación necesaria para dedicarse a esa especialidad; y en el que hablamos sobre la Matemática intentamos mostrar cómo las maneras memorísticas y repetitivas de enseñar hacen que por lo general, las personas sientan cierta aversión por una materia que es bellísima, útil… ¡y hasta divertida!

Ese fue precisamente otro propósito del programa: entretener. Y es que la ciencia y la tecnología pueden abordarse con seriedad desde el humor inteligente –aquí contamos con el apoyo del Proyecto Delta, de la Universidad de La Habana-, a través de historias de vida porque quienes hacen ciencia pueden ser también personas muy interesantes y empáticas; o con el acercamiento a lugares impresionantes pero menos conocidos, como el Museo de las Telecomunicaciones, en la Habana Vieja.

En este empeño de mostrar todo lo novedoso  y polémico del universo científico-tecnológico quiero resaltar el apoyo del joven periodista Adiel Guevara, con un talento particular para encontrar aristas llamativas de un tema, y del editor Daniel Contreras, una persona imprescindible en el equipo, por su sensibilidad para dejar en cada programa la impronta de una estética moderna en el tratamiento de la imagen y el sonido, para crear infografías (un recurso tan útil en pantalla), en resumen para darle a cada emisión la vitalidad y frescura audiovisual que merece y necesita la ciencia.

Ábaco me enseñó muchísimo y espero hacerlo de nuevo, pero para eso es necesario organizar un equipo estable, formado por personas con vocación hacia el periodismo científico y por camarógrafos, sonidistas, luminotécnicos… comprometidos con el espacio. La televisión – y esto es algo que me encanta- es una creación colectiva, por eso resulta imprescindible que todas las inteligencias estén motivadas a involucrarse en un proceso que tiene tanto de arte.

Es imprescindible también conseguir un apoyo logístico, porque con recursos muy escasos o deficientes, los programas terminan por ser poco sostenibles en el tiempo.

Ábaco es un sueño que no pierdo la esperanza de retomar más temprano que tarde.

- ¿Por qué La fórmula de la vida?

-La fórmula… fue una serie dedicada alertar sobre la situación de los recursos hídricos en Cuba y también a nivel internacional. En cada programa logramos ir a las locaciones específicas (Acueducto de Albear, provincia de Camagüey, desalinizadora de Guanabo…)  y encontrar in situ, las historias de vida que ayudaron a articular los guiones, con la intención de que resultaran más atractivos y cercanos para el público.

Así, tuvimos la oportunidad de tratar temas diversos: guerras por el agua, historia de los acueductos, labor de los observadores voluntarios de lluvia, cosecha tradicional de agua de lluvia, por qué se conoce a Vietnam como el país del agua, perspectivas y retos de los procesos de desalinización…pero independientemente del eje de cada capítulo, la esencia era sensibilizar a las personas sobre la necesidad de preservar ese recurso.

Como parte de la presentación del programa teníamos una especie de spot que resumía nuestro punto de vista sobre la importancia del agua como “(…) fuerza motriz de la naturaleza, el kilómetro cero de las civilizaciones…indispensable para más de siete mil millones de personas y para ecosistemas diversos…insustituible, vital.”

- Últimamente tienes más espacio en el Noticiero Estelar ¿es coyuntural por asuntos que tratas o una política actual del sistema informativo?

-Al espacio del comentario en el Estelar llegué a partir de una coyuntura concreta. En medio del proceso de informatización de la sociedad cubana surgió la necesidad de hablar sobre el punto en que estaba Cuba en materia de acceso a las TICS y además, resultaba oportuno llamar la atención sobre la necesidad de asumir una postura crítica frente a la información disponible en la red de redes. Debo agradecer a Ovidio Cabrera, director general del Sistema Informativo, ese pie forzado.

Después de esta experiencia le hablé a Héctor Martínez, al frente del Noticiero Estelar, sobre la posibilidad de sistematizar un espacio semanal dedicado a la ciencia y la tecnología. Me abrió las puertas y yo le agradezco ese voto de confianza. Iniciamos entonces con el tema de la “postverdad y otras mentiras piadosas”, un comentario dedicado a las fake news sobre ciencia  que aparecen en las redes sociales y medios digitales.

