En los años cuarenta pasados, EE.UU., consolidó  sus grandes cadenas televisivas y en fecha tan temprana como 1950; Brasil, México y Cuba, inauguraron las primeras plantas de video con programación habitual en Ibero América. Durante los años cincuenta, en la televisión primó la reproducción de imágenes mediante cintas fílmicas diversas pues las cámaras de video ubicadas en estudios, foros o camiones de control remoto se utilizaban para la difusión directa al aire.

Solo a fines de ese decenio, una firma norteamericana comenzó a experimentar el video tape [1] en los partidos del baseball profesional cubano pero desde 1959, con el triunfo revolucionario, dicho equipamiento retorno al Norte.

 

Por ello no extraña que nuestra parrilla de programación original tuviera entre sus ejes esenciales a los filmes de  los grandes Estudios norteños; las series, aventuras y  humorísticos de sus  televisoras y los noticiarios de sus agencias de prensa que se alternaban con producción propia fílmica-televisiva donde se replicaban sus formatos y tipologías exitosas. Felizmente, estas producciones se combinaron con creaciones nacionales portadoras de otras influencias culturales como las Artes Escénicas latinas y los temas criollos.

Las cintas de celuloide reversibles fueron el soporte físico utilizado para grabar programas íntegros, escenas en exteriores y noticias a las cuales en su posterior difusión en vivo se le adicionaban la voz, la música y otros efectos sonoros. También mediante equipos que usaban cintas fílmicas -los llamados kinescopios-  copiaban de su emisión al aire, determinados proyectos.

La Revolución triunfante de 1959, potencio un magno proyecto cultural. Entre las medidas que propiciaron la reconversión del sistema electrónico mediático  destacan  las siguientes:

-La estructura de propiedad de los medios de comunicación privados devino estatal y sus objetivos mercantiles convertidos en servicio publico, asumieron entre otras prioridades,  el desarrollo exponencial de las  funciones educativa y cultural.

- Nuestra población realizó la hazaña colectiva de eliminar en tiempo record,  el  analfabetismo,  proceso que catapultó la creación de aulas en todos los niveles de educación -incluido el universitario con acceso gratuito-.

-La creación del Instituto del arte y la industria cinematográfica -ICAIC- concentró la  producción hasta entonces dispersa y controló las salas de cine,  anulando en toda la nación  el monopolio foráneo de los  grandes Estudios norteños.

- La creación del Instituto cubano de radiodifusión[2] amplió  significativamente la  cobertura radial-televisiva que gradualmente,  rebasó las capitales de provincias y llegó a las zonas más recónditas de nuestra geografía.

- La programación radial- televisiva se remodelo en función de las nuevas prioridades sociales y se elimino la practica de insertar mensajes con fines mercantiles que sustentaban económicamente a las televisoras privadas.  

 -Entre 1960-1980, las salas de cine cubanas proyectaron además de nuestros filmes, noticiarios y animados; largometrajes provenientes de Rusia, España, Italia, Francia y hasta Suecia.  

En consonancia, la televisión creo múltiples proyectos especializados habituales con fines didácticos que amplificaron esta cruzada artística revolucionaria,  diversificando en su oferta fílmica, un  amplio espectro de países, géneros y temáticas. Entre tantos ejemplos de aquellas propuestas televisivas que tanto cine ha enseñado a los cubanos en 55 años, destacamos:

La comedia silente, que con un didactismo muy singular, mostró a varias generaciones de cubanos, cada domingo en la mañana, los mejores valores del cine fundacional norteamericano.

El espacio no solo fue un ejemplo memorable de la complementación entre cine y  televisión sino escenario privilegiado de uno de los actores más versátiles de la televisión cubana: Armando Calderón,  ese maestro que en cada edición interpretaba a los múltiples protagonistas de aquellos filmes, que le valió el sobrenombre de El hombre de las mil voces. [3] Allí, cada domingo en la mañana, los mejores valores del cine fundacional norteamericano se expandieron hacia todos los confines de nuestra patria y muchos aprendimos.

La  descomunal cultura cinematográfica[4] que hoy poseen los cubanos también se debe a proyectos como este: En un día, un filme difundido en nuestra pequeña pantalla alcanza audiencias millonarias mientras que en el cine, para lograr tal resultado habría que sumar la taquilla de muchas salas del país de manera continua por varios decenios de exhibición. 

En ese entorno surgió Historia del cine,  que en este año 2014,  cumple cuatro decenios en nuestra programación regular y que ha devenido verdadera clase magistral mediática donde se funden los objetivos educativo,  cultural y lúdico. De la mano de sus colectivos de realización y de conductores expertos, década tras década, millones de cubanos han aprendido a leer, ver y disfrutar el cine desde el confort y la tranquilidad del hogar.

Con Historia del cine aprendimos del lenguaje de cámaras, el montaje de las escenas, los intríngulis de los roles actorales y la interpretación escénica, el misterio de los efectos especiales y como los sonidos y la música  pueden convertirse en personajes dramaturgicos de la trama documental o de la ficción. 

El tiempo ha pasado y la televisión genero sucesivamente otras ofertas relevantes donde aprendimos cine: Entre tanto ejemplo positivo recordemos hoy aquella Tanda del domingo, donde un académico e intelectual de la talla del Dr. Mario Rodríguez Alemán,  nos enseño tanto, en la cual años mas tarde se inspiro Vicente González Castro, para desentrañar en TV en TV, los intríngulis el video con similares fines.

Mucho habría que contar al respecto pero esto basta para afirmar que sin  la televisión, el propósito de divulgar las obras maestras de la cinematografía  nacional y mundial, no hubiera sido tan vasto ni tan pleno en nuestro país.

[1] Este sistema de grabación televisivo sustituyó al celuloide y sus laboriosos procesos químicos por la  cinta magnética. La tecnología se generalizó en la Región a partir de los años sesenta del siglo XX. Paradójicamente, Cuba tras el diferendo con EE.UU., tuvo que esperar bien avanzados los años setenta para introducir su versión japonesa.

[2] Que finalmente adopto el nombre de Instituto cubano de la radio y la televisión.

3] Hasta finales de los años setenta cuando se generaliza el video tape de procedencia japonesa en Cuba, Calderón el sonido de su voz interpretando en vivo a cada personaje,  se mezclaba con las imágenes del filme que el tele cine proyectaba en difusión directa al aire.

[4] Su expresión más masiva es la acogida popular del Festival internacional del nuevo cine latinoamericano, fundado también en Cuba, durante esas primeras décadas de la Revolución.     

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