El Loquillo entró, se sentó en una silla junto a mí y comenzó hablar sin detenerse, inmediatamente después de darme las buenas tardes.

“Me hicieron una trampa. Yo no me imaginé que yo fuera a ganar el Premio. Llegué a la Upec para hacer la información y todos me decían: ¡Hey Loquillo!, ¿cómo estás? Juana empieza a leer el acta y cuando dice que es de Guanabacoa, yo me dije: si es de ahí yo lo conozco…y empieza a hablar de la trayectoria…pero como muchos compañeros han estado con Fidel…Ya cuando habló de la expedición me decía ¿yo, yo? Aún no me lo creo, me sigo diciendo ¿será verdad que soy yo? Me emocioné mucho, porque hay tantos que se merecen este Premio y yo lo único que he hecho es trabajar”.

Con el fin de conversar sobre el doblaje, su importancia y misterios, he realizado no sé cuántas llamadas telefónicas y mandado varios correos electrónicos. En todas las puertas que he tocado me han dicho: “habla con Magda González Grau, ella es muy respetada como directora de doblaje de Cuba”, pero esta mujer anda por Cienfuegos realizando unos talleres acerca de la filmación de cortos de ficción.

Por ello lo que sigue es una entrevista en dos tiempos: la primera parte de una conversación que sostuvimos hace años, y la segunda vía telefónica sin grabar y que hice para este dossier noches atrás.

¿Qué te hizo acercarte a la televisión?, le pregunté hace unos años y su respuesta fue precisa: “La casualidad. Se suponía que yo iba a ser maestra. De hecho, desde el sexto grado yo quería irme para Minas del Frío en aquel plan emergente para formar maestros. Pero mi mamá me convenció de que debía estudiar primero para luego enseñar mejor. Cuando entro en la carrera de Filología, yo estaba segura de que me iba a quedar dando clases en la Facultad, o por lo menos haría todo lo posible para ello, pero no pudo ser. Cinco meses después de graduada, una amiga me habla del Departamento de Subtitulaje de la Televisión Cubana, me dice que andaban buscando gente que tuviera buena ortografía y nivel cultural, y las dos entramos a trabajar en el ICRT. Hasta ese momento mi única vinculación con la televisión había consistido en ser una televidente furibunda”.

¿Qué te aportó trabajar y dirigir en el doblaje de numerosos programas?

El doblaje me aportó mucho. Primero, mi formación era estrictamente literaria y lingüística, y ahora tenía que familiarizarme con el cine por dentro, porque Doblaje pertenecía a los Estudios Cinematográficos del ICRT. Tuve que pasar un curso en el ICAIC para poder ingresar en el sector artístico y mis profesores fueron Fernando Pérez, Miriam Talavera, Ambrosio Fornet, Miriam Lezcano, Nicolás Dorr y otros altos especialistas. Conocí lo que era una moviola, la diferencia entre 16 y 35 milímetros, leí libros de Historia del Cine, de Montaje, de Guión y Dramaturgia. Tuve credencial para el Primer Festival de Cine de La Habana. Sufrí lo que se llama, técnicamente, una reorientación profesional.