Normalmente esperamos un poco más para valorar una telenovela en pantalla, al menos que transmitan más de la mitad de los capítulos, pero La sal del paraíso (martes, jueves y sábado; Cubavisión) ha originado un gran revuelo entre los televidentes.
Muchos de ellos han escrito a esta redacción, la mayoría indignados por esta propuesta. Demandan que la retiren o que la cambien de horario. Se quejan por la violencia y los “malos ejemplos”. Claman porque nos pronunciemos.
Primero que todo, no creemos que sea conveniente retirar del aire una telenovela, por muy tremebunda que les parezca a muchos de los espectadores. Convendría mucho más debatirla, sacar experiencias, tomar notas… y no hablamos solo de los televidentes, sino de los realizadores y productores.
La sal del paraíso está en su etapa inicial, y aunque no nos parece que pueda revertir buena parte de sus puntos débiles, todavía nos queda mucho por ver. Sería apresurado sacar conclusiones definitivas.
Algunos de las personas que nos han escrito afirman que los temas que aborda no tienen nada que ver con lo que se supone que deba y pueda abordar una telenovela. Pero nosotros pensamos que más que problemas con los temas, La sal… los tiene con la manera en que se plantean esos temas.
Otras telenovelas del patio (o más bien, otras teleseries que se asumen telenovelas, ya sabemos de las particularidades del género en Cuba) han centrado sus peripecias en un contexto bien actual y cercano, con una visión bastante crítica.
A La sal… no le faltan tramas potencialmente atractivas… lo que le falta es balance a la hora de presentarlas. Por fuerza tiene que abrumar ese alud de personajes conflictivos, de situaciones escabrosas, de violencia explícita o sugerida. Abruma porque no hay contraparte contundente.
Y eso sí no puede permitírselo una telenovela, uno de cuyos presupuestos es precisamente el pulso permanente entre “los buenos” y “los malos”. Sin villanos no hay telenovela. Pero sin héroes convincentes tampoco. (Y disculpen la estereotipada manera de referirnos a buenos y malos, está claro que los matices importan mucho a la hora de concebir personajes y situaciones).
No pueden pasar capítulos y capítulos en una sucesión casi continua de “malos ejemplos” (para decirlo en palabras de una de las foristas de este sitio), sin que asomen más a menudo las buenas acciones, aunque sea por pura reacción. Hay demasiada sal en ese paraíso.
Pero también es una cuestión de tono. Alguien decía el otro día que la telenovela parecía un Tras la huella sin sentencia. Y está claro que los realizadores obviaron resortes efectivos del folletín televisivo. Falta humor, falta romance, falta belleza.
No menospreciemos la belleza, que en una telenovela es un asunto prioritario. Es más, algunas de las producciones brasileñas transmitidas en Cuba durante los últimos tiempos han disimulado sus muchas manquedades gracias a las esplendorosas puestas en pantalla. Quizás suene absoluto y hasta frívolo, pero nadie va a buscar fealdad en una telenovela.
Y La sal del paraíso es muy fea, hasta el punto de que la chapucería parece ya premeditación (ojo, no afirmamos que lo sea).
Por poner solo un ejemplo: la Televisión Cubana no podía permitirse, a estas alturas, decorados con tan poco vuelo y acabado. No hablemos, por ahora, de los demás apartados de una puesta.
Algunos dicen que el público cubano suele pasar por encima de la factura si la historia llega a convencer. No estamos tan convencidos, pero lo que sí resulta claro es que en La sal… no convencen ni una ni otra.
Y no es que resulten inverosímiles las situaciones, sobradamente sabemos que la realidad es dura y compleja, pero la estilización ha sido insuficiente. Y estilización, que conste, no es lo mismo que edulcoración.
Defendemos, claro, el derecho de los creadores a escoger el espectro temático que consideren más atractivo. Y los teledramatizados cubanos muchas veces han asumido las responsabilidades que en buena lid les corresponderían al periodismo nacional. El debate no está en si La sal… debió o no hablar de las peleas de perros (por ejemplificar con algo que irrita a mucha gente), sino en las dosis y la eficacia del posicionamiento ante ese conflicto.
Algunos foristas nos piden un análisis desde la ética, cuestión que amerita un análisis más reposado. Necesariamente regresaremos sobre esta telenovela. Queda mucho en el tintero.
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Actriz, fundadora del Instituto Cubano de Radio y Televisión. Distinguida con la condición de Artista de Mérito por su trayectoria de más cuatro décadas en la pantalla y la radio, donde condujo el espacio *Nosotras* por más de 17 años. Protagonizó la aclamada serie de televisión *Para empezar a vivir*, en la que interpretó los personajes Lidia y Raquel, emblemas de la participación de la mujer cubana en los Órganos de la Seguridad del Estado del Ministerio del Interior. En 1981 recibió el Premio Internacional de Actuación otorgado en el Noveno Festival de Plovdiv de Bulgaria, con la obra teatral “Dos Padres”, escrita y dirigida por Silvano Suárez. Su personaje de La Gaviota en la obra homónima de Antón Chéjov, coprotagonizada con Frank González, le valió el premio de Actuación Femenina otorgado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Asimismo ha recibido 17 galardones por su trabajo como actriz, entre ellos, el primer Premio de Actuación Caricatos de 1997 y el Premio ACTUAR 2016 por la obra de la vida.
