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Hoy contamos con un gran proyecto estatal para preservar, conservar y rescatar las imágenes en variados soportes

Desde octubre de 1950, las imágenes en movimiento en los hogares generaron un impacto comunicativo, ideológico, simbólico y cultural de monumentales dimensiones. Casi setenta años después, aún no hemos identificado, caracterizado y divulgado muchos de sus  procesos, relaciones, prácticas,  aportes y singularidades.  


Durante la III Convención de Radio y Televisión -celebrada en junio pasado en Varadero- debí ofrecer una conferencia sobre la preservación del patrimonio televisivo1, pero un accidente familiar  me impidió hacerlo.

Hagamos un poco de historia:  
Por su profusión de sus obras, horas de emisión y públicos, los aportes históricos, artísticos y culturales radiales-televisivos se consideraron meros soportes de las artes escénicas y plásticas, la dramaturgia, el diseño,  la información y la comunicación. Desde los años sesenta pasados, el francés Edgar Morín2 identificó estas creaciones como “la más novedosa forma de la cultura” que durante su concepción, creación, producción y emisión forjan una expresión cultural peculiar.  

Hasta 1958 nuestra radiodifusión lideraba el universo mediático en habla hispana.  
La televisión fundacional de la primera década alternaba el uso de gigantes cámaras con la producción realizada en soporte fílmico cinematográfico, que por su composición físico-química imponía un laborioso proceso para lograr el producto final. Las usadas en la televisión3 eran reversibles y constituyen uno de los soportes más vulnerables del patrimonio histórico-cultural moderno.   

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Develando a la artista de la radiodifusión cubana

Aunque la mayoría la recuerda por su destacada labor en la comunicación comercial y la propaganda política, esta mujer fue una artista de la radiodifusión. Siendo adolescente, acompañaba a su primo1 por las radioemisoras habaneras2.  

Desde 1946, fue secretaria de Tropical Agricultura. El año siguiente marcaría derroteros en su vida, a los que volvería una y otra vez.  

En la Academia Valmaña, egresa de Contaduría y Secretaría Comercial y, de ahí, pasa a Sears Roebuck, como redactora de anuncios.

Cuando en octubre de ese año se funda Unión Radio3 se convirtió en secretaria del Director General, Gaspar Pumarejo Such4; a la par, redactaba y promovía anuncios para las transmisiones de beisbol. Aprendió deporte con el locutor Rafael Ramírez, apreciación musical con Pablo Medina, y dramaturgia con Roberto Garriga y Víctor Martínez Casado.

En entrevista concedida a esta autora, el 6 de mayo de 2002, recordó sus vivencias:

“Unión Radio comenzó como una emisora pequeña donde la mayoría hacia  diversas funciones. Allí escribí comerciales cuando la mayoría de los anunciantes pagaban con productos y las radioemisoras hacían todo el trabajo publicitario. Fue un crisol. Ese mismo espíritu lo hereda su televisora”.

Para 1948 dirige en esa emisora los espacios Historias favoritas y La novela de las 85 y, en las noches, actúa en el teatro y aprende dirección escénica.

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 Recuento histórico del panorama televisivo durante la década del cincuenta

El 24 de octubre de 1950, en el Palacio Presidencial de la República de Cuba, tuvo lugar la ceremonia oficial de inauguración y la difusión de señales ininterrumpidas del Canal 4 (Unión Radio TV): nuestra primera televisora que, durante ese decenio, cambió varias veces de dueños.

El 18 de diciembre siguiente –menos de dos meses después– comenzó sus emisiones el Canal 6 (CMQ TV)[1], que muy pronto devino cadena expandida hacia el Oriente cubano.

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En la radio y TV de la década del 50 varios espacios atacaron al régimen de Fulgencio Batista

Hubo un ecléctico y muy exitoso programa de Radio Progreso, del cual hizo una versión homóloga la televisión en CMQ. Pensaron llamarlo con una de las dos expresiones popularizadas por el actor Carlos Moctezuma (Mr. Televisión 1958): ¡Anota Flora! O ¡Pita Camión! Pero ya el compositor musical Gustavo Gaínza Martínez había reservado en el Registro de Propiedad Intelectual el título de ¡Anota Flora! para una guaracha, y Walfrido Guerra Navarro había inscrito como mambo-montuno ¡Pita Camión!(1).


De manera que los Mestre tuvieron que buscar otro nombre para el nuevo programa, y eligieron: Mi suegra y yo. Tenía un carácter costumbrista de actualidad. Moctezuma asumió el popular personaje de Ñico Rutina, al cual la Orquesta Aragón dedicó un tema. El reconocido actor introducía morcillas con expresiones de doble sentido contra el régimen batistiano.

Aprovechando un momento sin censura, el semanario humorístico Zig-Zag publicó un dibujo en su portada con motivo de la caída de la dictadura militar en Venezuela, donde se representaba al pueblo dándole una patada al general Marcos Jiménez  y diciendo: ¡Anota Flora! (2)

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