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A Georgina Herrera y a mí nos unen numerosos lazos, quizás el más fuerte el de la amistad y la admiración que siento por ella, como poeta, escritora de radio, defensora de las causas justas y –quizás debí empezar por aquí- como ser humano.

La Yoya que lee casi todo lo que escribo me sugirió que lo hiciera acerca de Una calle, mil caminos, y yo que lo tenía en mente hice pública su sugerencia.

Ahora, me manda este texto que mantuvo inédito para que lo publique en mi columna porque “yo sé escribir de esas cosas”, como si la maga de las letras no fuera ella. Aquí va como primicia, con quince años de atraso, lo que le sucedió a esa PROFESIONAL de la radio el día que la reintegraron a su sindicato.  Y no en mi columna, en su PORTAL que bien se lo ha ganado. (Paquita Armas Fonseca)

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  Hay que aplaudir los esfuerzos de la Televisión Cubana por actualizar la parrilla de su canal generalista, Cubavisión. Los televidentes hemos sido testigos de pequeños cambios, que no por pequeños dejan de ser importantes: son los primeros pasos en la necesaria consolidación de una visualidad coherente, perfectamente armonizada, que singularice la señal.
El identificador del canal ya aparece en casi todos los programas, en el extremo superior izquierdo de la pantalla. Todavía luce un poco plano; en algún momento pudimos ver una versión mucho más “volumétrica”, con mejor trabajo de diseño. Duró poco. Pero al menos ya se asumió una práctica habitual en la mayoría de las estaciones del mundo.

También es plausible la inclusión de infocintas (aunque hay que seguir trabajando en la redacción y oportunidad de los mensajes), anuncios puntuales de los programas que se están viendo y los que se verán, la hora y la temperatura. Por el momento, pareciera que el canal está experimentando. Ya es hora de que se estabilice el uso de estos recursos, para que puedan ganar mucho más en funcionalidad, concepción de diseño y sentido del espectáculo.

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Solo le faltaron cuatro años para llegar a la centuria, pero es como si María de los Ángeles Santana Soravilla hubiera vivido cinco siglos: ¡tanto hizo y protagonizó que no parece propio de una sola vida!

Cantar y actuar con Rita Montaner, estrenar en Madrid la revista Tentación y mantenerla por más de mil funciones, ser el primer rostro —en 1946― transmitido por la televisión cubana en un acto experimental, actuar con Jorge Negrete, Pedro Infante, Stan Laurel y Oliver Hardy y otros actores de fama internacional, son hechos que sirven para contar la vida de esta mujer: una especial novela de amor.

La fama de María ―como le decía Plutarco, digo Enrique Santiesteban― estuvo matizada por hechos ajenos a la actuación.

Por ejemplo, en 1938 manejó una moto Harley Davidson, y se dice que fue la primera cubana en acometer aquella proeza que rompía cualquier convención.

El hecho es sumamente importante para los motociclistas que en su web Motos Clásicas de Cuba le confieren un espacio y publican una foto tomada de un periódico de la época.

Divorciada de su primer esposo, se casó con el actor Julio Vega, un cubano bien apuesto y que devino una suerte de representante de la actriz, porque él no brillaba como ella en la actuación. Fue su fan número uno en las correrías por el Malecón, cada uno manejando una Harley Davidson.

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 Acercamiento a un ritual de la experiencia cotidiana

El fútbol, una distracción de los más jóvenes en el barrioTodo lo que ocurre hoy en día, acontece para la televisión. Este medio se insertó de tal forma en la vida del ser humano en cualquier país, que es casi imposible pensar en los acontecimientos del mundo sin su presencia.

De acuerdo con el profesor colombiano Omar Rincón: “la televisión hay que comprenderla como un ritual de la experiencia cotidiana: ir a su ceremonia, a sus formas y maneras de intervenir las rutinas del existir, a sus modos de relajar-imaginar y sus maneras leves de significar”.

Los formatos, géneros y programas continúan siendo las formas más estables de referencia al medio como acto cultural. De hecho, televidentes de diferentes edades y sexos, asumen, interiorizan, llevan a la práctica, lo que ven y les impresiona en la pantalla doméstica.

Ocurre con la Copa Mundial Brasil 2014, la cual repercute en los barrios habaneros, donde surgen equipos de fútbol de manera espontánea. Lo más llamativo ha sido, en algunos casos, las coreografías surgidas en la dinámica de un juego, que motivan experiencias vividas durante la recepción televisiva.

Los públicos suelen conectarse con la realidad otra, que impresiona por su verosimilitud.

“Comprendo la actitud de ese personaje, en lavida real, mucha gente actúa así”, dice la mujer sin apartar los ojos de la pantalla.