Actor, artista de Merito de la TV y fundador del ICRT, comenzó haciendo teatro, su primera actuación significó la realización de todos sus sueños. Consiguió el cariño y el respeto del pueblo gracias a su talento, dedicación y energía en la escena artística. Es ejemplo de humildad, honestidad y autenticidad. Su participación en entregas como *El hombre de Maisinicú*, *El brigadista*, *En silencio ha tenido que ser*, *Para empezar a vivi*r, que alcanzaron un alto impacto social, lo identifican con las vivencias del pueblo cubano en los acontecimientos que han estremecido a Cuba en estos años. Con más de 44 aventuras, en las que han primado la consagración y la solidaridad, como la reciente *LCB, Lucha contra bandidos*, le hicieron merecedor del Premio ACTUAR 2010 por la obra de la vida, otorgado por la Agencia Artística de Artes Escénicas.
Actor, artista de Mérito de la TV y fundador del Icrt, conocido como el hombre de las mil voces por su participación en diversas producciones de animación realizadas por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos y en el Instituto Cubano de Radio y Televisión. Se inició como aficionado en grupos de teatro y musicales hasta que en 1967 comenzó a trabajar en el Icrt como diseñador de vestuario y decorador. Paralelamente cursó estudios de actuación con excelentes profesionales del radio y la televisión. Entre los reconocimientos recibidos por su labor se encuentran la Distinción por la Cultura Nacional, cuatro primeros premios de actuación en los Concursos Uneac de radio, así como el Primer premio en el Primer y Tercer Concurso Nacional de Doblaje; Premio de Narración y Actuación en Festivales de la Radio; Primer Premio de Actuación en Televisión en el Concurso Caricato 1999; Premio ACTUAR por la obra de la vida en 2016 y el reconocimiento de varias generaciones de cubanos por su desempeño como Elpidio Valdés.
Poseedor de una obra con más de cinco décadas de prolífica existencia, que comenzó como aficionado en el teatro a finales del 60, en la primera Brigada de Teatro Obrero-Campesino. Formó parte también del Grupo de Teatro Ocuje y trabajó en obras como “María Antonia”. Luego estudió dramaturgia en la entonces República Democrática Alemana. Como director del Teatro Bertolt Brecht se consolida y dirige más de una decena de obras como “Andoba” y ha sido el autor de 13 piezas. Su trayectoria en la pequeña pantalla le ha legado al público que lo sigue inolvidables caracterizaciones en series como *Aventuras de Juan Quin Quín*, *En silencio ha tenido que ser*, *Un bolero para Eduard*o, y en telenovelas como *Si me pudieras querer* y *Añorado encuentro*. Entre los múltiples galardones de los que ha sido acreedor por su fecunda carrera se encuentran la Distinción por la Cultura Nacional, las órdenes Juan Marinello y Alejo Carpentier, otorgadas por el Consejo de Estado de la República de Cuba, la Máscara de Oro del Teatro Nacional alemán, el Premio Nacional de Teatro cubano en el año 2006 y numerosos lauros por mejor actuación masculina, mejor puesta en escena y mejor autor dramático, conferidos en disímiles concursos nacionales e internacionales.
Inició su carrera en el medio televisivo en su provincia natal, Santiago de Cuba en los años 60. Al mismo tiempo comenzó a escribir para la radio y la televisión y otros espectáculos artísticos. Posteriormente es seleccionado para dirigir la Escuela de Formación de Actores de la antigua provincia de Oriente. Integró a la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) donde fue nombrado responsable regional de cultura en la organización, que más tarde se convertiría en la Unión de Jóvenes Comunistas. En la década del 70 se une al trabajo de aficionados del Ministerio del Interior (Minint). En 1976 parte en misión cultural para la República Popular de Angola. A su regreso a Cuba es nombrado en Santiago de Cuba responsable de cultura del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). En el cine participó en las películas “La primera carga al machete”, “En el aire”, “Cuba en la garra del Águila”, “Habana Blues”, “Entre ciclones” y “El Benny”. Ha sido profesor de varias generaciones de actores en las especialidades de locución, narración y actuación radial. De sus actuaciones más memorables se destaca su intervención como actor y asistente de dirección en seriales como *En silencio ha tenido que ser* y *Julito el pescador*, gracias a las cuales se vincula al trabajo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en la serie *La Botija* y en el Minint en sus estudios fílmicos en espacios como *Día y Noche*, *Patrulla 444* y *Tras la Huella*. Entre sus reconocimientos y distinciones se cuentan: Artista de Mérito del Icrt; Placa y Reconocimiento del Ministerio del Interior por su destacada labor artística; Reconocimiento como director de la Cruzada artística en homenaje al centenario de la muerte de José Martí; Medalla por el aniversario 40 de las FAR; Medalla Raúl Gómez García; Medalla José María Heredia; Sello Laureado por la Cultura Nacional; Distinción Gitana Tropical; Distinción Giraldilla de La Habana; Réplica del machete de Máximo Gómez y diversos Premios Caracol por sus brillantes actuaciones en varias telenovelas, seriales y festivales de la televisión y la radio cubanas.



