Entre 1950 y 1958 Cuba devino campo de experimentación de tecnologías, productos, métodos, prácticas, modelos y paradigmas mediáticos, comunicativos y culturales

Cuando las primeras imágenes en movimiento irrumpieron en los hogares, trajeron consigo el dinamismo, el ritmo y la visualidad del deporte, la información, el teatro, la danza, la música, el diseño y un sin fin de expresiones culturales y estrategias comunicativas-mercantiles, que estaban reducidas a los ámbitos sonoros, cinematográficos, impresos y del espacio público.

La Habana era el polo regional de la radiofonía, la publicidad y la investigación de mercado aplicada al universo mediático en habla hispana y, por su fuerte tradición en la música, la danza y las artes escénicas; competía con los espectáculos nocturnos y teatrales de México, Argentina y Brasil; entonces, los líderes del cine, las editoriales y las revistas impresas.  

En el otro extremo se hallaba un alto porcentaje de desempleados, desposeídos y analfabetos con limitaciones para acceder a la mayoritaria educación privada, un ambiente cultural impregnado del melodrama y la ficción masiva europeas y una cultura popular centrada en el sistema mediático que desde los años cuarenta había gestado el boom continental de la narrativa episódica en la radio y las publicaciones impresas.  

Cuando Cuba, Brasil y México fundaron las primeras televisoras de América Latina y la península ibérica, el sistema de medios regional llegó a su clímax.

El 24 de octubre de 1950, el habanero Canal 4 (Unión Radio TV) comenzó la emisión habitual de programación, práctica ininterrumpida hasta hoy.

Durante la primera etapa de nuestra historia televisiva, entre 1950 y 1958, coincidieron el momento fundacional y la radiodifusión comercial, propulsada por las electrónicas norteñas y la burguesía nacional.  

En tiempo record, el mercado se inundó de miles de equipos receptores - importados o de contrabando- y el vasto espectro de firmas y marcas norteñas combinaron la política de bajos precios, las facilidades crediticias y los premios, catapultando la tenencia de equipos, las televisoras, los anunciantes y la cifra de televidentes en los más diversos segmentos sociales y regiones.

En menos de una década, la capital vio fundar siete televisoras (canales 4, 6, 2, 7, 10, 11 y 12) -algunas con vida efímera- y otra en Camagüey, la única con capital independiente al epicentro capitalino.

Durante el primer bienio, tres de ellas crearon filiales en las principales provincias; estrenaron las primeras cadenas de video de la región, en manos del capital privado.

El competitivo mercado televisivo-publicitario cubano se sustentaba en: la filiación con poderosas cadenas radio-televisivas norteñas, el financiamiento de la producción, programación y difusión por importantes productores y anunciantes que desplegaban numerosas estrategias y acciones comunicativas-mercantiles.  

Entonces también influyó el uso de nuevas tecnologías: controles remotos, filmación en kinescopios, transmisión-recepción de señales fuera de fronteras, la única planta a color de Ibero América y la experimentación del video tape.

En ese contexto se realizaba la difusión de producciones propias o de terceros: jaboneras como Crusellas y Sabates, transnacionales publicitarias como Guastella Mc Cann Ericksson y entidades independientes como Escuela de Televisión.

Como parte de ese mercado, se realizaba la contratación exclusiva de nacionales y estrellas del espectáculo, la música y la cinematografía foráneas, la apropiación y expansión de las más importantes tradiciones culturales, el deporte, la información noticiosa nacional-internacional y los concursos, así como la generalización de la investigación de mercado aplicada y las técnicas de persuasión.

Signada por la cercanía geografía y la intimidad integral con Norteamérica, Cuba devino campo de experimentación de tecnologías, productos, métodos, prácticas, modelos y paradigmas mediáticos, comunicativos y culturales.

Asimismo se convirtió en mediador mediático, simbólico y cultural en los flujos entre EE.UU. y América Latina, además de centro de formación y entrenamiento de la radiodifusión regional.

En la Mayor de las Antillas aparecieron creadores del modelo latino de formatos audiovisuales y prácticas televisivas anglosajonas: la radio-telenovela, el telemaratón, la revista informativa, el spot y la estructura en bloques para retransmitir programación.

Todos estos saberes se volcaron a la televisión de servicio público que surgió en los años sesenta.

 

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