El líder Fidel Castro defendió la verdad de la Revolución triunfante en rueda de prensa ante casi 400 periodistas y personal diplomático en enero de 1959

Sin tener tiempo de respirar, los barbudos que habían llegado a La Habana el 8 de enero de 1959, tuvieron que enfrentarse a una campaña mediática lanzada por agencias de prensa internacionales en contra de la naciente Revolución Cubana, liderada por Fidel Castro.

El canal Multivisión transmite los sábados varios de los documentales realizados por Estela Bravo

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Fotos: Internet

Los nexos históricos entre Estados Unidos  y Cuba también incluyen los múltiples hombres y mujeres norteños que residieron entre nosotros durante muchos años, dándonos sus mejores esfuerzos productivos y creativos.

Entre ellos, hoy recuerdo a Cristina Olsen —profesora en la Universidad de La Habana— con quien compartí en avatares de las Milicias de Tropas Territoriales y de quien tanto aprendí de su país.

Otra norteña que conocí, en los tempranos años 80 del siglo pasado, en el Departamento de Intercambio y Comercialización del otrora Canal Telerebelde, fue la documentalista Estela Bravo, quien entonces comenzaba su colaboración con la Televisión cubana.

Con el paso del tiempo, su fecunda obra demostró, fehacientemente, sus virtudes humanas y talento creativo.

Desde que hace unas semanas el Canal Multivisión comenzó la retransmisión —sábados a las siete de la tarde— de algunos de sus más importantes documentales; no me pierdo uno.

Aunque para algunos miopes, la documentalística es un arte menor; donde solo observan la suposición de planos y testimonios, este formato se vincula estrechamente con el conocimiento de la historia, el arte de la comunicación y la humanidad en un suceso histórico o experiencia testimonial.

Estela Bravo ha demostrado ser uno de los pocos artistas audiovisuales que los domina todos, siendo capaz de revelar esencias y verdades cardinales en los más disímiles escenarios en un quehacer incesante que ya suma decenas.

Con la modestia y claridad conceptual que la caracteriza, no necesita aparecer en cámara, para dar fe de su autoría.

Su voz cuando pregunta y precisa —siempre en ocasiones ineludibles y en un segundo plano— elude la notoriedad personal porque su protagonista es el suceso y el ser humano con el que se enfrenta.

Como pocos documentalistas, logra generar y apresar la confesión, la remembranza, el testimonio o la narración auténtica, veraz, sentida cuyo grado de emotividad es tan difícil de alcanzar en formatos de producción, logística y espacio temporal tan reducidos.

A su certera selección del tema general de cada documental —donde emergen hitos cruciales de la historia de Cuba y Latinoamérica— se suman la definición precisa de sus ejes esenciales.

Porque Estela, además de erigirse en cronista ineludible de la memoria latinoamericana, no elude su compromiso valiente con la verdad, evidenciado en la multiplicidad de visiones, posturas y protagonistas ideológicos, políticos y sobre todo humanos.

Ni su marcado acento estadounidense en su dicción del español ha impedido su plenitud comunicativa con el entrevistado.

Sus entrevistas: importantes y reveladoras; sus temas son difíciles, escabrosos, tristes y hasta peligrosos.

¿Cómo olvidar…? La Operación Peter Pan: desnudo drama de la masiva emigración infantil cubana creada por la falsa pérdida de la patria potestad en los años 60 del pasado siglo.

Los excluibles, donde humanizó un sector de marginados cubanos que emigraron de Cuba y en muchos casos sufrieron largo tiempo en prisión antes de ser deportados a su tierra natal.

Los niños encontrados por las abuelas de la Plaza de Mayo, en Argentina, expuso la historia del siniestro Plan Cóndor y sus consecuencias políticas y sociales.

El Santo Padre y la Gloria: denuncia viva de la crueldad e hipocresía del régimen tiránico de Augusto Pinochet, en Chile.

Para muestra de su obra bastan estos ejemplos.

Pero nadie se llame a engaño, aunque logra el punto climático emotivo en sus entrevistas, su obra tiene la virtud de poner el dedo en la llaga mediante un análisis inteligente que rescata la memoria histórica de nuestras naciones.

Cuando una obra artística —en un entorno tan dinámico como el audiovisual y sus códigos comunicativos— despierta similar emoción en sus infinitas retransmisiones al paso de los años, estamos en presencia de un clásico.

Por ello y mucho más, bastante tiene que agradecer aun la nuestra televisión a una creadora estadounidense que se siente cubana.

La historia de la televisión en América Latina, en una perspectiva simplificada, tiene tres pioneros, cada cual con su sueño: un paraibano de Umbuzeiro, un mexicano de Puebla y un español montañés que hacía radio en Cuba. Sus ambiciones aguardaban más allá de los abismos del Golfo, que entonces estaban llenos de mar limpio. Viajaron por distintos caminos, todos al norte, cargaron con lo que pudieron en barcos y aviones y regresaron a sus ciudades a tiempo para el apogeo. Era el año en que Buñuel estrenaba Los olvidados, estallaba la guerra de Corea y el papa Pío XII promulgaba el dogma de la Asunción de María. Nadie sabía nada de aquellos aparatos hasta que grupos de curiosos en Sao Paulo, La Habana y Ciudad de México, vieron estallar la televisión en sus ojos.

 Director que fusionó disímiles recursos expresivos, comunicativos y audiovisuales.

Nuestra televisión ha contado siempre con artistas talentosos en diversas disciplinas. Hoy quiero recordar a Manuel Rifat Cruz.

Con una formación predominantemente empírica, gracias a su voluntad, afán de superación, osadía, irrerverencia y sensibilidad innata; Rifat enriqueció progresivamente su gusto estético y generó una creatividad donde la fusión de disímiles recursos expresivos, comunicativos y audiovisuales anuló los convencionalismos.

La magnitud y dimensión de su obra estuvo en contraposición al contexto tecnológico, donde realizó gran parte de su gestión, como director de programas televisivos:

  • A inicios de los años 60 pasados, la tecnología televisiva era predominantemente norteamericana y en su mayoría obsoleta.
  • En 1961, se establece un bloqueo comercial, financiero, tecnológico y económico que impide su renovación parcial o total.
  • Las nuevas prioridades sociales, entre ellas la reconversión-expansión de la radiodifusión estatal de servicio público-, carecían de las finanzas necesarias para adquirir nuevas infraestructuras en países distantes.
  • El sistema de grabación de imágenes mediante cinta magnética- video tape- que los norteamericanos habían experimentado en el decenio anteror en nuestra televisión comercial- retardó su aplicación más de dos décadas. Mientras desde los sesenta, varios países de América Latina explotaban las ventajas del video tape.
  • Hasta los años ochenta del pasado siglo, nuestra programación televisiva se realizaba y difundía con la tecnología de su etapa fundacional. 1
  • Las primeras máquinas reproductoras de video -video tape- de procedencia japonesa se usaron en los contenidos educativos a mediados de los años setenta. La generalización de este sistema en nuestra televisión fue lenta.