Acercamiento a la diversidad musical, que deberían privilegiar la radio y la televisión
Al disfrutar de sones, rumbas, canciones y otros géneros, no se suele pensar en el camino recorrido hasta llegar a la música, que como resultado de un proceso escuchamos en el siglo XXI, de ahí la importancia de preservar el patrimonio, en beneficio de la memoria sonora.
“Esta isla siempre ha tenido el poder de crear una música con fisonomía propia que, desde muy temprano, conoció un extraordinario éxito de difusión”, apunta Alejo Carpentier en su libro La música en Cuba. También se refiere a la elaboración de un folclore sonoro “de sorprendente vitalidad, recibiendo, mezclando y transformando aportaciones diversas, que acaban por dar origen a géneros fuertemente caracterizados”.
Esa riqueza expresiva debe nutrir, con rigurosidad y de manera sistemática, las programaciones de la radio y la televisión, que influyen notablemente en la formación del gusto popular. El estribillo de una canción, el ritmo, el tono, la gestualidad, el atuendo y el peinado de los intérpretes, forman parte del producto comunicativo, el cual se difunde en conciertos, transmisiones en vivo, video clips, discos y otras presentaciones.
La música constituye una parte de la industria de la cultura. El uso de las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones facilita que dicha manifestación artística y sus expresiones pueden intercambiarse con mayores posibilidades, respecto a formas de gestión y creatividad.
Por esa hay que aprovechar la savia de donde venimos, el acervo cultural, la raigambre, los aportes conceptuales de compositores e intérpretes como parte de la contemporaneidad.
Según advirtió la profesora, investigadora y musicóloga María Antonieta Henríquez: “el proceso de cubanización en que fueron adquiriendo un sonar cubano melodías y ritmos procedentes de otras culturas y tierras, estuvo madurándose mucho antes de que la nación cubana quedara forjada como tal. En definitiva, cada uno de los componentes, arte, tradición histórica, pueblo, fueron desarrollándose aislada y lentamente hasta unirse a comienzos del siglo diecinueve en lo que vendría a ser Cuba, una nueva nación”.
Conocer y reconocer esas fuentes nutricias permitirán defender lo cubano en los ámbitos sonoro y rítmico. Por eso no se pueden olvidar la habanera, el danzón, la guaracha, el son, la rumba, el mambo, el bolero, la idiosincrasia de un pueblo, el alma común de todas las generaciones. Hay que rastrear tradiciones y aportes, escuchar a los maestros de la música cubana, difundir su música por los medios, así estaremos volviendo al camino para revitalizarlo de vuelta en el siglo XXI.
Chivo que rompe tambó
La edición 18 de la Feria Internacional Cubadisco, del 16 al 25 de mayo, está dedicada a Enrique Lazaga, la percusión, y a Trinidad y Tobagocomo país invitado de honor. Sin duda, es el fonograma el que perpetúa la música de ayer y de hoy.
“Inmenso amestizamiento de razas y culturas”, así define Fernando Ortíz el proceso de formación de nuestro pueblo. Este sabio logró aportes notables, los cuales han contribuido al entendimiento de esencias culturales, antropológicas e historiográficas de la nación. Fue uno de los primeros estudiosos que reveló la presencia de instrumentos de percusión en la música cubana, su origen e influencia africana.
Por sobradas razones, se le rendirá homenaje en Cubadisco, que incluye conciertos, premiaciones de fonogramas y el Simposio Internacional sobre la historia, el desarrollo y la enseñanza de la percusión en el Caribe y Latinoamérica, su presencia en la música ritual, popular tradicional y académica, y las industrias culturales, entre otras temáticas.
Según refiere el percusionista, musicólogo y profesor del Instituto Superior de Arte, Lino Neira: “Es tan vasta la riqueza rítmica de los géneros cubanos que, cuando se carece de instrumentos, la música emerge únicamente de las voces, sin otro acompañamiento que el entrechocar de las palmas de las manos de un grupo de personas, creándose verdaderas polirrítmias, que no hacen dudar de su esencia y sentido de pertenencia musical”.
Reconoce grandes influencias de la percusión cubana y sus ritmos en el piano, la guitarra, el tres y, especialmente el bajo, así como en la sección formada por instrumentos de viento metal en conjuntos y orquestas y a la labor de Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla, quienes en la llamada música de concierto, lograron la inclusión de los nuevos instrumentos de percusión cubanos en composiciones sinfónicas, lo cual permitió el rápido reconocimiento e internacionalización de su uso”.
De igual modo, el experto destaca el impacto y la permanencia de la percusión y su ritmática en el son, la timba y el jazz cubanos.
