A propósito del documental homenaje a Mario Orlando Romeu González

En Unión Radio TV (Canal 4), nuestra primera televisora, ni la carencia financiera- tecnológica, impidió que la música fuera uno de sus ejes de programación.

Desde entonces, brilló por sí misma y se redimensionó al hermanarse con la danza, la dramaturgia, la interpretación vocal o instrumental de solistas o grupos de música culta o popular en diversos géneros y formatos de programas.

En la última semana de agosto de 2015, el canal Cubavisión estrenó el documental Maestro de maestros, de la realizadora Gloria Torres, dedicado al músico cubano Mario Orlando Romeu González. Su difusión un jueves, a las 10:10 p.m., afectó su recepción tanto como su escueto anuncio en la cartelera impresa.

Aunque su importancia ameritaba una promoción personalizada en mensajes audiovisuales independientes o en entrevista previa a su realizadora, como ya se ha hecho con otros documentales, ello no anula el suceso.

Quienes lo vimos -aunque fuera parcialmente- nos alegramos de que la televisión zanjara esta añeja deuda consigo misma, con el artista y con la cultura nacional. Porque honrar, honra; nos colma de dicha su realización y emisión en el año del 65 aniversario de nuestra pantalla chica, mientras este hombre -quien ya rebasa los 90 años- es capaz de valorar por sí mismo el tributo.

Cuando se funda Unión Radio TV, Mario Romeu ya era un prestigioso pianista y director de orquesta contratado por la Orquesta Sinfónica de Caracas (Venezuela), donde recibe el reclamo de Gaspar Pumarejo -Director General del Canal 4- para unirse al grupo de músicos de esa planta, así se integra a la primera orquesta de una empresa televisiva cubana y finalmente fue: pianista concertista y acompañante, compositor, director orquestal y líder de su programación musical.

En lo adelante, fundaría la mayoría de las televisoras creadas en la televisión comercial cubana. Al Canal 2 (Telemundo) dedicó los últimos años de los 50, contratado por Escuela de televisión -la primera productora audiovisual independiente a los medios de comunicación de Cuba, creada por el propio Gaspar Pumarejo-.

En 1962 se inaugura el Instituto Cubano de Radio y Televisión, que agrupa la gestión de los medios electrónicos privados que devienen estatales y sus objetivos mercantiles se tornan de servicio público. Entonces, Mario asume la ingente tarea de seleccionar a los músicos que integrarían su orquesta, donde compartirá la dirección con artistas eminentes de la talla de Adolfo Guzmán.[1] 1

Mario Romeu, heredero de una legendaria genealogía musical cubana, forjó sus propios aportes a la música, la televisión y la cultura cubanas. Tras su retiro laboral, muchos le olvidaron, y él se ocultó en su excesiva humildad.

Cuando hace muchos años comencé a entrevistar a los fundadores de nuestra televisión, ya sabía que era uno de los ineludibles. Por ello insistí más de un año hasta lograr su consentimiento para entrevistarle, propósito que favoreció genialmente su amada Rosalía. Desde entonces, todo fluyó y compartimos un cariño mutuo.

Su historia me enseñó que, lamentablemente, la memoria institucional, colectiva -e incluso pública- puede ser olvidadiza con demasiada frecuencia, cuando la enfermedad o los últimos años de su vida alejan a estos hombres y mujeres de los escenarios públicos -en un soberano, injusto e ingrato proceso silente- muchos corren el peligro de ser relegados en la memoria colectiva.

Algo así sucedió durante mucho tiempo con Mario Romeau. Y no me refiero a la vanidosa apetencia por figurar en la palestra pública que desvive a algunos artistas o a una parte de la población, sino de algo trascendente; pues la vida y obra de muchos de ellos es parte inseparable del patrimonio cultural de la nación y nadie tiene derecho a anular esa porción de la memoria histórica.

Por ello sentí tanta satisfacción y orgullo al escuchar en este documental, los testimonios de notorios músicos, compositores, directores de orquestas y cantantes -los máximos exponentes de la música contemporánea cubana- sobre los aportes del maestro Mario Romeau González a la música cubana. Ejemplos:

-Chucho Valdés le calificó como el pianista “más redondo” de los tantos y buenos que ha conocido en toda su trayectoria musical y refirió cómo, siendo joven, le persiguió infructuosamente por el Canal 2, solicitando que fuera su maestro de piano.

-Silvio Rodríguez recordó su contribución magistral a sus primeras canciones, las mismas que Romeau orquestó totalmente de oídas, cuando lo hizo debutar en Música y estrellas, proyecto televisivo donde trabajaba.

-Frank Fernández parafraseó un conocido poema de Bretch para identificarlo como uno de los imprescindibles de la historia musical cubana y, finalmente, juntos hicieron música al piano.

Quien conoce la valía profesional y honestidad personal de estos tres paradigmas de la música cubana, saben que no regalan elogios inmerecidos.

Bienvenidos empeños como este documental que expanden hacia todo nuestro pueblo ese reservorio patrimonial.  

Paradójicamente, aunque cada vez con mayor frecuencia, los máximos dirigentes del Estado enfatizan la importancia de la investigación histórica en nuestro país, las prácticas cotidianas de los ámbitos mediáticos cubanos no siempre corresponden con esta demanda y necesidad social.

El rescate de la historiografía mediática y cultural cubana es arduo, pues los restos de las fuentes documentales existentes se siguen deteriorando, mutilando -o lo peor, desapareciendo-. Aquí no vale la improvisación.

También envejecen, pierden la memoria o fallecen los protagonistas que hasta ahora han brindado testimonios vitales para llenar los vacíos de los escasos registros materiales; en tanto quedan pocos investigadores -la mayoría sexagenarios- que por decenios hemos intentado reunir algunas de las piezas dispersas del rompecabezas histórico.

Sin embargo, el apoyo institucional para publicar en corto o mediano plazo estas historias rescatadas laboriosamente de documentos y entrevistas, no se corresponden con esta urgencia.

Valga mencionar que hace más de un trienio entregué el texto Orfebres de un sueño a la Editorial En Vivo, con nueve historias de vida de los precursores de nuestra televisión2 -algunas totalmente inéditas y más de cien fotos- que espera su impresión mientras ruego que Romeau y Fela Jar, los únicos supervivientes nonagenarios de los compilados en este texto, puedan leerlo.

Mientras este texto no se publique, no lo harán otros proyectos como: el aporte cubano a los formatos y géneros de programación televisiva, la trayectoria de importantes personalidades mediáticas y de la cultura nacional, la identificación de las peculiaridades de la evolución de nuestro sistema televisivo o la génesis de la industria cultural nacional -algunos con resultado de investigaciones académicas-.

Por la memoria patrimonial acumulada en 65 años de televisión, solo espero que los imprevistos de la vida no generen la pérdida de lo investigado durante decenios.

Notas:

1 Labor que mantuvo por más de 20 años hasta su jubilación.

2 Uno de ellos es Mario Romeau.

 

[1] Labor que mantuvo por más de veinte años hasta su jubilación.

 

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