En este contexto retomé la idea de hacer el Observatorio Científico en el Estelar Dominical, como una sección flexible (variadas maneras de presentación y tratamiento de los temas), dinámica, con un fuerte componente visual. Tuve el apoyo de profesionales como Lázaro Manuel Alonso (periodista y director de los Noticieros del Fin de Semana), Georgina Aguiar (directora de televisión) y también de nuestro grupo operativo, en especial del camarógrafo René García. Entre todos, intentamos probar códigos de comunicación contemporáneos, y en ese experimento seguimos cada domingo, porque la televisión es mi laboratorio.

La visualidad del Observatorio está nuevamente a cargo de Daniel Contreras y casi siempre se nos hace de madrugada tratando de darle el mejor acabado posible a ese espacio, desde el punto de vista audiovisual. Es un trabajo duro pero lo disfrutamos muchísimo. La verdad es que me cuesta pensar en un producto para la televisión sin la riqueza de ese vínculo armónico entre el poder de las imágenes y la intencionalidad de la banda sonora. La realización me apasiona.

Lo más importante de ambas experiencias ha sido la interacción con el público. A través del correo electrónico, las redes sociales o en la calle, las personas nos dejan saber que la temática científica, tecnológica y medioambiental sí les resulta interesante y necesaria. Ese respaldo ayuda a darle un voto de confianza a las secciones sobre ciencia en horario estelar.

- Dime en que estás pensando para mañana

-Tengo muchas deudas. Como le comenté, me encantaría hacer un segundo paquete de programas de Ábaco. También quisiera impulsar el proyecto del Noticiero Científico, un sueño que heredé de los periodistas científicos que me antecedieron pero que ha sido difícil concretar. No obstante, ahora por ejemplo, la Academia de Ciencias de Cuba trabaja para  potenciar ese proyecto. Es un espacio necesario y me encantará formar parte del equipo que lo  lleve adelante.

También pienso hacer el doctorado en un futuro muy cercano. Los periodistas, si bien nos definimos muchas veces como profesionales de la práctica, del terreno, debemos estar vinculados a la academia o a algún espacio de superación. Por la experiencia de la Maestría sé que el contacto con la teoría transforma la praxis en un escenario más útil y fructífero.

Y algo muy importante: quiero ser madre. A los 32 años, uno va pensando en construir su familia. El periodismo, como toda profesión que uno ama, se adueña de nuestro tiempo. Siempre hay un proyecto, algo que no puede esperar, la mejor cobertura, el programa que soñaste hacer. Pero un alto se impone –aunque cueste trabajo- porque sin familia y amigos, de nada vale todo lo demás.

 

- Entre tú y yo ¿no le temes al desarrollo a grandes y rápidos pasos de la "inteligencia" artificial? ¿No se saldrá de la mano del homo sapiens?

-Esa es la imagen tradicional que nos llega de la ciencia ficción. De cualquier forma, estamos ante un tema controvertido y para muchos, el mayor reto tecnológico de la historia.

En efecto, algunos enfoques muestran que la idea de la inteligencia artificial es una amenaza. Hablamos de máquinas capaces de tomar el control y rediseñarse a sí mismas para acabar con la especie humana.

Pero existen otras posiciones. Hace poco tuve la oportunidad de entrevistar a Hiroshi Ishiguro, el famoso científico nipón creador de robots humanoides. Él, desde su experiencia en Japón, tiene una visión muy favorable y considera que se trata de una  tecnología que van a ayudar al ser humano. Incluso, mencionó el caso de personas con necesidades específicas, como los autistas o los ancianos con demencia que pueden beneficiarse de la interacción  robot inteligente-ser humano.

 Ante esta dualidad, ¿se trata de prohibir o de estimular el desarrollo de la inteligencia artificial? Tal vez lo más importante en este escenario sea pensar, desde la ética, sobre la importancia de acompañar como sociedad (global) estas investigaciones: conocer su alcance, los progresos y  las incertidumbres del proceso.