En reconocimiento a tal valía, Cubadisco 2014 privilegia en esta oportunidad los llamados instrumentos de percusión menor –término que se refiere a su tamaño, no a la significación en el formato instrumental-: güiro, claves, bongó, cencerro, maracas, cajita china, timbal, chequeré en sus distintas formas, el cajoncillo y muchos otros.
De hecho, el Presidente de Honor del evento, el percusionista Enrique Lazaga, ha demostrado talento y magisterio, desde la década del 50, en ejecuciones en la orquesta del cabaret Rumba Palace, en la Ritmo Oriental, y la Orquesta Popular de Conciertos, dirigida por el maestro Alfredo Diez Nieto. Grabó junto a personalidades, como los pianistas Frank Emilio y Pedro Jústiz (Peruchín), y en el Lincoln Center, de Nueva York, se presentó con un todos estrellas de la agrupación del trompetista Wynton Marsalis.
De igual modo, la participación de Trinidad y Tobado, País invitado de Honor, permitirá valorar esencias de una rica cultura, registrada ampliamente en la música soul, las steel bands y los fastuosos carnavales de ese territorio caribeño.
En la región se transita por un camino de sólidas raigambres, las cuales sostienen árboles frondosos. De ahí que los participantes en el proceso de búsquedas y acercamientos mantengan vital el complejo tímbrico-percusivo cubano. Compositores e intérpretes bucean en savias fortalecidas de forma continua, nunca agotadas, siempre sorprendentes.
La indispensable memoria que registra el fonograma perpetúa el vasto panorama cultural y artístico, donde descuellan creadores interesados en trabajar con rigor y sistematicidad. A esa pléyade de nombres imprescindibles pertenece Tata Güines, quien desarrolló una técnica y un estilo propio, referentes para consagrados y jóvenes. De este baluarte dijo el maestro Leo Brouwer: “con las uñas, yemas, dedos y manos, “construye” una orquesta de timbre, que sobrepasa el papel esquemático de la percusión y el ritmo”.
Otras figuras dejaron prácticas valiosas, la mayoría no está registradas en soportes discográficos y audiovisuales, solo permanecen en el recuerdo de músicos y públicos fieles, ocurre con Jesús Pérez, primer tamborero que ejecutó un batá en una orquesta sinfónica, y Guillermo Barreto, percusionista de talla mayor, sonido único.
Por eso es impostergable aprovechar la obra científica vigente y el desempeño de intérpretes extraordinarios como Los Papines, Yaroldy Abreu, José Luis Quintana “Changuito”, Pancho Ferry, Giraldo Piloto, imposible mencionar a todos los virtuosos de diferentes generaciones y escuelas, que hoy se distinguen en la percusión cubana.
La oportuna visión de los organizadores de Cubadisco debe trascender a las casas discográficas como estrategias y acciones a corto y largo plazo para que no se pierda el arte sonoro auténticamente cubano.
Urge imbricar las urgencias de este tipo con el impulso privilegiado en festivales, concursos, talleres y, sobre todo, garantizar que se transmitan por la radio y la televisión, todavía la fonoteca familiar continúa siendo un sueño lejano. Hay que escuchar la riqueza expresiva de tambores, claves y cencerros, los cuales están llamando a seguir defendiendo lo genuino y ancestral de la música cubana.

Actriz, fundadora del Instituto Cubano de Radio y Televisión. Distinguida con la condición de Artista de Mérito por su trayectoria de más cuatro décadas en la pantalla y la radio, donde condujo el espacio *Nosotras* por más de 17 años. Protagonizó la aclamada serie de televisión *Para empezar a vivir*, en la que interpretó los personajes Lidia y Raquel, emblemas de la participación de la mujer cubana en los Órganos de la Seguridad del Estado del Ministerio del Interior. En 1981 recibió el Premio Internacional de Actuación otorgado en el Noveno Festival de Plovdiv de Bulgaria, con la obra teatral “Dos Padres”, escrita y dirigida por Silvano Suárez. Su personaje de La Gaviota en la obra homónima de Antón Chéjov, coprotagonizada con Frank González, le valió el premio de Actuación Femenina otorgado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Asimismo ha recibido 17 galardones por su trabajo como actriz, entre ellos, el primer Premio de Actuación Caricatos de 1997 y el Premio ACTUAR 2016 por la obra de la vida.