Necesitamos estar informados y ser conscientes de que la participación social en las decisiones tecnológicas es una urgencia de nuestro tiempo. En este camino el periodismo científico tiene muchísimo que aportar.

- Lo que no te haya preguntado y desees decir.

-Le cuento una vivencia: hace poco, un grupo de estudiantes llegó al Sistema Informativo para hacer sus prácticas. Tuve la oportunidad de intercambiar con ellos unos minutos y les pregunté cuántos querían dedicarse al periodismo científico. Ninguno levantó la mano.

El futuro de esta especialidad en nuestros medios es un asunto preocupante. Aunque ya existe en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana una asignatura optativa que imparte la colega Iramis Alonso, para motivar a los jóvenes a comunicar la ciencia y la tecnología, la realidad demuestra que muy pocos eligen ese camino.

¿Por qué? Creo que la respuesta tiene que ver con muchos factores. Primero, en pocos medios los jóvenes encuentran un colectivo articulado de profesionales que se dedican a esa especialidad y que pueden, no sólo enseñarles, sino también defender la presencia sistemática y rigurosa de esos temas en la agenda informativa. Pienso además, que sobrevive la percepción de que tratar la ciencia es difícil, aburrido y que se trata de una especialidad con pocas oportunidades para el desarrollo profesional en nuestro contexto.

Hoy el periodismo científico en Cuba camina en solitario y sobrevive, muchas veces, por la voluntad y el esfuerzo de profesionales individuales. Tenemos que proponernos cambiar esta realidad porque hoy es imposible entender el mundo sin ciencia; porque la ciencia y la tecnología son vitales para el pleno desarrollo cultural en el siglo XXI.

 

Destaca Roberto Cornelio Ferguson, Premio Nacional de Televisión 2013

Luego de cinco décadas al servicio de la información y el entretenimiento en la pequeña pantalla nacional, el director de televisión Roberto Cornelio Ferguson siente que, a pesar de los aciertos y logros, los hacedores de espacios televisivos necesitan actualmente una inyección de pasión y mayor entrega en su trabajo diario.

En entrevista exclusiva para esta publicación, el Premio Nacional de Televisión 2013 resaltó que es imprescindible recuperar el mismo espíritu que se tenía en 1969, cuando se convirtió en el director general del Noticiero Nacional de Televisión (NTV) durante 25 años consecutivos.

“El NTV es una escuela y me gustaría que todos los especialistas de la televisión pasaran por él. Es un programa diario y en vivo. Los camarógrafos, sonidistas, diseñadores de luces se emplean a fondo y asumen una alta responsabilidad. El dominio técnico que tengo en el switcher se lo debo a ese espacio”, indicó.

CubaSí puso a disposición del actor su Sitio para el interesante encuentro

Yamila92: Creo que soy la primera en hacer la pregunta. Primero quiero que sepas que para mí eres un buen actor y que tu trabajo por lo menos a mí me llega. Quisiera saber cómo es Alberto Joel fuera de cámaras, qué le gusta hacer cuando no tiene ningún proyecto a mano. Y felicidades.

Alberto Joel: Me gustan mucho los animales: tengo cuatro gatos y una perra rottweiler. Me gusta ver películas, veo mucho humor también; me encanta reírme y dormir, descansar…

La popular actriz de la radio y la televisión, Aurora Basnuevo Hernández, comparte con los lectores algunos detalles de su prolífica carrera artística a lo largo de seis décadas

 Aurora Basnuevo Hernández arriba a los 80 años con la satisfacción de ser querida por el respetable público cubano. En la sala de su casa exhibe con orgullo múltiples premios y reconocimientos que ha obtenido a lo largo de su prolífica vida artística: El Girasol de la revista Opina, el Premio de la Popularidad de Entre tú y yo, el Premio del Barrio –que otorgan los Comités de Defensa de la Revolución–, el Premio Nacional del Humor y el Premio Nacional de la Radio, entre muchos otros.

Llegó a CMQ Televisión siendo estudiante de magisterio. Sin permiso de su mamá se presentó en el programa de aficionados de José Antonio Alonso como cantante y terminó alzándose con el primer lugar.