Actor, artista de Merito de la TV y fundador del ICRT, comenzó haciendo teatro, su primera actuación significó la realización de todos sus sueños. Consiguió el cariño y el respeto del pueblo gracias a su talento, dedicación y energía en la escena artística. Es ejemplo de humildad, honestidad y autenticidad. Su participación en entregas como *El hombre de Maisinicú*, *El brigadista*, *En silencio ha tenido que ser*, *Para empezar a vivi*r, que alcanzaron un alto impacto social, lo identifican con las vivencias del pueblo cubano en los acontecimientos que han estremecido a Cuba en estos años. Con más de 44 aventuras, en las que han primado la consagración y la solidaridad, como la reciente *LCB, Lucha contra bandidos*, le hicieron merecedor del Premio ACTUAR 2010 por la obra de la vida, otorgado por la Agencia Artística de Artes Escénicas.
Actor, artista de Mérito de la TV y fundador del Icrt, conocido como el hombre de las mil voces por su participación en diversas producciones de animación realizadas por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos y en el Instituto Cubano de Radio y Televisión. Se inició como aficionado en grupos de teatro y musicales hasta que en 1967 comenzó a trabajar en el Icrt como diseñador de vestuario y decorador. Paralelamente cursó estudios de actuación con excelentes profesionales del radio y la televisión. Entre los reconocimientos recibidos por su labor se encuentran la Distinción por la Cultura Nacional, cuatro primeros premios de actuación en los Concursos Uneac de radio, así como el Primer premio en el Primer y Tercer Concurso Nacional de Doblaje; Premio de Narración y Actuación en Festivales de la Radio; Primer Premio de Actuación en Televisión en el Concurso Caricato 1999; Premio ACTUAR por la obra de la vida en 2016 y el reconocimiento de varias generaciones de cubanos por su desempeño como Elpidio Valdés.
Poseedor de una obra con más de cinco décadas de prolífica existencia, que comenzó como aficionado en el teatro a finales del 60, en la primera Brigada de Teatro Obrero-Campesino. Formó parte también del Grupo de Teatro Ocuje y trabajó en obras como “María Antonia”. Luego estudió dramaturgia en la entonces República Democrática Alemana. Como director del Teatro Bertolt Brecht se consolida y dirige más de una decena de obras como “Andoba” y ha sido el autor de 13 piezas. Su trayectoria en la pequeña pantalla le ha legado al público que lo sigue inolvidables caracterizaciones en series como *Aventuras de Juan Quin Quín*, *En silencio ha tenido que ser*, *Un bolero para Eduard*o, y en telenovelas como *Si me pudieras querer* y *Añorado encuentro*. Entre los múltiples galardones de los que ha sido acreedor por su fecunda carrera se encuentran la Distinción por la Cultura Nacional, las órdenes Juan Marinello y Alejo Carpentier, otorgadas por el Consejo de Estado de la República de Cuba, la Máscara de Oro del Teatro Nacional alemán, el Premio Nacional de Teatro cubano en el año 2006 y numerosos lauros por mejor actuación masculina, mejor puesta en escena y mejor autor dramático, conferidos en disímiles concursos nacionales e internacionales.
Inició su carrera en el medio televisivo en su provincia natal, Santiago de Cuba en los años 60. Al mismo tiempo comenzó a escribir para la radio y la televisión y otros espectáculos artísticos. Posteriormente es seleccionado para dirigir la Escuela de Formación de Actores de la antigua provincia de Oriente. Integró a la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) donde fue nombrado responsable regional de cultura en la organización, que más tarde se convertiría en la Unión de Jóvenes Comunistas. En la década del 70 se une al trabajo de aficionados del Ministerio del Interior (Minint). En 1976 parte en misión cultural para la República Popular de Angola. A su regreso a Cuba es nombrado en Santiago de Cuba responsable de cultura del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). En el cine participó en las películas “La primera carga al machete”, “En el aire”, “Cuba en la garra del Águila”, “Habana Blues”, “Entre ciclones” y “El Benny”. Ha sido profesor de varias generaciones de actores en las especialidades de locución, narración y actuación radial. De sus actuaciones más memorables se destaca su intervención como actor y asistente de dirección en seriales como *En silencio ha tenido que ser* y *Julito el pescador*, gracias a las cuales se vincula al trabajo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en la serie *La Botija* y en el Minint en sus estudios fílmicos en espacios como *Día y Noche*, *Patrulla 444* y *Tras la Huella*. Entre sus reconocimientos y distinciones se cuentan: Artista de Mérito del Icrt; Placa y Reconocimiento del Ministerio del Interior por su destacada labor artística; Reconocimiento como director de la Cruzada artística en homenaje al centenario de la muerte de José Martí; Medalla por el aniversario 40 de las FAR; Medalla Raúl Gómez García; Medalla José María Heredia; Sello Laureado por la Cultura Nacional; Distinción Gitana Tropical; Distinción Giraldilla de La Habana; Réplica del machete de Máximo Gómez y diversos Premios Caracol por sus brillantes actuaciones en varias telenovelas, seriales y festivales de la televisión y la radio cubanas.



